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OPINIÓN

‘Roma o morte’ o por qué como raíces

Uno sospecha que ante todo Sorrentino deseaba que La gran belleza se asociara a 'La dolce vita' y Federico Fellini

Un fotograma de 'La gran belleza', Oscar a la Mejor Película Extranjera. Ampliar foto
Un fotograma de 'La gran belleza', Oscar a la Mejor Película Extranjera.

La primera escena de La gran belleza (2013), de Paolo Sorrentino, que ha ganado el Oscar a mejor película de habla no inglesa, nos muestra la inscripción del monumento a Garibaldi en el Gianicolo que reza "Roma o morte". Fue el grito de guerra que lanzó el padre del Risorgimento cuando luchaba por sumar la ciudad de los Papas a la Italia unificada. Casi sin querer uno se pregunta el porqué de estas palabras al comienzo de la película. ¿Son los ánimos que se da un director que quiere sumar su nombre al de los grandes cineastas que han retratado Roma? Tal vez. Aunque visto el largometraje uno sospecha que ante todo Sorrentino deseaba que La gran belleza se asociara a La dolce vita y que su nombre figurase junto al de Federico Fellini, su modelo y padre cinematográfico.

Desde luego lo ha logrado, porque no hay crítica que no señale coincidencias, parecidos y citas. Sin embargo, los paralelismos y las diferencias entre las dos películas dan lugar a una relación extraña, casi siniestra. Entre las similitudes está claro que Sorrentino, como ya había hecho Fellini, traza el retrato moral de un hombre y que este hombre, Jep Gambardella, se parece mucho al Marcello Marini de La dolce vita. Los dos son periodistas letraheridos, cínicos y mujeriegos. Además, algunos de los episodios que protagonizan se repiten en las dos cintas: el lance amoroso con una mujer rica, la fiesta enloquecida, el paseo noctámbulo por palacios y jardines. Sería largo señalar todos los guiños fellinianos, pero ahí están, por ejemplo, las escenas circenses del lanzador de cuchillos, la rabiosa niña-pintora, el truco de la jirafa y el futbolista malabarista.

Póster para la película de Paolo Sorrentino 'La gran belleza'.
Póster para la película de Paolo Sorrentino 'La gran belleza'.

Dicho esto, también hay diferencias notables. Está claro que los protagonistas se hallan en extremos opuestos de la vida y que La dolce vita presenta una radiografía social inmensa, pero, de nuevo, sería muy prolijo referir todo lo que las distingue. Por eso no está de más fijarse en uno de los motivos que Sorrentino tomó de Fellini, el de los amaneceres. Para ello hay que comenzar un poco más atrás. Lo esencial de La dolce vita, desde mi punto de vista, es la sátira del intelectual e impecable Steiner, un personaje que parlotea sobre nobles aspiraciones literarias y regaña a Marcello por frecuentar amistades banales y dedicarse al periodismo del corazón. La parodia se convierte en tragedia cuando este supuesto modelo de sabiduría asesina a sus dos hijos pequeños antes de suicidarse. El genio de Fellini se plasmó al hacer que su protagonista Marcello acompañara hasta el amanecer a todos los personajes importantes de La dolce vita, a todos menos a Steiner. Como símbolo de supervivencia, los siete amaneceres tocan a la película con una gracia especial, y, como motivo que se repite, cumplen la función de señalar a un personaje y dar consistencia a la historia. Sin embargo, en La gran belleza parece que se ha tomado el motivo sin asignarle una función. La consistencia se pierde... hasta que aparece sor María, la Santa, y la película remonta —y mucho— gracias al milagro de los flamencos en la terraza del protagonista, al amanecer.

La escena más icónica de 'La dolce vita' de Federico Fellini: Anita Ekberg y la Fontana de Trevi.

Aquí es donde se percibe claramente esa relación extraña entre las dos películas. Si el suicida Steiner es un ejemplo nefasto pero útil, porque sirve a Marcello para liberarse de la culpa que le provoca su propia banalidad, la Santa sor María es un ejemplo providencial que redime a Jep de la complacencia con que se observa a sí mismo. Marcello y Jep son banales y se liberan, pero mientras Fellini construyó un relato lógico para dotar de un fin a su personaje, Sorrentino ha ofrecido al suyo un final milagroso, primitivo —un deus ex machina—. El efecto, bastante sorprendente, es que la película de 2013 resulta más antigua que la de 1959, y Sorrentino, el hijo cinematográfico, por un momento se convierte en un padre de Fellini. Creo que las misteriosas palabras de la Santa: "¿Sabe por qué como raíces? Porque las raíces son importantes", ayudan a comprender La gran belleza . Pero no menos que las de Garibaldi: "Roma o morte".