PURO TEATRO

Anclaos en Madrid (y notas del Grec)

'En construcción' ha sido una de las sorpresas de la temporada en el Teatro del Arte, en Madrid Escrita y protagonizada por Carolina Román y Nelson Dante, la obra está dirigida por Tristán Ulloa

Carolina Román y Nelson Dante, en la obra 'En construcción'.
Carolina Román y Nelson Dante, en la obra 'En construcción'.Beatriz Carrera

A menudo vas al teatro para ver funciones que abren ventanas a paisajes desconocidos, textos con misterio que plantean una pregunta que ignorabas o que habías olvidado, pero a veces te atrapa una función cuya pretensión esencial es algo tan “antiguo” y tan difícil como retratar la vida, los afanes cotidianos, la lenta mutación de los sentimientos. En construcción, que lleva dos meses llenando el madrileño Teatro del Arte, es esa rarísima avis: una obra realista. A primera vista parece una puesta al día de aquellas piezas “para emigrantes” que hicieron furor en los barrios judíos o italianos de Nueva York a principios del veinte. A mí me ha recordado un poco también a Gris de ausencia, de Roberto Cossa, o a los monólogos de Un trozo invisible de este mundo, de Juan Diego Botto, porque con ellas comparte el tema central del desarraigo permanente, de estar siempre a caballo entre dos patrias, asunto imbricado aquí en un emotivo relato sentimental cuya imagen sería aquella barca del amor imaginada por Maiakovski, rompiéndose contra los escollos de la vida cotidiana.

Cuenta su director, Tristán Ulloa, que En construcción nació hará siete u ocho años en una milonga del barrio de las Letras que llevaban dos intérpretes argentinos, Carolina Román y Nelson Dante, y en la que daban clases de tango. Habían escrito un texto breve, de apenas veinte minutos, donde se contaba la peripecia de una pareja, Sole y Pablo, que llegaban a Madrid huyendo del corralito, sin trabajo y con un bebé a cuestas. La obra, montada por Ulloa, se representó en otra milonga y conectó con el público de modo inmediato, y Microteatro por Dinero les abrió luego sus puertas el pasado septiembre. A raíz del éxito, ampliaron el texto, situándolo en nuestro presente y armando una eficaz estructura de idas y venidas en el tiempo y en el espacio, entre Madrid y Buenos Aires, y esa es la función, de una hora y media aproximadamente, que se ofrece en el Teatro del Arte. Los protagonistas, pues, no son unos recién llegados que tratan de abrirse camino (eso se nos narra en uno de los muchos flashbacks) sino que llevan varios años viendo como su situación se vuelve día a día más precaria, hasta que el retorno deja de ser un fantaseo nostálgico para convertirse en un imperativo que dividirá a la pareja.

Es un texto que combina el humor, la crónica crítica, los trabajos cada vez peores, la alegría y una melancolía creciente

En construcción es un texto que combina el humor (las diferencias de costumbres), la crónica crítica (las sucesivas humillaciones, los trabajos cada vez peores), la alegría (los brotes de solidaridad, como un sol repentino) y una melancolía creciente, que alcanza su culminación en la preciosa escena de la última conversación telefónica, con el toque conmovedor del gato chino. Están muy bien perfilados esos dos amantes que se adoran pero no pueden vivir juntos: Sole, sensata y endurecida porque hay que adaptarse para salir adelante y mantener a una hija, y Pablo, empecinado en no renunciar a sus sueños. Tengo la impresión de que es más rico y con más matices el personaje de ella, y quizás él un tanto atado al dibujo de “irresponsable encantador”, pero están poderosamente interpretados, con sutileza y verdad, por los propios autores. Tristán Ulloa, que debuta en la dirección, demuestra una mano muy afinada en el tono íntimo, y sabe hacernos ver en cada salto en el tiempo la exacta situación emocional de ambos, cosa nada sencilla. Los diferentes espacios están sugeridos por la escenografía mínima, casi desnuda, de Alexandra Alonso, estupendamente complementada por las luces de Eduardo Chacón y las imágenes, filmadas por David Ulloa y Daniel Ortega, de un Madrid tan invernal, bello e inhóspito como el de Los ilusos, de Jonás Trueba. Pienso que algún recorte no le vendría mal al texto (la canción de Drexler que canta Nelson Dante es bonita pero no imprescindible), y la puesta del tango final, un poco relamida, choca con la sobriedad del resto.

Empiezo a anotar funciones de verano. No se presenta mal el Grec barcelonés, concentrado en el mes de julio. Aquí va una selección telegráfica: cata a ciegas, porque la mayoría son estrenos. Abre Mario Gas con El veneno del teatro (Romea, 2 al 13) de Rodolf Sirera, que ya se vio en los Teatros del Canal, protagonizado por los espléndidos Miguel Ángel Solá y Daniel Freire. Del 2 al 4, en el Mercat, Three Sisters Android Version. Oriza Hirata e Hiroshi Ishiguro ambientan la pieza de Chéjov en un pueblo japonés del futuro: una de las Tres Hermanas, sorpresa, es un androide. Del 3 al 28, en la sala Muntaner: Alma i Elisabeth: Victòria Szpunberg adapta Persona, de Bergman, con Mònica López y Marta Marco a las órdenes de Magda Puyo. Del 4 al 28, en la Beckett: George Kaplan, la nueva obra de Fréderic Sonntag, una presunta intriga à la Rivette que dirige Toni Casares. Del 5 al 7, uno de los posibles platos fuertes, en el Lliure: Toneelgroep Amsterdam, el grupo de Ivo Van Hove, mezcla Coriolano, Julio César y Antonio y Cleopatra en las casi seis horas de Tragedias romanas (2007), que llega precedido de rendidas críticas. Del 11 al 14, en el Teatre del CCCB, Montaldo, una nueva entrega del siempre sorprendente Ernesto Collado y su Fundación Collado-Van Hoestenberghe. Del 12 al 14, en el Lliure, Emmanuel Dermacy-Mota, director del Théâtre de la Ville de París, presenta su aplaudida versión Rinoceronte, presentada en 2004: la cumbre de Ionesco siempre suele volver en circunstancias pertinentes. Del 17 al 19, en el Lliure, Hate Radio, del suizo Milo Rau, que reconstruye las emisiones de la radio ruandesa que propiciaron la masacre tutsi de 1994. Del 24 al 27, en el Romea, El viento en un violín, de Claudio Tolcachir, para todos a los que se les escapó a su paso por el Español y por Temporada Alta. Del 25 al 28, en el Teatre del CCCB, Jo Mai (chicos y chicas quieren montar grupo de rock y familia ideal en un bar en ruinas), el esperado nuevo espectáculo de Iván Morales y la compañía Prisamata tras Sé de un lugar. Del 26 al 28, en el Lliure, Lebenstraum, con el cómico Jakop Ahlbom, al que presentan como “rey del slapstick”. Y también del 26 al 28, en el Grec, Fuegos, de Marguerite Yourcenar, con Carmen Machi, Cayetana Guillén Cuervo, Nathalie Poza y Ana Torrent, a las órdenes de José María Pou, que se habrá presentado pocos días antes en Mérida. No se acaba el verano en el Grec, por supuesto: quedan muchos festivales. Seguiremos informando.

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