El animal como obra de arte

Caballos, perros, conejos o pájaros protagonizan cada vez con más frecuencia polémicas obras contemporáneas presentes en ferias y galerías

Una de las obras premiadas, 'Pigeon d’Or de Tuur Van Balen'.
Una de las obras premiadas, 'Pigeon d’Or de Tuur Van Balen'.

La presencia de animales vivos en las obras de arte está viviendo un nuevo auge. Aunque en la mayoría de los casos esto no constituye un peligro para su salud, la tendencia ha vuelto a despertar la ira de los grupos animalistas más radicales e intransigentes.

La obra 'May the Horse Live in Me de Art Orienté Objet'.
La obra 'May the Horse Live in Me de Art Orienté Objet'.

Lo demuestra la agresión sufrida hace unos días por el artista belga Jan Fabre, culpable de haber provocado leves heridas a unos gatos durante el rodaje de un vídeo sobre su trayectoria. El artista, conocido por utilizar en sus obras insectos, pájaros y felinos, quiso homenajear la célebre fotografía de Philippe Halsman, Dali atomicus, que retrata al pintor rodeado de gatos volantes. Fabre intentó reproducir la performance de Dalí, danzando en las escaleras del Ayuntamiento de Amberes, mientras unos colaboradores lanzaban los gatos en el aire a un par de metros de altura. El ejercicio no entrañaba riesgos y las escaleras habían sido protegidas, pero dos de los felinos resultaron levemente heridos y esto fue suficiente para desatar una reacción despropositada. Además de la agresión física, Fabre recibió miles de e-mails insultantes, dos demandas por maltrato animal y la prohibición de continuar el rodaje en el zoo y otros lugares públicos de Amberes. El artista, que se ha disculpado públicamente por el involuntario percance, asegura que se trata de un ataque político, ya que la autorización para el rodaje había sido concedida por el anterior consistorio socialista, actualmente sustituido por el Partido Nacionalista Flamenco.

Este año en la Documenta de Kassel, la gran cita quinquenal del arte contemporáneo, había una instalación, Dog runs del canadiense Brian Jungen, que permitía el acceso sólo a los visitantes acompañados por un perro. Sustituir el punto de vista antropocéntrico era también el mensaje de la instalación de Pierre Huyghes, que empleaba abejas y un perro blanco con una pata pintada de rosa. A pesar de que el pobre estaba en los huesos, nadie se quejó, mientras que años antes las obras experimentales de Eduardo Kac, levantaron una enorme polémica. El artista brasileño creó varias piezas, que denominó trangénicas, inoculando el gen de la medusa en otros animales, empezando por la conejita Alba, para que brillaran en la oscuridad de verde fluorescente. Creada para poner de manifiesto los riesgos de la ingeniería genética y los experimentos transgénicos, Alba protagonizó toda una serie de obras, antes de convertirse en la mascota de los hijos del artista.

Parte del nuevo auge que viven los animales en ámbito artístico se debe a los creadores que trabajan con nuevos medios, como demuestran los Premios Vida, de arte creado con técnicas y conceptos de vida artificial, que convoca la Fundación Telefónica de Arte y Tecnología. “Este año se ha verificado un interesante giro hacia lo bio, hemos recibido muchos más proyectos centrados en temas de bioarte, biología sintética y demás”, explica Mónica Bello, presidenta del jurado internacional, que ha concedido el primer premio de 18.000 euros a Pigeon d'or del belga Tuur Van Balen, un proyecto que pretende convertir los excrementos de las palomas en detergente. Además de realizar una investigación para modificar el metabolismo de los pájaros mediante la biología sintética, Van Balen, que utiliza el diseño para analizar las implicaciones políticas de las tecnologías emergentes, está desarrollando una serie de estructuras para que las palomas puedan integrarse armoniosamente en la arquitectura urbana. También el tercer premio de Vida, dotado con 8.000 euros, ha recaído en una obra de este tipo, May the horse live in me del colectivo Art Orienté Objet, que mezcla arte biológico y body art extremo. La obra consiste en un ritual, durante el cual la artista se inyecta plasma de caballo, “asumiendo el riesgo de la hibridación orgánica con otra especie para expresar la voluntad de rematerializar el arte, evitando la representación para llevar a cabo el proceso vivo y real, en este caso en el cuerpo humano”, según explican. Pájaros vivos y además creativos protagonizan Poo printer de Fabrizio Lamoncha, una impresora de tipografía generativa, que utiliza los excrementos de aves, ganadora del premio incentivo a la producción iberoamericana.

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