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CRÓNICA (SIN) VERGÜENZA

Benidorm: verlo para creerlo

Viajamos durante el festival Low Cost a la ciudad de los extremos: de los trucos eróticos de Vicky Leyton al viejo acordeón de María Jesús

Una mole de apartamentos en Benidorm.
Una mole de apartamentos en Benidorm.

Benidorm es una entrañable y adictiva ciudad de obligada visita —al menos una vez en la vida— con una desquiciada arquitectura de imponentes rascacielos que llegan a pie de playa. Eso ya lo sabían. Detengámonos pues en los contrastes extremos que ofrece. Radicalmente extremos, se lo aseguro. A un lado tenemos a María Jesús y su acordeón; al otro, a Vicky Leyton y su vagina. Ahora verán.

A María Jesús ya la conocen: se hizo famosa hace 31 años gracias a la canción de Los Pajaritos. Desde hace 40 actúa cinco veces a la semana aquí en la cafetería Arenas en pleno paseo marítimo de Benidorm. De abril (“cuando empieza a llegar el Imserso, mi público”, asegura) a octubre.

Hoy, domingo, a las 23.00, los jubilados se arremolinan expectantes en la puerta. Hay una bola de espejos y fotos descoloridas de platos combinados. María Jesús sube al escenario, agarra su acordeón (el original lo subastó junto al baúl de Concha Piquer para recaudar fondos contra el sida en un programa de televisión de Raffaela Carrà) y arranca su actuación con un pasodoble español.

A veces toca Paquito el Chocolatero, El sitio de Zaragoza, El Candil… “Pero siempre dejo La canción para el final”, explica María Jesús. “No me ha ido mal. Con Los Pajaritos he ganado menos dinero de lo que muchos piensan y más de lo que muchos creen”, dice misteriosa con una cándida sonrisa.

A la misma hora, a pocos metros de allí, en la llamada zona guiri (luego tendrán una descripción oportuna) actúa Vicky Leyton. Atención, aviso serio: si son aprensivos no lean los dos siguiente párrafos.

Vicky es canaria, ronda los 70 años y como antagonista de María Jesús —como el Joker de Batman—, es otro de los personajes más representativos de la ciudad. La leyenda, le llaman. Su espectáculo consiste en (último aviso: si son propensos al desmayo, salten un par de párrafos) sacar objetos de su sexo: botellines de Cocacola, velas gigantes, bombillas encendidas y (¡ay!) cuchillas de afeitar auténticas. Al final —¡tachán!— también saca un ramo de flores. Prometo no ser demasiado preciso en los detalles: estamos en el bar The Rose & Crown y el público es distinto al de María Jesús.

Un grupo de turistas ingleses de vacaciones en la ciudad.
Un grupo de turistas ingleses de vacaciones en la ciudad.

A Vicky vienen a verla, sobre todo, jóvenes inglesas y jóvenes ingleses, la mayoría de ellos rapados y con camisetas de mangas. Todos beben cerveza. Suena Carmina Burana y aparece Vicky Leyton, que se desnuda para hacer su espectáculo de poco más de 20 minutos. “Sí, las cosas salen de ahí”, confirma Vicky al terminar su actuación mientras se dirige junto a su hija al bar siguiente donde repite el momento, desde hace 30 años, varias veces por noche los siete días de la semana (dice que solo libra en Nochevieja). “Evidentemente como en toda magia hay un truco”, continúa. “Yo era bailarina clásica en Barcelona, pero en la Transición, con la apertura y el destape tuve que reciclarme. En los clubs solo querían espectáculos eróticos y un amigo mago me dio esta idea. Esto no es un número sexy sino de magia”. Es cierto. Hay más de circense que de erótico en el show. Hay algo desasosegante, es cierto, pero es la misma sensación que se tiene al ver a un faquir en acción. ¿Siguen ahí? Se acabaron los párrafos comprometidos. Si lo de María Jesús ocurre en el abarrotado paseo marítimo de Benidorm, donde por la noche los trileros se mezclan con los bailes de Tercera Edad y gente corriente paseando en pantalón corto y chanclas, lo de Vicky Leyton se desarrolla en la zona guiri, un alucinante (en el peor sentido de la palabra) universo dentro de Benidorm. Actuaciones de falsas Amy Winehouse o un Michael Jackson (muy) bajito. También hay neones de clubs de striptease y algún que otro toro mecánico con forma de pene gigante. Surrealista, kitsch, chabacano… llámenlo como quieran. Hay que verlo.

Hay un último contraste en la ciudad. Este fin de semana se ha celebrado el Low Cost, uno de los festivales de pop rock más interesantes del verano. Tres días, casi 40 bandas, 20.000 personas y una interesante piscina VIP que han dejado varias certezas irrefutables. Como que La Casa Azul, el grupo de Guille Milkyway, excandidato a Eurovisión y excompositor de jingles publicitarios, tiene el mejor directo actual de la música española; también que, si bajas la guardia, las canciones de amor de Iván Ferreiro provocan severos pinchazos en el corazón; que Supersubmarina y Fuel Fandango arrasan sobre el escenario y que Lorena Castell, reportera de la televisión musical Sol Música, tiene una sonrisa increíble. También que los dos grupos cabeza de cartel, Suede y Placebo (actuaron viernes y sábado respectivamente) conservan un más que brillante directo aunque se les haya pasado el arroz.

Benidorm es una ciudad extraña, y más con resaca. Aunque no hace falta tenerla para sacar conclusiones. “El año pasado estuvimos aquí actuando”, dijo el domingo por la noche Pucho, cantante de Vetusta Morla al final de su concierto. “Y este año se han construido todavía más edificios. Hay algo que se nos escapa en todo esto”.

Acto seguido el grupo tocó El hombre del saco, una severa crítica a los que manejan los hilos. Un buen derechazo. Mejor quedarse con el divertido vídeo promocional que el festival rodó como reclamo, donde varios jubilados viven su particular vida loca a ritmo de canciones pop. No esperes a viejo para ir a Benidorm, se llamaba. Tiene toda la razón del mundo y si coincide con el Low Cost Festival, mucho mejor.