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'IN MEMORIAM'

Jaume Josa, la voz humanista de la ciencia

Al margen de su trabajo como científico y divulgador, fue un firme defensor de la fiesta taurina en Cataluña

“La muerte hace justicia; de otra forma, los malvados no morirían nunca”, nos alegraba el poeta vanguardista Joan Brossa, con quien el científico e investigador Jaume Josa Llorca mantuvo comprometida amistad. Un cáncer de páncreas terminó con la vida de Josa el domingo por la mañana, a los 67 años. Además de ilustre científico fue erudito, un gran sabio convertido en ameno divulgador de la historia de la ciencia y amigo de artistas y de toreros.

“Todavía no hemos traspasado las puertas del infinito”, nos comentó Antoni Tàpies, gran conocedor de la ciencia contemporánea. Para Josa, que vivía inundado de libros y folletos de Darwin, formamos parte de una cadena en continuidad. Nadie en España ha hecho tanto para dar a conocer, propagar y polemizar sobre la teoría de la evolución. De hecho, tras el darwinismo, se interesó por la metodología que se desprende y una gran idea política: “Entender la historia común que une a todos los seres vivos”.

Jaume Josa i Llorca (Barcelona, 1945) fue hijo de maestros de la República, depurados y expulsados del cuerpo docente, que no fueron rehabilitados hasta el primer Gobierno socialista. Comprometido en los valores del civismo, entró en política con el Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Barcelona (SDEUB) asistiendo a su asamblea constituyente. Se doctoró en Ciencias Biológicas y su tesis doctoral ya versó sobre Historia de la Biología (el naturalista francés Buffon), disciplina de la cual fue profesor en la Universidad de Barcelona. Estudió el trabajo enorme y dinámico que se ha hecho sobre la investigación y la enseñanza de la biología en las escuelas y universidades de Reino Unido.

Nunca entendió que la teoría de la evolución fuera un dogma, y menos aceptaba que la polémica entre ciencia y religión, como la actual de los creacionistas sobre diseño inteligente, estuviera disfrazada de genética, alimentada más por posiciones previas que científicas. Prologó y anotó El origen de las especies en distintas ediciones, así como el Diario de un naturalista alrededor del mundo, del mismo autor. Su última aportación fue la edición, junto con Alberto Gomis, de la Bibliografía crítica ilustrada de las obras de Darwin en España (2007), en las cuatro lenguas del Estado. Su vastísima erudición, reconocida por todos, era igual de apreciada que su finísimo humor de corte antiguo.

Fue director general del Servicio de Publicaciones y delegado en Cataluña del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) y actualmente era investigador del Departamento de Historia de la Ciencia en la Institución Milà i Fontanals. También fue miembro de la Comisión para el Estímulo de la Cultura Científica en el Departamento de Cultura de la Generalitat, desde la cual realizamos juntos la exposición Del Anís del Mono a las autopistas de la información y colaboró estrechamente en In vitro: de las mitologías de la fertilidad a los límites de la ciencia, en la Fundación Miró de Barcelona. Levantando puentes entre las humanidades y las ciencias, fue impulsor del Jardín Botánico de Montjuïc, en colaboración con el Ayuntamiento de Barcelona. Asimismo, dirigió la prestigiosa revista científica francesa La recherche en su edición española, Mundo científico.

Amigo y asesor de los cantautores Gato Pérez, La Voss del Trópico y Jaume Sisa, y gran aficionado a los toros, hasta el extremo de dar su voz en el Parlament de Catalunya como ponente en su defensa de las corridas. Su último viaje fue para asistir a la corrida de José Tomás en Nimes. Su último gesto: dar su cuerpo a la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona.

Vicenç Altaió es escritor y director de Arts Santa Mònica.