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El periplo teatral de Fito toca a su fin

El bilbaíno finaliza una gira por auditorios dividida en dos por la tragedia de Madrid Arena

La taquilla de sus dos últimos conciertos en Bilbao irá destinada al banco de alimentos

Fito, en un concierto en abril en Madrid.
Fito, en un concierto en abril en Madrid.

Fito Cabrales convocó a sus Fitipaldis hace cosa de un año aprovechando un momento de poca inspiración para concretar una idea que llevaba tiempo rondándole la cabeza: una gira por teatros. Hasta ese momento todos los discos de la banda habían sido publicados con una diferencia de tres años de media entre sí; precisamente los que cumplía su último trabajo, Antes de que cuente diez (2009). Por eso un nuevo tour no era exactamente la clase de noticia que sus fans esperaban, pero poco importó, ya que la buena respuesta del público permitió que la cifra de 21 conciertos en 15 ciudades inicialmente prevista fuera creciendo a golpe de carteles de ‘No hay billetes’ y fechas añadidas hasta un total de 49. Los dos últimos, este fin de semana en Bilbao —5 y 6 de octubre: entradas agotadas desde el primer día—. “Para los que somos de aquí es como si ya hubiéramos acabado porque ya no quedan grandes viajes y al final una gira es más carretera que tocar”, reconoce pocos días antes el músico por teléfono.

“Nos ha venido bien. Me imagino que si hubiéramos hecho una gira de pabellones podríamos haber pinchado la mitad de veces, aunque también cuesta llenar los teatros”. El cambio de emplazamiento respecto a anteriores tours fue recibido con suspicacia por un sector del público que denunciaba una jugada para recaudar más en tiempos de crisis maquillando la menor afluencia de público. El músico tuvo que salir al paso aclarando que la producción del espectáculo resultaba más cara en este tipo de recintos, pero ese no iba a ser su único contratiempo. Habiendo previsto finalizar la experiencia con cinco noches en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid el pasado diciembre, la tragedia de Madrid Arena —cinco jóvenes murieron aplastadas durante una fiesta de Halloween en la que se vendieron entradas por encima del aforo permitido— supuso la clausura del recinto por parte del ayuntamiento obligando a reubicar unas fechas para las que ya estaba todo vendido. “Ahí es cuando teníamos que haber terminado, pero ocurrió esa desgracia y nos dijeron que no podíamos tocar, que se había paralizado todo”.

Vacaciones ahora no. El próximo proyecto que quiero hacer es un disco

Los cinco conciertos pasarían a celebrarse en abril, cuatro meses después. Un final demasiado abrupto para algo preparado con tanto detalle. “Tuvimos que hacerlo todos esos meses después y ya dijimos: ‘No vamos a juntarnos otra vez solo para cinco días”. El cuerpo les pedía seguir y llegaban ofertas de otras ciudades. Por eso, ante la decisión de reanudar la gira se planteaba el dilema de cómo volver a cerrarla. “Un día le digo a Polaco [Xavier Arretxe, mánager del grupo]: ‘Estaría bien acabar la gira en Bilbao, pero me da palo porque ya hemos tocado aquí tres veces. Podríamos buscar una forma de cerrar en casa’. Entonces pensé: ‘¿Por qué no hacemos que las entradas sean para alguien?”. Tras plantear la opción a la banda, finalmente se decidió que la taquilla iría destinada al Banco de Alimentos de Bizkaia.

Pero Fito se ha asegurado de que ningún cabo suelto desvíe la atención de lo que será el fin de fiesta y ha hecho público un documento con las firmas de todos los implicados en la organización, desde los músicos hasta la SGAE, en el que renuncian a cobrar por los conciertos —el Ayuntamiento de Bilbao cede para la ocasión el Teatro Arriaga—, lo que garantiza que toda la recaudación va a parar íntegramente al banco de alimentos. “Es un asunto delicado porque parece que aunque sea benéfico todo puede ser vinculante a algo que te define o te posiciona, pero esto no tiene doble lectura posible. Es alimento para la gente que no tiene comida”.

Las connotaciones económicas y los efectos de la crisis marcarán por tanto la agenda del tour hasta el último día, y más atenuadamente una vez que haya finalizado. “No es que quiera olvidarme o trate de evitar hablar de esta situación. Una de las canciones en las que estoy trabajando sí que va por esa línea. Hay tanto bombardeo que es difícil que no caiga algo, pero no me gusta hablar de estas cosas porque luego a la gente se le queda caruca. Prefiero escribir como si fuera un diario de mi vida; me resulta más gratificante”.

Esa confesión revela que lo que esta gira se ha encargado de postergar no se puede dilatar más. “Vacaciones ahora no. El próximo proyecto que quiero hacer es un disco”, confiesa. Pero a escasos tres meses de que termine este 2013, su nuevo trabajo no llegaría antes del próximo año; cinco después del último. “Tengo ganas, pero el primer paso es ordenar más las ideas y compartirlas con Carlos [Raya, productor habitual y miembro de los Fitipaldis]. Él hace muchos discos, así que tiene una capacidad de trabajo bestial y tiene muy claro cuándo una cosa le entusiasma y cuándo no merece la pena”.

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