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Cuando el fanatismo yihadista logra acabar con el cine

Un festival belga que iba a proyectar ‘Timbuktu’ es suspendido por amenazas

Fotograma de 'Timbuktu'.
Fotograma de 'Timbuktu'.

El temor al yihadismo se ha apoderado de Bélgica desde los ataques de París. Las autoridades judiciales suspendieron el jueves un festival de cine por el riesgo “particularmente elevado” de atentado terrorista, según comunicó precipitadamente el Ayuntamiento de Tournai, la ciudad que acogía el certamen. El supuesto atentado obedecía a la proyección de Timbuktu, de Abderrahmane Sissako, largometraje que recrea el fanatismo al que los islamistas radicales sometieron a la población de Tombuctú (Malí) en 2012. La película mauritana, candidata al Oscar, está siendo un éxito de taquilla en Francia tras su paso por el Festival de Cannes y se estrena en España el 6 de febrero.

Con el sugerente título de Ramdam, el festival de cine que molesta, esta exhibición de cine comenzó el martes su quinta edición en Tournai, localidad situada en la zona valona de Bélgica, cerca de Francia. Pero el jueves por la tarde la policía irrumpió en el complejo Imagix, que alberga los cines y un espacio comercial, y lo clausuró hasta el próximo 28 de enero. “Hay muchos intereses comerciales en juego. Entiendo que si las autoridades han tomado una decisión así es que saben lo que hacen”, reflexiona Jean-Pierre Winberg, director del festival.

Aunque la investigación se mantiene bajo secreto judicial, el objeto de controversia parece haber sido Timbuktu. Sissako lleva a la ficción hechos veraces: el levantamiento de milicias radicales cercanas a Al Qaeda en Malí, que se hicieron fuertes en ciudades como Tombuctú y trataron de imponer la sharia a la población. Se trata de una cuestión particularmente sensible en Francia, que envió una misión militar a Malí para combatir a los extremistas. El filme censura el fanatismo religioso de estos grupos.

Los organizadores del festival han improvisado soluciones rápidas. Timbuktu, presente ya en cines de Bélgica, se exhibirá hoy y mañana en otro cine de Tournai. Para el resto de películas, los responsables de Ramdam intentan organizar proyecciones en sitios cercanos para sortear posibles problemas de seguridad. Fuentes del Ayuntamiento de Tournai rehúsan aclarar por qué la cancelación del festival se produjo tan tarde, cuando ya llevaba dos días, y apelan al riesgo alegado por la policía, “que no podía ser subestimado”. Los ciudadanos de esta ciudad de 70.000 habitantes se congregaron ayer en la Grand Place para expresar su repulsa.

El comité organizador del festival no se arredra y ayer mismo se reunió para preparar la próxima edición de Ramdam. Además de Timbuktu, entre las películas previstas para este año había otra susceptible de desatar las iras de los más radicales: una que muestra la historia tan diferente que aprenden en las escuelas los niños israelíes y los palestinos. “Pero este no es un festival provocativo. Simplemente intenta poner en cuestión algunas de nuestras certezas”, explica por teléfono su director.

Si cada vez que hay amenazas la perjudicada es la libertad de expresión, la situación es extremadamente inquietante”, dice el director del certamen

Pese a entender las razones que han provocado la cancelación, Winberg se pregunta cómo conciliar la seguridad de los ciudadanos con la libertad de expresión. “De eso depende la democracia. Si cada vez que hay amenazas la perjudicada es la libertad de expresión, la situación es extremadamente inquietante”, advierte. El festival reunió el año pasado a más de 12.000 espectadores en Tournai, con un importante crecimiento respecto a los 3.000 participantes del primer año.

El festival Ramdam no es la única manifestación cultural que se ha visto alterada por la amenaza yihadista en Bélgica, el país europeo con el mayor porcentaje sobre población de combatientes europeos que se marchan a Siria e Irak a combatir con las organizaciones radicales. El museo dedicado al dibujante belga Hergé, autor de Tintín, ha cancelado también por motivos de seguridad una exposición que pretendía rendir homenaje a la revista satírica francesa Charlie Hebdo, objeto de ataque terrorista en París el pasado 7 de enero.