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Feria de nimes

Un mano a mano para la reflexión

Manzanares salió a hombros de la plaza francesa y bien pudo acompañarle El Juli si el puntillero no levanta dos de sus toros

José María Manzanares, con la muleta en su faena en Nimes.
José María Manzanares, con la muleta en su faena en Nimes. efe

Manzanares salió a hombros de la plaza francesa y bien pudo acompañarle El Juli si el puntillero no levanta dos de sus toros y enfría el ambiente. Una merecida vuelta al ruedo se le dio al sexto de la tarde, de rebosante calidad desde que hizo acto de presencia en la arena. Acudió largo al capote y Manzanares lo recibió con tres largas cambiadas en el tercio y unas suaves verónicas -sus primeras verónicas en toda la tarde-; empujó en el caballo, galopó en banderillas y embistió como la seda en el tercio final. Y el torero se lució por ambas manos, acompañó con elegancia el largo tranco del animal, imprimió hondura a los muletazos, se gustó y encandiló a los tendidos. La verdad es que la encastada nobleza del toro era de una suprema exquisitez y se encontró con la templanza y el empaque de un torero a la medida. El estoconazo final, en la suerte de recibir, fue el mejor colofón a una faena encantada y almibarada.

Garcigrande / El Juli y Manzanares, mano a mano

Cinco toros de Garcigrande, y uno, el tercero, de Daniel Ruiz, bien presentados, encastados y nobles. Destacó el sexto, que fue premiado con la vuelta al ruedo.

El Juli: estocada trasera -aviso- (oreja); media estocada (ovación); pinchazo -aviso- y estocada (oreja).

José M. Manzanares: gran estocada (dos orejas); metisaca, media -aviso- (ovación); gran estocada (dos orejas y rabo).

Plaza de Nimes. 14 de septiembre. Corrida de feria. Lleno.

Y El Juli, momentos antes, había perdido la segunda oreja tras una faena larguísima, de menos a más, cuajada de altibajos, a un toro codicioso y vigoroso que exigía un mando extraordinario. El Juli tiene poder, pero le costó un mundo hacerse con la embestida. Se le pudieron contar hasta diez tandas, la mayoría de ellas al hilo del pitón, despegadas y ayunas de interés. Consiguió, finalmente, imponer su casta y quedó la impresión de que la acometividad del toro mejoró al torero.

Artístico Manzanares, poderoso Juli, generoso el público en la concesión de trofeos y una reflexión que se impone cuando desaparecen los efluvios del triunfo final.

Primero, una vez más, un mano a mano fue un encuentro descafeinado y edulcorado en el que no hubo competencia ni rivalidad. Ni un solo quite en el toro del compañero en toda la tarde; ni un solo atisbo de combate entre dos. Solo tres opciones en lugar de dos y un puesto que se le hurta a un compañero. ¿Eso es, acaso, un mano a mano?

Y segundo: la corrida de Garcigrande, acompañada por un toro de Daniel Ruiz, estuvo muy por encima de la pareja de figuras. Toros bien presentados, encastados, poderosos, de largas y repetidora embestidas, que plantearon dificultades, como suelen hacerlo los toros bravos. Y Juli y Manzanares naufragaron una y otra vez, perdidos en el encrespado oleaje de la bravura.

El Juli muleteó en el patio de su casa -con suficiencia y sin emoción- al primero, el menos brioso de la tarde; se dejó ganar la pelea por el tercero, un vendaval de casta, al que dio multitud de medios pases destemplados y siempre despegados, y trató de arreglar el desaguisado en el quinto. No en vano celebraba el décimoquinto aniversario de su alternativa en esta misma plaza, de manos de Manzanares padre, a quien brindó uno de sus toros.

Y Manzanares estuvo perdido hasta que salió el sexto. Diluido, insípido y muy irregular ante su primero, al que mato de una magnífica estocada en la suerte de recibir y le concedieron sorpresivamente las dos orejas. Y naufragó, sin ideas y vencido, ante su segundo, que le ganó la partida de principio a fin. Menos mal que salió Furtivo, un alma noble, y le puso el triunfo en bandeja.

En conclusión: que el humo del éxito final no nuble la vista, porque está claro que cuando sale el toro encastado, las figuras muestran sus grandes carencias.

Por la mañana, se celebró un festejo de rejoneo en el que tomó la alternativa Lea Vicens, nacida en Nimes y que ha aprendido en oficio en casa de los hermanos Peralta. Precisamente, el mayor, Ángel, se montó a caballo y la apadrinó en su paso al escalafón superior. Vicens dio la vuelta al ruedo en su primero y cortó una oreja en el último. Paco Ojeda cortó un trofeo y fue ovacionado en el otro. Y Diego Ventura cortó tres orejas y un rabo.