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Y el Oscar es para... el ‘black power’

'12 años de esclavitud’ es la primera película dirigida por un negro que gana la estatuilla principal

La ceremonia transcurrió sin sorpresas en los galardones

McQueen levanta su 'oscar' ante Nyong’o y Benedict Cumberbatch. Ampliar foto
McQueen levanta su 'oscar' ante Nyong’o y Benedict Cumberbatch. AP

“Llegó la hora”. Una frase corta y contundente en la que parecen coincidir estrellas, industria y crítica a la hora de resumir la 86ª edición de los Oscar, porque hizo historia en más de un frente. Si la victoria de Alfonso Cuarón como mejor director —y las siete estatuillas de Gravity— le convirtió en el primer latinoamericano en alzarse con el Oscar como director, 12 años de esclavitud también ocupó su momento en la historia logrando el premio más preciado, el de mejor película, para un filme sobre la esclavitud y dirigido por un negro, Steve McQueen. Como selló su productor, Brad Pitt, con un beso a su director nada más conocida la noticia, “eres el primero”.

Esta noche de sueños hechos realidad empezó con el deseo de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de subrayar la diversidad de sus socios,un grupo de más de 6.000 profesionales conocidos por ser, en su mayoría, hombres, blancos y muy por encima de los cincuenta años de edad. Cate Blanchett, ganadora del galardón a la mejor actriz por Blue Jasmine, lo recordó cuando subió a recoger su estatuilla. “Estáis muy mayores para estar levantados”, soltó jocosa a un público puesto en pie para agasajarla.

Pero pese a los ataques previos, la crítica coincide que, por una vez, la Academia hizo las cosas bien premiando los dos tipos de sueños que conviven en la industria. Unos los tienen cineastas como Cuarón, que se toman su trabajo “magníficamente en serio” y “viven para poner en la pantalla cosas nunca antes vistas", recordó el crítico Kenneth Turan. Otros son como McQueen, artistas que sueñan con cambiar el mundo con sus películas. “En un mundo de cine ideal, ambos sueños confluirían en una misma película. Quizá el año que viene. O el siguiente”, se permitió soñar este crítico.

Los sueños quedaron repartidos entre 12 años de esclavitud, y sus tres oscars, incluido el de mejor actriz de reparto para la mexicano-keniata Lupita Nyong’o, misma cantidad que obtuvo Dallas buyers club con sus galardones para sus actores, Matthew McConaughey y Jared Leto, y su equipo de maquillaje. Frozen y El Gran Gatsby empataron a dos cada una, la primera como mejor filme de animación y mejor canción; y la segunda como mejor vestuario y diseño de producción. La pesadilla fue para La gran estafa americana, que llegó empatada con Gravity con el mayor número de candidaturas, 10, y se largó con las manos en los bolsillos. Una pesadilla que solo superó (irónicamente) El color púrpura hace casi tres décadas cuando perdió en sus 11 nominaciones. Como dijo Jennifer Lawrence, candidata como mejor actriz de reparto por la película de Davis O. Russell, “¿Dónde van los perdedores?”.

Su pregunta también resume el sentimiento de “llegó la hora” de los participantes en la ceremonia. Hubo más caras de alivio que de felicidad en los ganadores. Desde la de Cuarón, enzarzado en una de las pugnas más reñidas por la estatuilla a mejor dirección cuando dijo que los cuatro años de Gravity habían sido “un viaje transformador” al que las estatuillas ponían fin. O la de McConaughey, que tambien mencionó ese final de trayecto para hablar por igual de las dificultades de hacer realidad Dallas buyers club como de su propia reinvención como actor en estos últimos, también, cuatro años. Hasta la clara ganadora de Blanchett habló con alivio para confesar que llegó a la ceremonia dispuesta a pasarlo bien pese a la presión “intensa e insoportable” que supone lo que el resto de los mortales ve como la mayor fiesta del cine. “Me alegro de que se haya acabado”, confesó con honestidad hablando no solo de una ceremonia que volvió a subir en audiencia televisiva (aunque la crítica la consideró incluso aburrida) sino de la reñida lucha por el Oscar.

Con el sentimiento de competición finalizado, la alfombra roja enrollada y los vestidos de gala devueltos también llegó la hora de poner las cosas en claro. Nyong’o no tiene de mexicana más que el lugar de nacimiento, por mucho que le guste y sepa hablar español. “El Oscar es mío”, recordó a un periodista mexicano cuando le preguntó cuánto de su victoria le correspondía a México. Lo mismo para Cuarón, mexicano de pura cepa, “chilango” y orgulloso de ello... pero que pese a ser el nombre más comentado en las redes sociales en México dejó claro que Gravity, y por ende su victoria, tiene poco por no decir nada que ver con el cine mexicano. “Me alegra su apoyo pero deberían dárselo a otros filmes rodados en México, sobre temas mexicanos y con talento mexicano”. Blanchett, la primera actriz australiana en ganar un oscar (ya tiene dos), bromeó sobre estos absurdos nacionalismos cinematográficos de Oscar recordando la necesidad de reconocer el talento en su lugar de origen: “Uno no quiere tener que exportar su talento constantemente. A una le gustaría volver a casa y trabajar”.

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