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Halil Altindere: ironías turcas

El creador expone en Móstoles su arte conceptual de contenido sociopolítico

La muestra se puede ver en el Centro de Arte Dos de Mayo

Una imagen del vídeo 'Espejismo', de 2008. Ver fotogalería
Una imagen del vídeo 'Espejismo', de 2008.

Pasó el tsunami turco de Arco y en pie quedó el arte irónicamente conceptual de Halil Altindere. El creador turco, una de las cabezas más visibles de la cada vez más vibrante escena de Estambul es hasta principios de junio objeto de una retrospectiva en el Centro de Arte Dos de Mayo (CA2M), en Móstoles. La obra de Altindere coquetea con conceptos como la globalización, autorreferencias al mercado y la ironía para construir un discurso siempre proclive a las dobles (o triples) lecturas. El díptico formado por A mi madre le gusta el pop art porque es colorido y A mi madre le gusta el arte Fluxus porque es antiarte recibe a los visitantes en el museo como un buen ejemplo de ello: en ambas fotografías, la progenitora del artista sostiene vestida con atuendo tradicional catálogos de las dos corrientes artísticas. Según Ferran Barenblit, director del centro y comisario de la muestra, el conjunto habla del cambio del mapa de poder en el mundo del arte: “Ella, que era absolutamente invisible, ostenta el poder en oposición a los hombres occidentales blancos, los comisarios que han dominado el negocio desde hace demasiado”.

Una escultura hiperrealista de un vendedor de cera de auténticos bolsos falsificados abre a un lado de las fotografías un recorrido en el que el comentario sociopolítico se desliza con frecuencia. Como en Sistema telescópico, racimo de cámaras de vigilancia chapadas en oro, o en El retrato del jeque, instalación con un óleo que esconde una caja de caudales. En Bailando con tabús, con la que participó en la Bienal de Estambul, se puede ver un carnet de identidad ampliado en cuya foto Altindere se tapa la cara sobre su fecha de nacimiento: 01-01-1971. “No, no nací en año nuevo. Es que el gobierno de mi país”, explicó el artista recientemente en un turco traducido al inglés por su pareja y galerista, “consignaba la fecha de nacimiento de los kurdos como yo el uno de enero, como si no hubiese lugar a la diferencia entre nosotros”.

Su dominio de las técnicas (se expresa en vídeo, escultura, pintura o fotografía, aunque su fuerte sean las instalaciones) le convirtió en todo un referente en la pujante escena de Estambul de cambio de siglo. También, debido a su importante labor como comisario y editor de revistas, trabajo este último por el que acabó en cierta ocasión en los juzgados. Su labor en ambos campos se repasa en una sección del CA2M, presidida por un diagrama en el que se dibuja a modo de constelación la “red de artistas participantes en exposiciones comisariadas por Halil Altindere”.

Frente al panel, se detallan las circunstancias de una intervención en la dOCUMENTA 12, que, sencillamente, no pudo ser. La pieza se iba a titular 15 minutes of freedom e iba a consistir en la fuga de la cárcel de Kassel de un preso agarrado a las barras inferiores de un helicóptero aprovechando una laguna legal del sistema penitenciario alemán. Tampoco fue posible crear una obra específica para esta muestra, pensada para colocar a la puerta del centro de arte: un coche de la policía nacional sin sus cuatro ruedas y sostenido por unos ladrillos, tal y como lo habrían dejado unos quinquis.

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