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Oona Chaplin: la ‘nietísima’ ya anda por sí sola

La actriz protagoniza en Málaga el drama psicológico ‘Purgatorio’, y recuerda su paso por la serie ‘Juego de tronos’

La actriz Oona Chaplin, en el Festival de Málaga.
La actriz Oona Chaplin, en el Festival de Málaga.

En Purgatorio hay una madre que ha perdido un hijo, una mujer que cuida del hijo de su nueva vecina y una actriz en brutal crecimiento. Y todo ello se resume en un nombre: Oona Chaplin (Madrid, 1986), hija del prestigioso director de fotografía chileno Patricio Castilla y de Geraldine Chaplin —por tanto nieta del genio Charles Chaplin—, y que se llama igual que su abuela, a su vez hija de Eugene O’Neill. Difícil no sentir el peso de la historia de la cultura con tanto ancestro de talento. Oona Chaplin se ha complicado la vida dedicándose a la interpretación, pero tras pequeños papeles en el bond Quantum of Solace e Imago mortis, empezó a escalar con ¿Para qué sirve un oso?, El doble del diablo y algo de televisión, y surfeó una ola brutal: Juego de tronos, donde ha dado vida a Talisa Maegyr, reconvertida por matrimonio en Talisa Stark. Esa ola le ha llevado a vivir en Los Ángeles y a compaginar todo tipo de proyectos: desde No llores, vuela, de Claudia Llosa, al drama psicológico Purgatorio, del debutante Pau Teixedor, que la ha traído al Festival de Málaga.

En persona Chaplin no para de gesticular, de reír, de mover brazos y piernas de forma a veces incontrolada. Vuelve a carcajearse, a sentarse de lado, a construir tiernos mohines. No parece tener fin. Sobre su carrera no tiene dudas: “Ha sido una gran evolución, y yo me lo estoy pasando muy bien. Me lo he currado. Noto cómo me cambian las ofertas. Lo raro de esta profesión es que no tiene una progresión lógica como otras. Pero para mí ha tenido un compás relajado que se ha acelerado. A mí me mola trabajar, he sido bendecida con buenos compañeros”. Chaplin agradece que alguien se acuerde de su padre antes que de su abuelo materno: “¡Es que mi padre es la hostia! Chileno, revolucionario, director de fotografía, es como un tsunami, que es su mote familiar: arregla todo aunque a veces deja restos del arrase. Y dejó mucho atrás por amor a mi madre”.

En Purgatorio Oona Chaplin soporta gran peso de la trama —y su rostro ocupa todo el cartel publicitario— en un drama al que ella quiso aportar su granito de arena: “Es una película producida por hombres, escrita por un hombre, dirigida por otro… Y habla de una mujer que acaba de perder un hijo, un sufrimiento difícil de igualar, algo inimaginable o al menos a mí me cuesta imaginármelo. El reto era por tanto hacerlo con respeto. Leí un libro, Volver a vivir, de Mercè Castro, el diario de un año después de la muerte de un hijo. Y con él entendí mucho de la parálisis vital que sufres tras una catástrofe así. Tú misma casi te mueres. Espero por tanto haber estado a la altura de esas mujeres”. Purgatorio es la primera oferta directa que ha recibido en su carrera: “¡Flipé! No tenía que hacer ni casting. Me hizo mucha ilusión, leí el guion y pedí conocer al director porque necesitaba comentar cosas con él. En ese momento estaba leyendo el libro tibetano sobre la vida y la muerte, y sentí que era un regalo de la vida”. A Chaplin no le importa ni tamaño de la producción ni presupuesto: “Prefiero hacer cosas lindas y cobrar menos que hacer cosas estúpidas y cobrar más. Si no, me pongo de camarera. Aunque a veces, reconozco, aprendes de las cosas estúpidas. Elijo por el material”.

La actriz se subió a Juego de tronos cuando el fenómeno ya había arrancado: “Soy gran fan de La guerra de las galaxias, y hace una semana estaba comiendo con Finn Jones [que encarna a Loras Tyrell], cuando descubrimos que Juegos de tronos es La guerra de las galaxias de nuestra generación. El fenómeno es muy fuerte. La serie es muy buena, y ha creado un gran ambiente entre los actores. Sinceramente, creo que hasta ahora Juego de tronos no había explotado todas sus posibilidades. Pues espérate, porque la cuarta temporada es arriesgada, con ideas, y por fin utilizan todas sus armas argumentales”. Cuando Chaplin entró en la serie, no era consciente de adónde entraba. “No tenía ni idea, no la había visto. Una amiga mía me decía: ‘No sabes lo qué es’. Menos mal que no la había visto, porque hice las pruebas más tranquila. Una vez firmé, me tragué todos los capítulos precedentes en un día. Entonces fui consciente del tamaño. Entiendo esa sensación de los fans, de que por ritmo y trama parece que estamos siempre al borde del barranco, ahí, ahí, y al límite”. A pesar de eso no ve muchas series: “Quiero tener vida fuera de la pantalla. En la televisión hay una revolución muy interesante que desafortunadamente te roba mucho el tiempo. Es curioso cómo el mundo del cine mediano se ha pasado a la televisión. Acabo de hacer Hoke, un piloto con Paul Giamatti escrito y dirigido por Scott Frank [Minority report, Un romance muy peligroso]… Es increíble. El cine parece que se está un poco muriendo, y pueden sacarse de la manga mil maneras de intentar resucitarlo, como el 3D, que no son la solución. Hay que ponerse creativos, reinventarlo”.

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