Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Orquídeas azules y una princesa de cereza

Emotiva acogida a los representantes de la ONCE en la recepción de los Príncipes a los galardonados

Don Felipe y doña Letizia posan con los galardonados con los Premios Príncipe de Asturias 2013, durante la audiencia que ha tenido lugar esta mañana en el Hotel de la Reconquista de Oviedo.
Don Felipe y doña Letizia posan con los galardonados con los Premios Príncipe de Asturias 2013, durante la audiencia que ha tenido lugar esta mañana en el Hotel de la Reconquista de Oviedo. EFE

Pese al contundente despliegue de seguridad a causa de la manifestación convocada para esta tarde en coincidencia con la entrega de los Premios Príncipe de Asturias, el ambiente de fiesta predomina esta mañana en Oviedo. La gente se agolpa para observar a los Príncipes y a los premiados en sus desplazamientos. Las bandas de gaiteros y grupos folclóricos no paran, toda la ciudad vive en una especie de efervescencia. Por no hablar de que alguna televisión entrevista a los paseantes y les hace cantar Dónde estará mi carro, en recuerdo del finado Manolo Escobar. La estatua de ese ilustre premiado que es Woody Allen parece mirárselo todo con cierta socarronería, al menos de momento, ya  que no le han quitado aún, como viene siendo tradicional, las gafas.

Muchos escaparates de la ciudad muestran referencias a los premios. Las librerías, por supuesto, como la Cervantes, junto a la iglesia de San Juan el Real -donde, por cierto, en 1923 se casó Franco-, con un amplia muestra de libros de o sobre los galardonados. Pero también otros establecimientos, como una pastelería que ha creado un pastel decorado con las imágenes de los ganadores. La pescadería de enfrente del Hotel de la Reconquista, donde se alojan los Príncipes y se desarrollan muchos actos, vende estos días más pescado: el efecto premios, sin duda, aunque acaso hará  falta para explicarlo detalladamente un fino teórico como Higgs o como el físico Juan Ignacio Cirac,  ganador del premio de investigación científica en 2006 y que está por aquí y es autor de esa frase inolvidable: “Cuando no miramos la naturaleza hace cosas muy extrañas”.

En el centro del vestíbulo del hotel, que bullía de gente hace un rato a la espera de la audiencia de los Príncipes con los galardonados, jarrones llenos de orquídeas azules decoraban una gran mesa. Justo por encima, en la galería superior, ha aparecido entonces unos momentos Doña Letizia, ataviada con un elegante y ceñido vestido color cereza. La imagen de las flores y la princesa ha sido digna de unos versos de Rubén Darío. Lo que no era nada poética era la seguridad. Este enviado especial ha forcejeado con unos policías antes de caer en la cuenta de que llevaba la acreditación en el bolsillo.  La audiencia y entrega de las insignias a los galardonados se ha realizado en el salón Covadonga, la antigua capilla del Reconquista, antiguamente un hospicio. En el recinto octogonal presidido –con permiso de sus altezas- por una gran araña de cristal y varias lámparas de cobre, los Príncipes han ido saludando a los premiados que han ido entrando solos o con sus parejas o con ayuda en el caso de los miembros de la ONCE. El vestido de Doña Letizia ha suscitado comentarios: por lo visto ha repetido el que lució el pasado 12 de octubre. Es difícil valorar la circunstancia.

La primera en entrar ha sido la socióloga Sakia Sassen, a continuación Higgs, que parece disfrutar mucho con todo esto  -no en balde es británico- y ha tenido la suerte de que el Príncipe no le ha pedido que le explicara el bosón, pues la cosa se nos hubiera alargado. Muñoz Molina ha aparecido con una sonrisa tímida acompañado de su mujer Elvira Lindo –muy guapa-, con la que ha departido unos momentos Doña Letizia. La fotógrafa Annie Leibovitz ha parecido juzgar la luz del lugar con ojo profesional: seguramente ha encontrado relamido el flou del tul en el lucernario, más propio de David Hamilton y Bilitis que de ella. El cineasta Michael Haneke, que lucía cuello de cisne negro bajo la americana, ha sido el único hombre sin corbata (a excepción de algún periodista que se la ha dejado en el hotel).

La entrada de los representantes de la ONCE, encabezados por su presidente Miguel Carballedo, que apoyaba la mano en el talle de su esposa,  ha sido muy emotiva, especialmente la de la niña Liv Parlee, con la que se han mostrado muy cariñosos los Príncipes. Don Felipe se ha inclinado para aproximarse a la pequeña y casi han podido oírse rechinar los principescos músculos dorsales. A continuación ha entrado María Cristina Lucchese con su perra guía Brizzy –un nombre digno de Jack London-. Los Príncipes no han estado en cambio muy afectuosos con el perro –no serían fans de Rin Tin Tin o Lassie de pequeños o estarían al corriente de que a los canes guía no hay que mimarlos mucho- , que ha parecido marcharse algo decepcionado.