El negocio de la adrenalina

Este ocio de las montañas rusas y de las atracciones salvajes recibe casi seis millones de visitantes al año en España

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Hay pánico en Gotham city. Un supermalo se ha escapado de la cárcel y los ciudadanos ya no duermen tranquilos. Así que le toca a Batman la tarea de perseguirle. Pero, tal vez aburrido de tanto viaje en batmóvil, el hombre murciélago ha escogido un camino peculiar para atrapar a su némesis. Se trata de una montaña rusa de 31 metros de altura, cinco inversiones y 85 kilómetros por hora. Tanto que por mucha sed de justicia que se tenga, hay que pensárselo bien antes de acompañarle en la atracción Batman: la fuga.

Nada de ello preocupa a Miguel. Con una decena de años y el buen corazón de Batman, el niño debe de intuir la preocupación del periodista a su lado. “No se pasa mal. Agárrate bien y gritemos”, suelta a su improvisado compañero de viaje. Menos tranquilizador es el ocupante del otro sillón, un amigo de Miguel más cruel que el Joker: “Cuando oigas un crujido va a arrancar súper rápido”. Lo cierto es que no miente. Varios “aaaaaahhh” después, los dos pequeños siguen como si nada: “¡Vamos a subir de nuevo!”.

La escena se produce en el madrileño parque de Warner pero se repite a lo largo del verano y de España. De Terra Mítica a Isla Mágica, pasando por PortAventura (al que este periódico fue invitado), hay más de seis millones de personas, entre familias, amigos o parejas, que optan por pasarse un día entre caídas libres, muñecos risueños y vértigo en los cuatro principales parques temáticos de España. La aplastante mayoría, unos cuatro millones, visita PortAventura. “Me gustan las atracciones chungas”, resume Carolina Jover, 25 años, en el Egipto que Terra Mítica recrea en Benidorm.

Al fin y al cabo “adrenalina” es la respuesta más frecuente al preguntar por qué cambiaría uno la quietud de la playa por un cochecito infernal que vuela cabeza abajo. Eso y “los niños”, los habitantes más felices de los parques. Bien lo sabe un soldado espartano que pasea por Terra Mítica y aguanta cual estoico Leónidas las bromas de los pequeños: “¡Qué feo eres!”. Su heroicidad disminuye sin embargo al preguntarle si hubiera seguido a su líder a las Termópilas: “Si me hubieran contratado, sí”.

Los padres explican que los parques son una etapa “obligada” del verano, aunque el negocio en Europa está lejos de alcanzar el éxito de Estados Unidos o Asia. Los niños ganan a sus padres en valor. “¡Le da igual! Se quería subir al Jaguar pero no podía por la altura”, relata Rafael Arias Vega de su hija Rocío, a bordo de un tronco destinado a precipitar y empapar a su tripulación. Aunque el baño se agradece bajo el calor del parque sevillano Isla Mágica. Para explicarlo, nada mejor que la imagen sugerida por Francisca Peña López, que a sus 76 años ha probado una atracción —“una cosa redonda que no tiene peligro”—, ha soltado a los nietos y descansa en la sombra: “Estoy toda chorreandita”.

El Jaguar que anhela Rocío es una de las celebridades del mundillo. Las atracciones más atrevidas pasan de boca en boca, como si superarlas proporcionara acceso al club de los visitantes sin miedo. De hecho, la mayoría de los entrevistados ya había probado varios de los parques. Batman: la fuga, Stunt fall y Superman: la atracción de acero en Warner; Titánide y Magnus Colossus en Terra Mítica, y Shambhala y Furius Baco en PortAventura son algunas de las medallas más ambicionadas. Más arriba parece habitar el Dragon Khan, la montaña rusa de PortAventura que muchos citan como la más fascinante. Un indicio es la cantidad de gente que, desde abajo, observa con temor reverencial el enredadísimo nudo de vías por el que corre esta atracción. Hay que prepararse para retar a las leyes de la física. La alternativa es subirse con la familia Montiel, padre, madre e hija de 11 años que, tras siete viajes, ya no temen al dragón.

El tunecino Radhouen Kochbati ha pisado PortAventura incluso en más ocasiones. A sus 34 años va por la décima. Anima al novato con el que comparte la primera línea en Furius Baco: “Es brutal, ya verás”. No es para menos. Pasan pocos instantes, un diabólico mono toca la palanca equivocada y el tripulante es disparado de 0 a 135 km/h en cuestión de segundos.

Una vez abajo, con la faz recolocada en su sitio, Kochbati y sus dos primos atacan el precio del parque. Es esta una queja que se repite idéntica, de los 29 euros de Isla Mágica a los 45 de PortAventura, además de criticar la comida, las fotos y las restricciones de la entrada. “Te cobran hasta por respirar”, sintetiza un visitante.

Positivas, en cambio, resultan las valoraciones de la seguridad. En la semana en la que un joven islandés falleció en Terra Mítica al precipitarse de la montaña rusa Inferno, pocos visitantes parecían afectados y la mayoría hacía hincapié en los millones de viajes con final feliz que afrontan las atracciones. Guillermo Cruz García, presidente de la Asociación Española de Parques de Atracciones y Temáticos y director de Isla Mágica, destaca los controles diarios y que algunas máquinas no se ponen en marcha si algo no cuadra.

Los trabajadores de los parques defienden que la seguridad es absoluta. Aunque, por ejemplo en Isla Mágica, también aseguran que las horas de mantenimiento han disminuido “muchísimo”. En el fondo, todos los parques han pasado por varios recortes de plantilla, por mucho que las direcciones hablen de “optimización”. “Tenemos el personal necesario”, justifican desde Terra Mítica, que han despedido en años previos a cientos de empleados. Una razón parecida aduce Jaime Scott, director comercial de Warner, que pasó por tres ERES, el último llevado a cabo por la nueva propiedad, Parques reunidos.

Los parques temáticos se precipitaron por la montaña rusa de la economía junto a otros sectores. Abiertos a lo grande antes de la crisis, con inversiones desorbitadas por parte de administraciones públicas —Terra Mítica engulló más de 400 millones—, han acabado en manos privadas con números rojos dramáticos. Con tal de ceder Isla Mágica a los franceses de Looping group, La Caixa aceptó asumir los 30 millones de euros de deudas. Warner se benefició de una línea de tren construida por la Comunidad de Madrid que ya no funciona. Y los anteriores responsables de Terra Mítica serán juzgados por fraude.

Tantas caídas demuestran, según algunos expertos, que el modelo no es viable en Europa. Los resultados mejores se cosechan en Asia y Estados Unidos, ya sea porque los visitantes consumen más o porque en EE UU “los parques temáticos sustituyen a las ciudades”, como aseguraba José Miguel Iribas, sociólogo especializado en urbanismo y territorio en una entrevista. Los responsables españoles defienden sin embargo que sus productos sí son rentables. Eso sí, se niegan a proporcionar cifras. Prefieren exaltar las nuevas zonas acuáticas —a algunas solo se puede acceder pagando un sobreprecio— o los proyectos futuros. A la espera de otro gigante (el parque Paramount que abrirá cerca de Murcia), PortAventura, por ejemplo, inaugurará una zona de Ferrari en 2016. Mientras, este año, acoge un espectáculo del Circo del Sol y ha lanzado Angkor. Se trata de una navegación, armados de fusiles de agua, por lugares inspirados en los templos camboyanos. Allí, las doceañeras Sofía Díaz y Carmen Lázaro narran su divertida jornada. Hasta que algo inquieta a Lázaro. Ha probado el Dragon Khan, volado a velocidades supersónicas pero por fin ha encontrado algo que la aterre: “¡Qué susto! ¡Una abeja!”.

Sobre la firma

Tommaso Koch

Redactor de Cultura. Se dedica a temas de cine, cómics, derechos de autor, política cultural, literatura y videojuegos, además de casos judiciales que tengan que ver con el sector artístico. Es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Roma Tre y Máster de periodismo de El País. Nació en Roma, pero hace tiempo que se considera itañol.

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