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FERIA DE BILBAO

Fandiño, ¡que tomen nota!

Razones para no otorgarle las dos orejas al torero no hay ninguna, por mucho que se las invente

Iván Fandiño con su primer toro de la tarde.
Iván Fandiño con su primer toro de la tarde.

Y Fandiño se quedó sin puerta grande. ¿Por qué? No lo sabe nadie. Me imagino que ni el presidente de la plaza, uno de los pocos, muy pocos, capaces de no dar las dos orejas a Iván Fandiño en su primer toro. Quizás fue un arrebato del presidente, como esos que les dan a los entrenadores de fútbol cuando llega un partido importante y dan la nota con un cambio en la alineación y la pifian. Pues eso debió de ser, porque razones para no otorgarle las dos orejas no hay ninguna, por mucho que se las invente.

Porque en Bilbao se vio toreo del bueno, del hondo, del macizo, del importante; no la pantomima del toreo moderno, el de pasárselo cuanto más lejos mejor. Quizás fuera eso, que el presidente tuvo un ataque de modernidad y no se dio cuenta de que el toreo de verdad es el de pasarse el astado por la faja y llevarlo hasta detrás de la cadera. Claro, que si el lunes le premió con dos orejas a El Juli por el trasteo más despegado que se puede realizar no podía premiar al vizcaíno de igual manera. Lo cierto es que Matías González, presidente de Bilbao, fue ecuánime: si le pareció que El Juli toreó bien, lo de Fandiño le tiene que parecer malo. No hay vuelta de hoja. Cosas tan diferentes no pueden ser igual de buenas.

JANDILLA / PADILLA, FANDIÑO Y ÁLAMO

Seis toros de Jandilla, bien presentados, aunque algunos justitos, y de buen juego, destacando segundo y tercero.

Juan José Padilla: tres pinchazos y estocada caída (silencio), pinchazo, estocada y cinco descabellos (silencio).

Iván Fandiño: estocada (oreja con fuerte petición de la segunda) y estocada haciendo guardia y descabello (saludos).

Juan del Álamo: estocada (oreja) y estocada (saludos).

Plaza de Vista Alegre. Bilbao, 22 de agosto de 2013. Dos tercios de entrada. Sexta de las Corridas Generales.

El vizcaíno se pasó a su primer toro cerca, tragando en cada muletazo, porque el toro era bravo, pero había que estar muy firme y tocarle a mitad del muletazo para que se rompiese. Hubo derechazos de buen trazo, con mérito, naturales de los que ruge el tendido y un desarme antes de hacer un final de faena con una sensacional tanda por cada mano. Y la estocada, a ley, por delante, sin saltos ni escapadas y hasta la bola. ¿Dos orejas? Pues no, una; vaya usted a saber por qué.

No hubo toreo despegado, ni sacándoselo hacia afuera, ni muletazos en línea recta ni alivios cuando el toro cabeceaba. Ese quizás fue el problema, que hubo mucha verdad. Y no estamos acostumbrados. Por todo eso, se fue Fandiño a pie de la plaza de Bilbao, cuando debió salir en hombros.

Juan del Álamo también sacó buena nota. Le tocaron dos buenos jandillas, con mucho que torear, y aunque pudo sacar más, dio la talla. Le faltó la natural experiencia para solventar la exigente bravura de su lote. En el tercero cortó oreja después de una faena que fue de más a menos, porque comenzó bien, pero había que aguantar mucho en cada muletazo y al salmantino le faltó cuajo para reventar. Normal, es un torero de muy buenas maneras aún por crecer, como lo volvió a demostrar en el sexto, con el que quiso pero no acabó de imponerse.

Entre ellos, actuó Juan José Padilla, una triste caricatura de aquel valeroso y potente torero. No tiene las mínimas facultades físicas como para enfrentarse a un toro y se notó.