crítica de 'stoker'
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Violencia genuina

En las manos de Park Chan-wook estamos ante una acumulación de detalles formales que casi no admite comparación

Nicole Kidman y Mia Wasikowska, en el filme.
Nicole Kidman y Mia Wasikowska, en el filme.

Noticia de alcance en el mundo de los estrenos semanales: hay una película que no se parece a nada que haya visto usted antes. Por mucho que se llame Stoker, poco tiene que ver con el universo del autor de Drácula. Por mucho que el personaje masculino se llame Charlie, sea el tío de la joven protagonista femenina, venga de no se sabe dónde, actúe de modo inquietante y haya un ramalazo incestuoso en el comportamiento de ambos, nada tiene que ver con La sombra de una duda y con el universo Hitchcock. Eso son homenajes verdaderos, simples guiños para entendidos, con poco alcance dentro del engranaje sistémico de la película, lejos de la copia, las referencias y hasta el reciclaje. Por no parecerse, esta primera película estadounidense del coreano Park Chan-wook ni siquiera se asemeja demasiado a su obra anterior, a la inmensa Old boy (2003), a Sympathy for Mr. Vengeance (2002) y Sympathy for lady Vengeance(2005). Stoker es genuina e insólita. También un ejercicio de manierismo en el alambre del exceso. Un obra minimalista en su fondo, sostenida únicamente por la puesta en escena.

A pesar de establecer apuntes, más que reflexionar, sobre temas tan trascendentes como el descubrimiento de la sexualidad, el poder de la sangre y el legado de la demencia, en manos de casi cualquier otro director, el guion de Stoker hubiera podido convertirse en una nadería no lejos de ciertas estupideces sanguíneas para adolescentes. En las de Chan-wook estamos ante una acumulación de detalles formales que casi no admite comparación. ¿Demasiados? Quizá sí, porque una película resulta insostenible si siempre está en la cúspide, si no hay respiro para el espectador, si casi en cada plano su autor quiere demostrar su maestría. Y quizá no, porque apenas hay caídas en su creatividad: con la puesta en escena, con el color, con las formas, con los símbolos, con su magia, con su fuerza, con su ritmo hipnótico, con la turbadora banda sonora de Clint Mansell. Detalles meridianos y otros casi imperceptibles para el no especialista, como esos planos con infinito aire en la parte superior y el personaje apostado en la esquina inferior izquierda del encuadre, la más molesta, mientras la parte central y derecha están absolutamente limpias.

Stoker, eso sí, es una película difícil, que incluso puede resultar compleja para una parte del público, sin serlo sobre el papel. Pocas secuencias y muy largas, trama mínima, pura filigrana técnica y, en fin, un relato que no se puede contar, que solo se puede ver. Park Chan-wook aterriza en EE UU legando un puñado de secuencias memorables (todos los asesinatos, la pieza de piano a cuatro manos, el cinturón cual anaconda en celo…). Con la valentía de los grandes y con un ejercicio de estilo sobre la poética de la violencia que quizá no sea un éxito de público pero que se convertirá con toda probabilidad en película de culto.

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