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Otro mundo es posible, pero lejano

El Foro de la Cultura de Burgos reúne a más de 70 ponentes internacionales

Miembros de las plataformas de acción ciudadana presentes en el Foro de la Cultura de Burgos.
Miembros de las plataformas de acción ciudadana presentes en el Foro de la Cultura de Burgos.

Desde el Fórum Evolución, sobresaliente edificio construido por Juan Navarro Baldeweg, se aprecia la catedral de Burgos mientras llegan allí también los genomas próximos de Atapuerca. La línea que el tiempo ha hilvanado de las cavernas a la posmodernidad pasando por el gótico se aprecia en la ciudad castellana. Y también la idea de evolución, integración, transformación que, a caballo de esos tres iconos, podemos hacernos de la influencia que la cultura ha tenido en lo que somos.

De los universos pasados y los presentes a los posibles, como debatieron ayer en el Foro de la Cultura ponentes como el cineasta Jaime Rosales, el vicepresidente de la Fundación Triodos Bank, Joan Antoni Melé; el sociólogo Mariano Fernández Enguita, el asesor estratégico brasileño Leonardo Martins y el educador Pedro Sarmiento, impulsor del proyecto Lóva, hay un trecho más grande de lo que parece.

Rosales se sintió ajeno a un grupo del que dijo: “Todos se dedican a mejorar la vida de los demás, menos yo, que soy artista y sé que en mi ámbito no puedo cambiar la sociedad”. Metió el dedo en la llaga y provocó que, con buenas palabras, o al final, con actitudes más tensas, trataran primero de convencerle de que sí y después rebatirle que no.

No hubo universos posibles en el debate, pero sí realidades palpables como los experimentos en favelas de Martins: “La cultura es elemento de acercamiento muchas veces entre policías y narcos. A ambas realidades, tan distintas, si las envuelves en un documental, las acercas para que cada una entienda su manera de proceder como seres humanos”.

“El diseño es el arte de la sociedad industrial”, aseguró Manuel Estrada

Podía existir ahí una clave para desenmarañar el nudo gordiano por el que Rosales cayera del burro y el empecinamiento en afirmar que el misterio del ser humano, la gran pregunta de quién somos, no encontraba respuestas, ni las encontraría en el arte.

Sí, al menos, sacaron en claro que podrían acudir a Triodos Bank para pedir créditos en proyectos sostenibles. Una banca que muchos califican de ética y que, según Melé, entiende el dinero “no como un fin, sino como un indicador de si hacemos bien o mal las cosas”.

Triodos Bank podría no ser el lugar al que acudirías para decorar la casa. De eso, y de cómo el diseño modela nuestras formas de vida, se habló en una mesa en la que destacaron Lorenzo Meazza, director de interiorismo de Ikea, o Manuel Estrada, diseñador gráfico. “El diseño es el arte de la sociedad industrial”, aseguró este. Algo que ha dejado en evidencia, por su fragilidad, la crisis que “ha puesto de manifiesto las carencias del escaso desarrollo que la industria concede a esa disciplina”. Meazza se empeñaba en desgranar la ecuación que ha conquistado el interiorismo global de su empresa: una mezcla de belleza, funcionalidad, interacción y precio más que asequible.

Martins explica que el cine logra tender puentes entre la policía y los narcos

Si los espacios y metros que habitamos son, a juicio de Meazza, “nuestros templos de ocio, en los que mezclamos el divertimento y la autoafirmación como seres humanos”, por la tarde hubo hueco para discutir identidades y territorios refugio de la mano del escritor Bernardo Atxaga, el director de teatro Andrés Lima, el antropólogo Marc Augé y la arquitecta Ariadna Cantis. El debate se centró en el concepto que Augé acuñó en los setenta. Los no-lugares, centros como los aeropuertos o los supermercados, que “no ayudan, como debe hacer un lugar, a comprender la estructura de las sociedades”. Desde entonces, los no-lugares se han transformado. Cantis se preguntó si los edificios no terminados de viviendas por la crisis podían responder a esa teoría, aunque sí den pistas de un tejido social decadente. O la valla de Melilla circundando los campos de golf, aportó Lima, temeroso de que los teatros lleguen a convertirse en espacios fantasmas. Atxaga reivindicó lo local: “Lo universal no existe, he vivido en más de 60 lugares y todo lo que he visto, siempre, ha sido local”.

Como esta ciudad secular, como el espacio en que ellos debatían: la Casa del Cordón, palacio en el que los Reyes Católicos recibieron a Colón tras su segundo viaje a América. La modernidad renacentista se une a este poliedro de prehistoria, arte gótico y arquitectura contemporánea, trasunta del tiempo que es Burgos.

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