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Peter Pan es un ‘ni-ni’

The Cross Border Project convierte al personaje en reflejo de la generación perdida en España

Una escena de la representación de 'Perdidos en Nunca Jamás'.
Una escena de la representación de 'Perdidos en Nunca Jamás'.

Ni estudia ni trabaja. No tiene oficio ni beneficio, solo una anémica predisposición a vivir a costa de sus padres, del Estado, o de cualquiera que tenga a bien cubrir sus necesidades. En esta tierra de Nunca Jamás llamada España, Peter Pan, ese chaval que se niega en redondo a hacerse mayor, sigue viviendo en la casa familiar, apoltronado en el sofá viendo la televisión y exigiendo desde la apatía y la indolencia un futuro que no se ha llegado a ganar.

También en el hogar paterno, en su caso de vuelta, su amiga Wendy, periodista de formación, vive una situación radicalmente opuesta: a pesar de sus estudios, de sus esfuerzos y sus ganas de crecer, personal y profesionalmente, no ve salida para poder ejercer de lo suyo. Casi tampoco de cualquier otra cosa. De ahí ese involuntario regreso al nido y esos trabajos que, muy a su pesar, y contraviniendo toda lógica laboral, se ve abocada a realizar gratuitamente con el fútil propósito de engordar su currículo antes de tomar por fin la decisión: hacer las maletas y emprender la fuga a un mundo mejor, a algún lugar remoto donde quizá los sueños sí puedan hacerse realidad.

Inspirada en la celebérrima creación de James M. Barrie Perdidos en Nunca Jamás, una producción de The Cross Border Project que se estrena el viernes 12 de abril en el teatro Circo de Murcia y que se trasladará a Valladolid el 27 de este mes, donde se representará en la sala Concha Velasco del LAVA, revisita la historia fantástica desde una perspectiva dolorosamente cercana y real, la de un país en el que la juventud se ve obligada a elegir entre dos vías igualmente indeseables por forzosas: la de la inacción o la de la emigración.

"Es una adaptación de Peter Pan para adultos, en la que hemos recuperado el espíritu original de Barrie frente a la versión de Disney, que es la que más se conoce", explica Lucía R. Miranda, directora de la compañía. Mientras que en el cine el eterno niño se retrató como un personaje "fantástico y rebelde", en la historia de principios del siglo pasado, que se estrenó precisamente como obra teatral, este, como explica Miranda, "es alguien que no quiere trabajar ni ser nada de mayor, mientras que Wendy es la verdadera protagonista".

"Hemos recuperado el espíritu original frente a la versión de Disney", dice la directora

Ayudados por una de las principales expertas en la figura de Peter Pan en España, Silvia Herreros de Tejada, que ha realizado la dramaturgia en colaboración con la compañía, han querido crear una pieza que, desde lo lúdico y lo onírico, sirva como crítica de una situación para la que, en contra de todo indicio, desean fervientemente ver un haz de esperanza al final del túnel. "Es un preguntarnos qué hacer ante una situación a la que no entendemos cómo hemos llegado". Proveniente de Nueva York, donde residía hasta hace un año, Miranda, recién estrenada en la treintena, ideó la función basándose en su propia experiencia: "Cuando volví de aquella ciudad donde todo es posible, me encontré con este país de Nunca Jamás trabajarás en lo que estudiaste, en el que ni yo ni mis amigos podíamos crecer", cuenta. "De ahí esa idea de la generación perdida".

Garfio

Al malo de la película, el capitán Garfio, ellos no le han querido poner nombre. "En la obra tenemos tres Garfios gigantes, que representan muchas cosas: desde los políticos a la economía o la ausencia de un sistema meritocrático", detalla. "No hay un malvado personificado, sino un conjunto de cosas que no funcionan". Los padres de Wendy, los señores Darling, también se ven reflejados en la pieza a través de la voz y la opinión de los propios progenitores de los miembros del equipo y sus amigos. "Con el apoyo de la sonidista Déborah Gross, de la webradio Radio Sures, hemos creado unos documentales sonoros que forman parte de la obra en los que nuestros padres hablan sobre las expectativas que tenían tanto para ellos como para nosotros, porque sus sueños y su desilusión van ligados a los nuestros, estamos vinculados".

Sin subvenciones y ensayando por las noches, en sus horas libres, The Cross Border Project ha colaborado en este proyecto con el colectivo Basurama, un grupo de arquitectos que trabaja con desechos para producir arte y que ha realizado la escenografía de la función, que también presenta música en directo. "Barrie hablaba de que cuando alguien no cree en las hadas, una de ellas muere. Yo me preguntaba a dónde irían esas hadas muertas, y lo que hemos hecho es convertirlas en un coro que canta en un bar, donde ellas son las camareras y además montan números musicales que ocurren en la imaginación de Wendy".

Con solo otro título más en su trayectoria, De Fuenteovejuna a Ciudad Juárez, la joven compañía apuntala con esta segunda propuesta su línea de trabajo: la de la implicación política y social. "Partimos del teatro y la educación, y realizamos tanto teatro-foros como espectáculos más grandes". Para agradecer al público su presencia y su apoyo, la pieza ofrece algo más que una representación desde el escenario: "Los actores reciben a los espectadores en el hall, y cuando terminamos hacemos allí una fiesta, porque creemos que es importante estar con la gente y agradecerles que se gasten el dinero en nosotros".