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CARAS MUSICALES (I)

Marlango: “La música es aleatoria, injusta y cruel. Pero maravillosa”

Con canciones en inglés y español, el dúo se ha consolidado en el gusto del público.

EL PAÍS comienza una serie para ponerle cara a la música de hoy.

Marlango en la Sala Galileo Galilei de Madrid.
Marlango en la Sala Galileo Galilei de Madrid.

Para relegar la lluvia y el frío de afuera, Marlango optó anoche por crear un clima de intimidad cálida. Leonor Watling y Alejandro Pelayo salieron al escenario de Cómplices Mahou, en la Sala Galileo Galilei de Madrid (equipada con inhibidores para desterrar a los teléfonos móviles), con la intención de hacer un repaso de su carrera musical, que ya supera los diez años, y tratar de encontrar así cómo unas canciones los han llevado a otras: del inglés al español, de la melancolía al optimismo.

Alejandro Pelayo: "Me resulta difícil creer que generemos interés. No sé: yo no saldría de casa un lunes, lloviendo, para venir a verme."

Marlango y su pop influenciado por el blues, el jazz y el soul, están a punto de salir de gira por América Latina. “Sí, es la primera vez que vamos a México. Ya hemos estado en antes en Argentina, en Colombia, en Chile. Y ahora: ¡por fin México! ¡Por fin!”, puntualizaba con emoción Leonor, antes de comenzar a cantar. Amigos, novios, exnovios y otra vez amigos (“como hermanos”), este dueto de músicos continúa promoviendo su disco El Provenir (Universal), publicado el pasado otoño. Antes de dar un “concierto in cobertura” (“como antes: sin móviles, sólo pendiente del artista”, comenta Alejandro), charlaron con EL PAÍS, entre tragos de cerveza y zumo de naranja, para comenzar a ponerle cara a la música de estos días.

Pregunta. Llevan ya más de una década tocando y cantando, ¿han tenido algún naufragio durante estos años?

Respuesta. Leonor: ¡Jo, qué bajón! Con esta lluvia y esa pregunta. Naufragios, no. Tal vez alguna tormenta, algo que nos ha hecho crecer y aprender.

Alejandro: Nos dedicamos a un oficio que nos permite imaginar un mundo mejor. Al escuchar la palabra naufragio, lo que me viene a la cabeza es que en estos diez años todo lo que nos rodea ha cambiado. Hace diez años éramos más jóvenes y el mundo era mucho mejor que ahora. Pero a lo largo de este tiempo hemos tenido hijos y han pasado otras cosas maravillosas: grabamos más discos, algo que ha ido pasando simplemente. La vida nos ha sorprendido y nos ha colocado en un sitio que no esperábamos. Ir a ciudades lejanas y encontrarse a gente que va a escuchar unas canciones que tú has escrito en tu casa. ¡Y encima nos pagan por ello! Los naufragios están en los distintos ámbitos que nos rodean. Me refiero a la crisis. Pero los artistas vivimos en una constante crisis.

Leonor: vivimos remando, ¿no?

Alejando: Quiero decir que en la música nunca hemos tenido un gran pelotazo. Siempre hemos estado con nuestros más y nuestros menos. Quizá por eso uno no se plantea esas cosas. Hasta que alguien te lo pregunta. Para mí, estar hoy, aquí, en lunes, tarde lluviosa, en una ciudad como Madrid, es increíble. Me resulta difícil creer que generemos interés. No sé: yo no saldría de casa un lunes, lloviendo, para venir a verme.

Leonor: ja, ja, ja, ja, ja…

Alejandro: Es que, de verdad… es muy emocionante. La palabra gracias se queda corta.

P. ¿Cuáles son las canciones de Marlango que ya se saben sus hijos?

R. Alejandro: Pues a los míos los he engañado mucho desde pequeños. Les he dicho que tal o cual canción la he escrito yo. A ver qué pasa cuando lo descubran. Pero Lo que sueñas vuela es una canción nuestra que en mi casa tiene mucho éxito. Las canciones en castellano les gustan más a mis hijos, sobre todo al mayor. El pequeño todavía no habla.

Leonor: A mí me pasa un poco como a Alejandro. Suena una canción y me preguntan “¿eres tú?” Y les digo que sí. Pero de las nuestras no cantan ninguna en especial.

P. ¿Cómo surgen sus canciones?

R. Alejandro: Con cada canción hay un camino distinto. Para hacer una canción como El porvenir, por ejemplo, primero apuntamos cosas por separado y luego nos juntamos para ver lo que teníamos y seleccionamos lo que consideramos más especial o distinto a lo que hemos hecho antes, para no repetir estructuras que ya hemos grabado. Y cada vez es más difícil, porque ya llevamos más de un centenar de canciones hechas. Luego vemos ritmos y arreglos, el equilibrio entre todas las partes. Y luego vemos cómo nos sentimos al tocarla.

Leonor: es un trabajo como de cantero. Una vez que tienes un trozo de piedra le das forma. Puedes tardar mucho o poco, depende. El porvenir surgió de unos versos del poeta Ángel González y partiendo de ellos yo escribí unas cosas alrededor. Cuando Alejandro empezó a tocar esa armonía, saqué esa hoja y era como si la canción ya hubiera estado escrita. A Ángel González tuve la suerte de conocerlo personalmente, pero comencé a leerlo mucho antes. Nosotros solemos leer mucha poesía. Antes mucha poesía en inglés. Es que para escribir canciones en castellano, empecé a leer poesía en castellano: Vallejo, Cernuda, Benjamín Prado…

P. ¿Ya pasó la etapa de “discos en inglés” y ahora están en la de “discos en español”?

R. Leonor: Empezamos a grabar en castellano cuando sentimos que era el momento de hacerlo. Desde nuestra primera gira cantamos versiones de nuestras canciones en castellano. No queríamos una cosa como impuesta desde arriba. Queríamos encontrar una voz en español con el estilo Marlango. Y la encontramos después de haber trabajado con Fito Páez en Buenos Aires. Tal vez si no hubiésemos hecho eso, habríamos tardado un poco más en grabar en español.

Alejandro: No es primero la decisión y después la justificación. Están todas las posibilidades encima de la mesa y lo que pase, pasará.

Leonor: Primero llegan las cosas y luego el discurso. Terminas de hacer algo y luego intentas explicártelo, por si te preguntan los periodistas, jajajajaja.

Alejandro: la letra de una canción es un plato que hay que mantener girando mientras le prestamos toda la atención. Pero no es menos importante que la melodía.

P. A estas alturas del partido, ¿qué queda de la etiqueta Indie en Marlango?

R. Leonor: A mí es que, personalmente, me cuesta mucho entender el criterio de indie o comercial. Hay cosas muy comerciales que a mí me parecen mega independientes y cosas que se consideran indies.

Alejandro: Pues todo cambió en una tarde como la de hoy, de lluvia. Estábamos en Subterfuge y luego pasamos a una discográfica multinacional. Yo me entré mientras iba en un taxi con la radio encendida.

Leonor: ¡Y de repente, sólo por eso, nos volvimos comerciales! Dices: no. Seguimos con lo nuestro pero ahora nuestros discos los edita otra empresa.

Alejandro: Todo esto es cosa de las palabras o etiquetas que se utilizan en este país. Pero cuando uno crea una canción no dice: vamos a hacer una canción indie. No. La haces y ya está. Luego los demás la clasifican como les da la gana. Ayer escuché un disco de Michael Jackson, que es buenísimo. Y muy vendido. ¿Por eso hay que denostarlo? A veces las canciones son muy escuchadas y a veces no y no sabemos exactamente por qué. Es así y ya está.

P. Hace diez años ustedes eran los nuevos. Ahora han surgido otros. ¿Quién les llama la atención?

R. Alejandro: Hay una chica que se llama Carmen Boza, que me parece extraordinaria. Y Jacobo Serra. Son dos músicos que tienen un gran nivel. Soy muy fan de ellos dos.

Leonor: a mí también me encanta Jacobo. Y hay un grupo que se llama Izal, que también.

Alejandro: Bueno, Izal ya es un fenómeno. Están a punto de llenar el Palacio de los Deportes de Madrid. A ver: el tiempo que lleves en la música es una anécdota. Puedes llevar tres días y ser muy popular. Y puedes llevar toda la vida y no ser gran cosa para el público. La música es así de aleatoria, de injusta y de cruel. Pero maravillosa.

P. ¿Están abandonando la melancolía de sus primeros discos?

R. Alejandro: la melancolía no se abandona.

Leonor: Es intrínseca. En los primeros discos nos entregamos más a la melancolía. Cuando eres artista eres muy permeable a lo que pasa alrededor. Hace seis años teníamos afuera una fiesta y nos podíamos entregar a la melancolía. Porque era la oposición o el contraste, que es lo que preferimos. Ahora, lo que hay fuera es más duro es necesario celebrar algo, ¿no?