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Otro Lorca más en clave flamenca en el Teatro Real

Rocío Márquez lleva al escenario la obra 'Ritos y geografías de Federico García Lorca'

La cantaora Rocío Márquez en el Teatro Real.
La cantaora Rocío Márquez en el Teatro Real.

Existía el Federico García Lorca poeta, pero también el músico. Porque el escritor granadino, que le gustaba tocar el piano, también pudo dar rienda suelta a su pasión musical en un disco de canciones populares, publicado en 1931, con La Argentinita, la coreógrafa y bailaora que conjugó de forma revolucionaria el flamenco, el tango, las bulerías y los boleros. “Lorca es una figura recurrente para los flamencos”, reconoce la cantaora Rocío Márquez (Huelva, 1985), encargada de llevar sobre las tablas del Teatro Real este sábado Ritos y geografías de Federico García Lorca, una obra basada en los textos y la música de Lorca junto con La Argentinita y que se programa en paralelo al estreno de El público, mito del teatro español con la firma del poeta.

Márquez, tal vez el talento joven más cotizado del flamenco actual, dice haberse fijado en la artista argentina, todo un carácter que dejó su huella imborrable en los escenarios de media Europa y América, para preparar un programa divido en tres partes, en el que durante casi una hora y media pasea con milongas, cantiñas, tangos, fandangos o seguiriyas. Y lo hace arropada por todo lo alto con Agustín Diassera, Miguel Ángel Cortes, Los Mellis, Leonor Leal, Arcángel o Pepe Habichuela, con quien arranca el repertorio con la milonga El diamante (“un guiño a La Argentinita”) y al que considera una cátedra del flamenco.

“De todas formas, hay variaciones con respecto a la música de Lorca. En la segunda parte, en Anda, jaelo, con Proyecto Lorca, donde hay percusión y saxofón, podemos dejarnos llevar hasta John Coltrane”, explica Márquez, que debutará en el Shakespeare’s Globe londinense a finales de marzo. También señala la herencia de la música clásica de Manuel de Falla en el espectáculo del sábado. “En este caso, como en otros, el mundo de la ópera, la música clásica y el flamenco se enriquecen mutuamente”, afirma la cantaora, que en 2008 logró la Lámpara Minera del Festival del Cante de las Minas de la Unión y los cuatro primeros premios, algo que hasta ese momento solo había logrado Miguel Poveda.

Buena parte de estas incursiones estilísticas o “pinceladas” sin ataduras ni prejuicios vienen gracias a la labor de Pedro G. Romero, que ha compartido su sabiduría con la artista. El flamencólogo ya dejó sus ideas para unir lo nuevo y lo viejo en El niño (Universal), el más que notable y conmovedor disco publicado el año pasado por Márquez con la colaboración de El Niño de Elche y la producción de Raül Fernández Miró Refree y Faustino Nuñez. “El arte tiene que causar algo. Cuando uno se posiciona, tiene que aceptar que pueden criticarle. Pero cuando uno lo hace desde el plano de la necesidad, no hay opción para no hacerlo”, dice la onubense sobre su álbum, pero también sobre Ritos y geografías de Federico García Lorca y, finalmente, sobre su propio modo de ver y sentir el flamenco.