El viejo profesor que enseñaba cariño
El director Philippe Falardeau presenta ‘Profesor Lazhar’, un drama finalista al Oscar La historia describe la relación entre un maestro y unos niños traumatizados


Solo una película puede acercarse este año al fenómeno que ha supuesto la francesa ‘Intocable’ en las salas española. Y este contendiente sería la canadiense Profesor Lazhar, de Philippe Falardeau (Quebec, 1968), un director que hasta ahora no había estrenado en España, y que con Profesor Lazhar ha rozado el Oscar: llegó al quinteto final a la estatuilla de la película de habla no inglesa, pero ganó la favorita, Nader y Simin: una separación’. “Lo importante era hacer ruido, que la gente supiera que existiera la película y que la viera”, dice Falardeau, que estudió Ciencias políticas y Relaciones internacionales en la Universidad, y eso ha marcado su carrera: su cine tiene un trasfondo jugoso. Y el mejor ejemplo es Profesor Lazhar, la relación entre un profesor argelino, que esconde un par de dolorosos secretos, recién llegado a Canadá, y sus alumnos, un grupo de niños traumatizados por el suicidio de su anterior profesora. “Odio el discurso en el cine, creo en los personajes personas. Pero sí, siento mi ambivalencia en mis ganas de entretener y a la vez contar una historia”.
Su Profesor Lazhar recuerda a Intocable en que bajo esa patina comercial hay carnaza, y en el caso de Falardeau están la educación y la inmigración. “Canadá era una nación receptiva, amable con el extranjero. Hasta el 11-S, que se cerraron las puertas. Y ahora vamos hacia atrás, con un aire retrógrado que yo no apoyo”. En Profesor Lazhar chocan también los nuevos sistemas educativos con el viejo método del maestro: él, por ejemplo, abraza a los niños, cuando el contacto está prohibido. “Es alguien muy frágil. Está obsesionado con el dolor de los niños y es muy duro consigo mismo… Te confieso una cosa: la película, en guion, era más dura, no tenía música e iba por otra línea. Pero el primer día de rodaje me di cuenta que no podía con esa oscuridad. Pienso en el cine como el escultor con un bloque de madera: debes de seguir la veta y amoldarte a lo que viene. Esos niños, ese actor, esa historia… No podía traicionarla”. Al igual que Incendies, el último gran éxito del cine canadiense en francés, Profesor Lazhar se basa en una obra de teatro: “Tienes que tomar decisiones, alterar la letra, luchar por el espíritu”. Y no olvidar el problema educativo: “No, en absoluto. Me han contado los recortes en España, y son idénticos a los canadienses. En mi país el gobierno ha incrementado las tasas universitarias un 75%. Estamos lastrando a las generaciones venideras, incluso hundiendo nuestra vejez. Los políticos son todos de corto recorrido, solo piensan en el mañana. Y después, ¿qué?”.
En Profesor Lazhar hay cariño, hay un amor lantente entre Lazhar y esos críos lanzados al lado oscuro de la vida de un sopapo emocional, el del suicidio de la profesora: “Bueno, es el encuentro con el otro. Me gusta esa doble visión: cómo se ven unos a otros, cómo nos describimos nosotros a partir de la visión del de enfrente. En el filme además encontramos otra dualidad: la violencia psicológica enfrentada a la violencia política, que llevará al público a reflexionar sobre el dolor, y cómo el amor permite superar el dolor”. Antes del rodaje, Falardeau vio La clase de Laurent Cantet, y le entró la depresión. “Uf, quise abandonar el proyecto. Pero los productores me empujaron. Y llevaban razón. Son historias diferentes”. Un truco final: el actor protagonista, Mohamed Fellag, es un cómico famosísimo en Canadá. “Más allá de la típica historia del actor de comedia que triunfa en el drama, en el rodaje decidí no fijarme en él ni en los niños: les oía. Sí, escuchaba la filmación y luego abría los ojos. Era l única manera de descubrir si transmitían verdad”.
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