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Las exposiciones que nadie se puede perder

Con el buen tiempo llega el momento de visitar alguna de las grandes citas de la temporada

'Tampones OB', de Joana Vasconcelos (2001). Ampliar foto
'Tampones OB', de Joana Vasconcelos (2001).

Hace ya varios años que los grandes museos decidieron prolongar sus grandes exposiciones de primavera durante todo el verano. El tiempo de vacaciones es un buen momento para aprovechar y visitar alguna de las grandes citas artísticas de la temporada. Es tan rentable para los museos que la mayor parte de ellos prorrogan su cierre un par de horas sobre el horario habitual e incluso algunos, como los italianos, incluyen conciertos o, como en la Fundación Dalí, invitan a una copa de cava cuanto la tarde termina.

Las opciones son tan variadas que a la vista de los nombres, podría asegurarse que el eclecticismo más absoluto se ha adueñado de las programaciones. Se puede elegir casi de todo; arte antiguo, clásicos y vanguardista histórica comparten verano con estrellas con Damien Hirst, Jeff Koons o Joana de Vasconcelos.

Alicientes extra artísticos aparte y partiendo de que toda selección es forzosamente personal y, por tanto arbitraria, ofrecemos aquí las mejores propuestas con las exposiciones nacionales e internacionales más atractivas en la cartelera artística.

Para empezar por el turismo artístico nacional, Madrid tiene en estos momentos una de las mejores ofertas europeas. No sólo por Hopper y Rafael, que en otoño coparán la temporada parisiense, sino porque los "veraneantes en museos" cuentan con la visita obligada al Reina Sofía para poder ver una y otra vez el Guernica y sus salas complementarias o las temporales que permanecen abiertas hasta mediados de septiembre: Sharon Hayes, Nacho Criado, James Coleman o Hans Haacke (esta solo hasta finales de julio).

En el Museo del Prado se puede ver hasta el 16 de septiembre El último Rafael, una de las exposiciones más importantes dedicadas al artista y su taller, y la primera centrada en sus años finales. La muestra expone 74 obras, de las cuales la mayoría no se han mostrado nunca antes en España, trazando un recorrido cronológico por la actividad del maestro, desde el inicio del pontificado de León X (1513) hasta su muerte en 1520.

Basilea acoge la antológica de Jeff Koons dentro y fuera de la sede de la Fundación Beyeler

Enfrente, el Museo Thyssen ofrece hasta el 16 de septiembre, Hopper, una completa retrospectiva con 73 obras esenciales, entre ellas 40 óleos del centenar que pintó a lo largo de su vida. Considerada la exposición más importante que hasta el momento se le ha dedicado en Europa, la ausencia de Nighthawks (1942) no empaña el resultado final porque están la mayor parte de los cuadros más conocidos del artista americano. El cuadro viviente de Sol de mañana (1952), uno de sus óleos más celebres y con el que se cierra la exposición, es un aliciente extra para la visita.

Sorolla en la Alhambra

Sin movernos de España, y nada menos que en la Alhambra de Granada, se puede ver una de las exposiciones más extraordinarias de la temporada: Sorolla. Jardines de luz. Los paisajes que el valenciano pintó inspirado en los jardines nazaríes, medio centenar, se exhiben hasta finales de septiembre en el palacio de Carlos V. Es un reencuentro del artista con los paisajes del sur y con la estética y la ética que compartió con el poeta Juan Ramón Jiménez.

La siguiente parada puede ser Londres, un destino turístico todo el año que en esta ocasión coincide en gran parte con los Juegos Olímpicos. Para estar a la altura del evento deportivo, la Tate ofrece un programa doble difícil de rechazar: la retrospectiva del siempre polémico Damien Hirst (hasta el 9 de noviembre) y el menos discutido y cotizadísimo Edvard Munch. De Hirst se exponen 73 piezas realizadas a lo largo de 22 años y del expresionista noruego, 60 pinturas y 50 fotografías que desvelan aspectos poco conocidos de su obra, así como su interés por explorar todos los aspectos del mundo visual. El autor de El grito ha convencido a todo el mundo. Hirst, lo de siempre: detractores y aplaudidores casi a partes iguales.

En la estela de Hirst, en la del arte entendido como espectáculo, quien viaje estos meses, hasta el 2 de septiembre, a Suiza en Basilea tienen la apabullante antológica de Jeff Koons dentro y fuera de la bella sede construida por Renzo piano en la Fundación Beyeler. El kitsch y el pop, los muñecos vegetales y los pechos de Cicciolina, las aspiradoras y los globos purpurina forman un conjunto difícil de valorar.

Viena lleva todo el año conmemorando el 150 aniversario del nacimiento de Gustav Klimt. En verano la oferta se ha intensificado de manera que los diez principales museos de la capital austriaca muestran sus pinturas, dibujos y diseños. Si ya El friso de Beethoven en el pabellón de la Secesión es una visita obligada, ahora toda su obra se puede disfrutar durante los meses veraniegos. La Neue Galerie de Nueva York se suma a las celebraciones con lo mejor de sus fondos y algunas obras procedentes de coleccionistas privados.

Otra capital europea que siempre tiene mucho que ofrecer es París. En la ciudad de la Música, quedan tres semanas para poder ver la muestra dedicada a Bob Dylan, en la que se cuentan los orígenes del mito, su exitosa trayectoria como cantante y se analiza su pervivencia. En el Pompidou, lo más sobresaliente del verano es el recorrido por la obra del artista alemán Gerhard Richter, uno de los artistas alemanes más importantes de su generación, del que se exhiben 150 obras esenciales. Sin embargo, nada tan llamativo como la ocupación que la artista de origen portugués Joana de Vasconcelos ha hecho en el palacio de Versalles. Las impresionantes galerías de la antigua residencia real ha sido redecorada por las enormes esculturas de ganchillo multicolores, lámparas gigantescas elaboradas con tampones o extraños pájaros colgantes.

Ya en Nueva York, es bien sabido que lo mejor es adentrarse en las colecciones permanentes de los grandes museos y dejarse caer por las galerías de Chelsea si el calor lo permite. Las exposiciones temporales son muchas. Aquí van un par de propuestas: la retrospectiva de Keith Haring, en el Brooklyn Museum y Prada-Schiaperelli, conversaciones imposibles en el Metropolitan.