Las virtudes de una vida solitaria

Los australianos Tame Impala han hecho de la psicodelia un género vivo

El cuarteto de Perth Tame Impala. Kevin Parker, su líder, compositor y vocalista, es el tercero por la izquierda.
El cuarteto de Perth Tame Impala. Kevin Parker, su líder, compositor y vocalista, es el tercero por la izquierda.

“Supongo que los halagos me desquiciaron un poco, y terminé diciendo cosas que no debía en entrevistas en las que debes promocionarte. Claro que pienso que he grabado un buen disco”. Kevin Parker (Sydney, 1986) se ha levantado sin resaca por primera vez desde que arrancó su gira europea para poner en orden algunos recientes ataques de sinceridad. El hombre, líder del combo de pop psicodélico Tame Impala, sufrió hace un par de meses un cortocircuito y, harto de que le recordaran lo bueno que era su último disco, Lonerism,y en cuántas listas de lo mejor de 2012 aparecía, empezó a pregonar que no era tan bueno.

En un punto indeterminado “entre Bélgica y Polonia”, Kevin responde al teléfono desde una cuneta minutos después de que se haya averiado el autobús que le traerá a Madrid para actuar en La Riviera el 13 de julio. “Supongo que ya no me apetecía seguir buscando la empatía del oyente. Es una reacción natural. Me pasé mis primeros años pensando que no podía ser que fuera tan malo, que debía haber más gente a quien le gustara lo que hacía. De golpe, me encontré en la situación opuesta: ‘¿Qué hacen todos estos diciendo que soy bueno?”.

En realidad, no se trataba de la primera ocasión en que se celebraba la excelencia de este australiano enamorado del pop más comercial que afirma tener escrito un disco entero para Kylie Minogue, o para cualquier diva que esté dispuesta a comprárselo (“no lo regalo, es demasiado bueno”). Dos años antes, su primer largo, Innerspeaker, había sido incluido en la lista de los 100 discos más influyentes de la historia del pop australiano. Pero lo que podía haber sido una rareza, un capricho de parte de la prensa, se convirtió en un clamor casi universal.

Mezclado de nuevo por Dave Fridmann (Flaming Lips), y con Todd Rundgren, Supertramp y los Beatles de Revolver como referentes, el disco amagó con liderar un renacer de la psicodelia, algo que hubiera resultado trágico para Parker. “Suponer que el álbum es retro es falso. Por primera vez he trabajado con ordenadores, el sonido es actual. No hay vocación de rememorar nada. Para mí el álbum puede ser psicodélico porque habla de estados alterados de la mente, pero no pertenece a una tradición”, aclara el australiano. “Para mí, crear es estar solo hasta que se pierde la cabeza. Algunos piensan que soy así porque vivo en Perth, pero te digo que sería capaz de aislarme en el centro de París”, aclara. No por nada su primer disco contenía un tema titulado La soledad es una bendición y este segundo se articula alrededor de las bondades de no tener nadie cerca. “Trabajo mejor solo y casi siempre vivo mejor solo. Con el tiempo he aprendido a relajarme más con otras personas. No quiero que se piense que soy un bicho raro, pero estoy mejor solo. En este negocio hay demasiados gilipollas como para declararse fan del ser humano, ¿me entiendes? Lo único bueno del asunto es que, con el tiempo, mi banda y yo hemos aprendido a evitar a todos los imbéciles. Si me hacen una pregunta estúpida en una entrevista, ya sé cómo zafarme”.

¿Cuál es el mejor concierto que has dado nunca?, se inquiere a modo de prueba. Un par de segundos de silencio y… “Perdona, tengo otra entrevista y debo colgar. Adiós”. Menos mal que no se le preguntó por su color favorito.

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Sobre la firma

Xavi Sancho

Forma parte del equipo de El País Semanal. Antes fue redactor jefe de Icon. Cursó Ciencias de la Información en la Universitat Autónoma de Barcelona.

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