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En la granja de librepensadores

La huraña y carismática Cassandra White protagoniza esta novela rural llena de humor británico

En la granja de librepensadores

La autora de esta novela rural, Joanna Kavenna, ya ha publicado otras dos anteriormente que le han granjeado prestigio entre los nuevos narradores británicos, en particular The birth of love, obra sobre la impronta de la infancia en los personajes, estructurada a modo de cuarteto y con diversos escenarios históricos. La tercera, Venid hasta el borde, les dijo, muestra las tensiones entre una metrópoli lejana enmarañada de normas y desigualdades y el mundo de un perdido valle en el norte de Inglaterra. Podría pensarse que se trata de una sátira que tiene el talante de Swift y la excentricidad bienhechora de Chesterton, basada en la idea de que cuando a los desfavorecidos se les aprieta demasiado las tuercas se rebelan y explotan. Y es así, en cierto modo, pero Kavenna tiene sensibilidad e imaginación para huir del panfleto en el que podría haber caído en esta obra singular y a la par modesta en su planteamiento y desarrollo. De modo que crea un personaje huraño y carismático, Cassandra White, y da voz a una mujer abandonada por su marido que elige perderse en el barro y el estiércol de una granja librepensadora. Allí aprende a ordeñar cabras y todo lo que hay que saber sobre el frío y la maloliente naturaleza. Aunque añora sus ritos suburbiales y odia la tiranía antisistema de su patrona, se aviene a participar en una red de ocupación de casas deshabitadas que orquesta la viuda pelirroja. Cassandra muestra “una indiferencia completa con respecto a toda autoridad humana e ignora las fastidiosas demandas de la carne”.

Las dos mujeres se dedican a asaltar propiedades del valle que se usan sólo pocas veces al año. El objetivo es "realojar" en ellas a viejos desahuciados y gente variopinta. La mayoría cree que los ricos "depravados" (en la jerga de la granjera cabecilla) ausentes las han cedido de buen grado. Poco a poco el paraje, antes casi desierto, se va llenando de vida y los jóvenes arriman el hombro para subsistir en el terreno que han ocupado. La transformación de la joven narradora, que está "aburrida de haberse pasado la vida respetando la ley", lo que no parece haberle reportado ningún beneficio, ofrece excelentes dosis de humor y algunos hallazgos formales y de fondo. Por fin encuentra sentido a su destino poniéndonos delante un espejo en el que nos vemos reflejados. No falta el episodio amoroso, contado con bastante sencillez, como casi todo en esta historia. El tono es muy ajustado y la acción avanza con naturalidad. La novela entra en barrena en una suerte de catarsis final sin haber perdido un ápice de interés ni diversión. Entonces todos nos acercamos al borde y, como quería Apollinaire, de donde viene el título, volamos.

Venid hasta el borde, les dijo. Joanna Kavenna. Traducción de Pilar Vázquez. Alba. Barcelona, 2014. 246 páginas. 18,50 euros

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