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LIBROS DE CINE

Pantallas de plata y laberintos proyectados

El libro de tema cinematográfico sigue siendo relevante en el mercado editorial

Estos son algunos de los títulos indispensables de la especialidad en la mesa de novedades

Pantallas de plata y laberintos proyectados

Transiciones y debacles

En el contexto de las presentes relecturas críticas sobre la Transición, el libro colectivo, coordinado por José Luis Sánchez Noriega, Filmando el cambio social (Laertes) propone una indagación a fondo del cine español estrenado entre 1974 y 1984, entendido como un espejo de las transformaciones colectivas que vivió nuestra sociedad en el paso de la dictadura a la democracia. Su concienzuda disección de cerca de un centenar de títulos lo convierte en instrumento de referencia para entender un momento clave, si bien no exento de desencantos, en la evolución de nuestro cine. Algo más atrás en el tiempo se va Román Gubern —de quien se ha reeditado su ambiciosa Historia del cine (Anagrama) con una demasiado liviana adenda— en su capítulo para el también colectivo De Lumière a Kaurismäki. La clase obrera en el cine (Donostia Kultura), coordinado por Carlos F. Heredero y Joxean Fernández, en el que aborda la representación del trabajador en el cine del franquismo. El capítulo de Covadonga G. Lahera sobre los ecos cinematográficos de la crisis económica merece especial atención.

En un momento en que el ensayo sobre nueva ficción televisiva desplaza en las librerías al libro sobre cine, conviene destacar la importancia de algunas publicaciones académicas a la hora de rellenar importantes huecos analíticos sobre nuestra memoria audiovisual, como La censura y el nuevo cine español (Universidad de Alicante), de Luis Vaquerizo García —alrededor de la tensión entre el relevo generacional de los sesenta y la regulación censora de García Escudero—, y La mirada del documental (Universidad de Alicante), de Juan A. Ríos Carratalá —por cuyas páginas desfilan el miliciano de Capa, Felipe Sandoval y Enric Marco, entre otras caras b de la historia—.

Géneros y subgéneros

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En su caudaloso El cine negro español (T&B Editores), José A. Luque Carreras emprende la respetable tarea de trazar una historia del género policiaco de producción nacional desde los años cuarenta hasta nuestros días, catalogando, con su respectiva lectura crítica, sus títulos clave. También con el propósito de iluminar un terreno poco transitado de la cultura popular, Pedro Porcel rastrea en Superhombres ibéricos (Edicions de Ponent) la evolución de un arquetipo americano en nuestro país desde la literatura de folletín hasta los espectaculares tebeos de finales del siglo XX: no es un libro sobre cine, pero no falta un generoso apartado al respecto que culmina en el apasionado análisis del Supersonic Man (1979), de Juan Piquer Simón.

Un concepto bastante más resbaladizo es el que maneja José de Diego en Cine bizarro (Bookland), libro ilustrado con profusión y sentido del espectáculo, pero cuya tesis y argumentaciones para delimitar su objeto de estudio resultan desorientadas y erráticas. Erudición transversal y firme reivindicación de las potencialidades más irracionales del cine distinguen, por el contrario, a Hollywood maldito (Valdemar), de Jesús Palacios, que sirve al autor de Satán en Hollywood para prolongar su exploración de una historia secreta del cine que hubiesen celebrado los surrealistas.

De la palabra a la imagen

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En los últimos años, no ha habido un modelo de libro de cine más fastidioso que los manuales de guion. Pese a la solvencia reconocida de las fórmulas de Robert McKee y Syd Field, el fenómeno editorial de los manuales ha acabado favoreciendo un modelo de pensamiento sobre el cine que privilegia la palabra sobre la imagen. Por eso resulta tan bienvenido e insólito un libro como Imágenes narradas. Cómo hacer visible lo invisible en un guion de cine (Laertes), donde la guionista Coral Cruz apuesta a la contra, rescata la esencia visual del cine y expone, con claridad meridiana, la tesis de que todo guionista debería ser un cineasta; o sea “aquel que sueña y ve en su mente las películas antes de que estas sean rodadas”. La librería Ocho y Medio, en colaboración con el colectivo 70 teclas, sigue, por su parte, comprometida con la necesaria labor de editar guiones de referencia del último cine español: sus novedades más recientes atañen a Caníbal y La isla mínima.

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Iconos

“Mi vida como un cuento de hadas” es el eslogan escogido por Sophia Loren —o por su editorial— para promocionar su libro de memorias Ayer, hoy y mañana (Lumen). Una honesta advertencia, porque lo que encontrará el lector en sus páginas no son chismes, ni revelaciones escandalosas: la estrella incluso pasa de puntillas sobre la inflamada atracción que despertó en un desaforado Peter Sellers. Partiendo de fotos y documentos de su baúl de los recuerdos, Loren reconstruye su trayecto de ensueño de la pobreza al glamour y deja claro en las primeras páginas cómo le gustaría ser recordada: como la abuela amantísima que fríe struffoli para sus nietos poco antes de deleitarles con un visionado de Cars 2 (2011), película en la que dobló al personaje de mamá Topolino. Mucho menos clemente con su memoria personal se revela el desengañado y aislado Charles Chaplin, que, en 1957, confesaba a la periodista Ella Winter: “Si algo es triste, ese soy yo”. La soledad era el único remedio. Conversaciones con Charles Chaplin reúne esa y otras nueve iluminadoras entrevistas con el genio cómico, realizadas entre 1915 y 1967. La celebración del centenario de Chaplin también ha propiciado la reedición (por fin, íntegra) de su Autobiografía (Lumen) y la traducción de su por aquí inédito —y delicioso— libro de viajes Un comediante descubre el mundo (Confluencias).

Heterodoxias

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¿Se puede escribir el más completo, riguroso, expansivo y libre ensayo sobre Apocalypse Now sin mencionar ni una sola vez el nombre de Francis Ford Coppola? El extraordinario (casi avasallador) The Horror! The Horror! Variaciones sobre Apocalypse Now (Rema y Vive), de Vicente Domínguez, demuestra que sí. No es un descuido, sino una estrategia deliberada, porque, según Domínguez, toda obra maestra trasciende la idea de autoría. No es este un ensayo de análisis fílmico al uso, sino un texto rizomático que parte de la película para abordar el concepto del horror bajo un telón de fondo fluido, que recorre el colonialismo, su desarticulación, la contracultura y la lucha por los derechos civiles, entre otras estaciones de paso. Remata el volumen una brillante historieta de Fernando de Felipe, que es, asimismo, coautor junto a Iván Gómez de otro libro radical y no menos sorprendente: El sueño de la visión produce cronoendoscopias. Tratamiento y diagnóstico del trampantojo digital (Laertes), donde, a partir de un nuevo modelo de imagen de síntesis definida en su pura imposibilidad material, se invita al lector a emprender un fascinante viaje a través de los estados patológicos de la cultura contemporánea. Pareja capacidad de establecer conexiones insospechadas revela Zona de sombra. Notas dispersas a partir de Viaggio in Italia (La Filmoteca de Alejandría / Universidad de Las Palmas). En sus páginas, el crítico Carlos Losilla persevera en su programático análisis de los orígenes de la modernidad cinematográfica: la fundacional Te querré siempre de Roberto Rossellini es el epicentro de un seísmo expresivo —una educación en la incertidumbre— que alcanza al cine de Nobuhiro Suwa, Gus Van Sant, Kiarostami o Richard Linklater.

Otros títulos

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Bill Plympton. El cineasta incansable (Festival Internacional de Cine de Gijón), de Rocío Ayuso y Raúl García, estudia la obra del artesanal artista de Portland concediendo valiosa atención a algo, por desgracia, no demasiado frecuente: la animación como forma y lenguaje. Brillante Mendoza. Retratando la realidad filipina (Festival Internacional de Cine de Gijón) convoca a diversas voces críticas para abordar la obra del cineasta filipino que se ha convertido en uno de los autores clave de la contemporaneidad. La imagen fantasmática de Millán Astray disparando en el interior de un cine mexicano activa la memoria sentimental cinéfila de Carlos Fuentes en su póstumo Pantallas de plata (Alfaguara), que contiene una suculenta anécdota sobre el jurado de Cannes de 1977: las presiones del director del certamen para que Una jornada particular recibiese la Palma de Oro. Favre Le Bret llegó a acusar a los miembros del jurado de haber causado la muerte del presidente del mismo, Roberto Rossellini, quince días después de terminado el festival.

John Ford en Innisfree (T&B Editores), de Arturo Segura, aglutina toda la información disponible sobre El hombre tranquilo (1952), pero al conjunto no le hubiese venido mal contrapuntear su meticulosa acumulación de datos con alguna lectura personal del clásico. En 1974, Martin Scorsese entrevistó a sus padres en Italianamerican, un documental tan revelador como poco conocido. En él, Catherine, la madre del cineasta, hechizaba la pantalla y acababa detallando una de sus recetas de cocina: Italoamericanos (Confluencias), escrito por la mamma en colaboración con Giorgia Donward, es la versión editorial de esa vieja película y en sus páginas se combinan recetas familiares para comer como un Scorsese con recuerdos y vivencias de la emigración.

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