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65º FESTIVAL DE CANNES

Jaime Rosales y el cine, la muerte y sus ausencias

‘Sueño y silencio’ se estrena en la Quincena de Realizadores

Fotograma de la película "sueño y silencio" de Jaime Rosales.
Fotograma de la película "sueño y silencio" de Jaime Rosales.

Mientras el resto de Latinoamérica saca pecho con el desembarco de películas y productoras argentinas, mexicanas, brasileñas o colombianas en Cannes, España pasa un festival de perfil bajo con seis títulos. Por su producción española cuentan Drácula, de Darío Argento (en la sección Oficial fuera de concurso); Elefante blanco, del argentino Pablo Trapero (en Una cierta mirada); e Infancia clandestina, del argentino Benjamín Ávila (en la Quincena de Realizadores), todas con dinero español. Además están 7 días en La Habana, con productora española y Julio Medem al frente de uno de los episodios (en Una cierta mirada); Aquí y allá, de Antonio Méndez (en la Semana de la Crítica) y, como nombre más conocido, Sueño y silencio, de Jaime Rosales (Barcelona, 1970), en la Quincena de Realizadores. La cuarta película del director de La soledad es una valiente reflexión sobre lo púdico y lo impúdico en la muerte a través de la historia de una familia española con dos hijas que vive en París y que en unas vacaciones en el delta del Ebro sufre un accidente del coche. La hija mayor fallece y cuando su padre sale del coma no recuerda la existencia de su vástago.

En blanco y negro y rodada a la primera toma (no se repitió ningún plano), Sueño y silencio alberga detalles autorales y emociones soterradas. “Veo películas en las que la violencia o el sexo salen de forma oportunista, y en mi caso yo tomo distancia con la cámara, además de lo que me dan los actores”. El detalle de la interpretación es muy significativo, porque todos son amateurs. “Cuando yo hago una película hago un objeto muy preciso en su cáscara y hueco en su interior, de manera que el espectador lo rellene con lo que la película le da. Porque a mí como director la película me surge de un detalle o un texto, que no tiene interés. El proyecto crece por muchos lados, yo no puedo imponerme y finalmente el interés estará en lo que al público le ha interpelado del filme. Para ser gráficos, yo tenía una almendra, luego se hace iceberg y no importa el núcleo, importa lo que cada uno ve”. Por si vale de pista, el origen de Sueño y silencio está en textos bíblicos —justo los que inspiran a Barceló a hacer dos cuadros delante de la cámara, secuencias con las que se inicia y acaba la película— sobre el sacrificio de Isaac y el Gólgota. “Y yo ahora no soy muy cristiano”, recalca para mostrar lo alejado del resultado final.

Rosales es muy, muy futbolero, del Barcelona, y le gusta encontrar paralelismos entre ese deporte y el cine. “¿Por qué ganó el Chelsea la Liga de Campeones? Porque tienen una idea, la suya, que la del Barça es otra, del fútbol de la que están convencidos al 100%, y que creen les llevará al éxito. Siempre han sido fieles a ella. Pero el azar entra en la vida: ellos han tenido cierta mala suerte con un gol de Iniesta a poco de acabar un partido, Terry resbala en un penalti en otra ocasión… Ahora el azar les ayuda: palos, goles en cada oportunidad. De los cuatro semifinalistas el Chelsea era el peor. Sin embargo, confiaron en su idea y finalmente eso les llevó al éxito”. Para Rosales, su forma de trabajar es igual. “Creo las circunstancias, y me marco dos pautas: toma única (no habrá repeticiones) y no creamos personajes sino que buscamos personas que se desenvolverán tal y como son. Y seremos fieles hasta el final. Claro que caen cosas en el montaje… pero al final apostar por algo empujará tu obra”. Un ejemplo: un plano en el tanatorio en el que en primer plano llora la protagonista, y de repente detrás salen tres señoras con una conversación banal, el tesoro del momento. “Creo la circunstancia, el azar ahí me ayuda. Guerín dice: ‘Si eres fiel a la realidad, al final la realidad nunca te decepciona”.

Miquel Barceló estaba desde el inicio de la película. “Como decía, del motor de la película ya no queda tan cosa. Los dos cuadros que hace ante la cámara son sus ilustraciones de aquel motor”. Es decir, Isaac con el sacrificio que no se hace, y el Gólgota, donde sí lo hay. “Kant dice que la razón no nos permitirá expresar nada que esté fuera de la experiencia, y lo trascendental, como está fuera de la experiencia, es inexpresable. Yo hago una película que habla de lo trascendental, busco un lenguaje que nunca podrá ser directo. Por eso fracasan las religiones, porque quieren enunciar cosas que no se pueden enunciar, tipo el cielo, el limbo o el infierno. Eso no puede ser así”. Por Rosales es más espiritual que religioso, y Sueño y silencio juega con los márgenes de la imagen y del sentimiento.