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OPINIÓN

El triunfo de una generación emigrada

Los autores de cómic españoles protagonizan un desembarco en Francia sin precedentes

Durante mucho tiempo, para los autores de cómic españoles El Dorado se escribía en francés. Tras la burbuja ochentera de ilusión para la historieta y su consideración a través del cómic de autor que explotó violentamente en los noventa, el mercado del cómic español quedó devastado, sustituyendo toda expresión autóctona por las franquicias que llegaban de los Estados Unidos y Japón. La única opción para nuestros autores era la emigración creativa, ya fuera a la engrasada industria del superhéroe norteamericano o a las potentes editoriales francobelgas de historieta. Dos opciones complicadas, la primera por el férreo control que desarrolla sobre sus preciados personajes, la segunda porque parecía vedada a cualquier guionista y hermética para los dibujantes que no viniesen de la mano de un escritor francés.

A golpe de calidad y buen hacer, lentamente, cada vez fue más común ver apellidos españoles en las obras que se publicaban en ambos imperios del cómic, pero los vecinos franceses seguían reacios a que la habitual combinación de guionista y dibujante, tan común en ese país, compartiera origen más allá de los Pirineos. Una resistencia que cayó definitivamente en el año 2000 gracias a la obra de dos jóvenes españoles que se atrevieron a un arriesgado pastiche que combinaba el canon de los clásicos de la novela y el cine negro nada menos que con la animación Disney. Pero Juanjo Guarnido y Juan Díaz Canales rompieron con Blacksad. Un lugar entre las sombras todos los prejuicios: la todopoderosa Dargaud daba la oportunidad a unos debutantes que agotaron casi instantáneamente la primera edición de 30.000 ejemplares, abriendo paso a una blacksadmanía que acumula ya más de un millón de álbumes vendidos de los cinco de la saga en Francia, y cifras igual de imponentes en el resto del mundo.

Un éxito que cambió la mentalidad de los editores franceses y que favoreció la publicación de autores españoles en Francia. Raule y Roger Ibáñez, Robledo y Toledano, Altarriba y Keko o Teresa Valero y Montse Martín son tan solo unos pocos de los muchísimos que están protagonizando un desembarco de españoles en el país vecino sin precedentes, que osan incluso hacerse cargo de iconos del cómic como Spirou o Corto Maltés. Una invasión en toda regla apoyada en la extraordinaria calidad de la actual producción de cómic en España, con jóvenes autores que se unen a los veteranos para reclamar con hechos probados su posición en el mundo de la cultura.

El Premio Nacional concedido al volumen de Blacksad. Amarillo no solo distingue los valores artísticos de dos autores que han sabido combinar éxito de público y calidad: por extensión es el respaldo a una generación que tuvo que buscar trabajo fuera de su país y que, por fin, es reconocida en su propia patria.

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