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Un Farruquito maduro en La Gran Vía

Cerca de cumplir los 30 años y a punto de ser padre, el bailaor andaluz vuelve a Madrid con una compañía ampliada que pone en nómina a reconocidas figuras del flamenco de hoy

Dentro de ese gran complejo genérico que es la Danza Española, el baile flamenco se demuestra una parcela poderosa, cambiante, en constante evolución como lo que es: arte moderno y contemporáneo en toda regla.

Las figuras masculinas han sido, junto a algunas mujeres de excepción (Carmen Amaya a la cabeza), sus inveterados emblemas desde siempre, así los concibieron Picabia y Picasso en la pintura, por poner unos ejemplos cimeros y de los más célebres; Colita en la fotografía, Vicente Marrero en la literatura.

A lo largo de la historia de la danza española, los grandes bailaores han caracterizado personalidades polémicas y definitorias de una estética que poco a poco se despegó del localismo andalucista y se ha hecho universal. De Antonio el de Bilbao a Vicente Escudero, de Mario Maya a Antonio Gades, y así hasta hoy; algunos más flamencos que otros, algunos más pegados a la ortodoxia que otros más lanzados a una inevitable renovación. Y una realidad se impone: esa de las figuras masculinas destacando desde una cantera mucho más numerosa y espectacular. Hay muy buenas bailaoras, algunas de fortísima personalidad escénica, pero la pujanza de los chicos arrasa el cartel. En opinión de algunos antiguos maestros, esto ocurre por oleadas cíclicas, por modas o por una simple generación del talento emergente, algo que carece de reglas fijas.

Hay muy buenas bailaoras, algunas de fortísima personalidad escénica, pero la pujanza de los chicos arrasa el cartel.

El baile teatral flamenco se ha diversificado y demuestra su vitalidad en esa variedad de vertientes convivientes hoy en día. La llegada al Teatro Compac Gran Via de un Farruquito triunfante acompañado de su compañía y de una producción madurada (que ya estuvo en este mismo escenario en una primera versión), es buena ocasión apara analizar el panorama en que se desenvuelve este arte. El artista sevillano también ha accedió a contestar algunas preguntas claves sobre su estética, su baile y cómo ve flamenco actual con la siempre ácida polémica de la fusión como telón de fondo.

Farruquito aparece como principal figura del espectáculo Baile Flamenco, además de ser director artístico y coreógrafo. En su estampa hay una coincidencia feliz del arte vernáculo con la modernidad. En 2003, estuvo considerado en un prestigioso elenco como una de las personas más bellas del mundo por un jurado precedido por el fotógrafo Richard Avedon. Y aún circulan con una cierta aura mítica las fotos de cuando era un niño y sus mayores lo sacaban a la escena dominando la situación, como si estuviera predestinado a esa labor rectora, la que recaló en sus hombros cuando tenía 15 años y murió su abuelo. A partir de ese momento fue cabeza de cartel y del clan familiar.

Farruquito posa en el teatro Compac de Madrid.
Farruquito posa en el teatro Compac de Madrid.

Ha madurado Farruquito, que aún no cumple 30, volando y con contratiempos de todo tipo, seguido fanáticamente por unos y fustigado por otros. Juan Manuel Fernández Montoya es el eje de una saga gitana de arte jondo que se perpetúa en los nuevos brotes de su sangre, una manera vertical de sostener un estilo de hacer baile. Y la verdad, es que fascina a todo el público, sea entendido o no en las artes del flamenco. Farruquito es hijo del cantaor Juan Fernández Flores, El Moreno, y de la bailaora Rosario Montoya Manzano, La Farruca, y así, en ese excepcional caldo de cultivo, se convierte en depositario y heredero de una peculiar escuela fundada por Farruco, su abuelo, que es una leyenda.

El Farruquito niño debutó en Broadway (Nueva York) con apenas 5 años, en el cuadro de un cartel con legendarias estrellas del flamenco, algunas de su propia su familia. No había botos [calzado del baile flamenco] para sus pequeños y ya veloces pies, se los mandaban a fabricar a medida. Hoy son piezas del museo ideal del arte flamenco. Farruquito despuntó pronto y bien, demostraba ya adolescente una concentración fuera de serie.

Todos los grandes han sido mis maestros. La verdad es que sigo aprendiendo siempre

Farruquito

Su nómina de espectáculos no es muy amplia pero con dos de ellos ha recorrido el planeta. Primero fue Alma vieja (Sevilla, 2003) y en 2008 llegó más lejos con Puro Farruquito, enfocado más hacia el concepto del recital individual, pero igualmente cautivador y donde se terminó de dibujar su estela. En tal sentido, este Baile Flamenco es una reafirmación de su estilo de hacer las cosas. ¿Ha hecho Farruquito cambios en esta obra desde el estreno a hoy?: “Cambios bruscos no, pero hemos introducido cosas y mejorado las que no nos gustaban. Siempre estoy cambando cosas”, contesta.

Juan Manuel Fernández Montoya ha madurado lo suyo en estos años donde ha debido bregar con avatares diversos más allá de su propia carrera artística, con altibajos que van desde la cárcel hasta su mediática boda gitana. Para el público de arte flamenco, su asentamiento es un hecho constatado, su clase y su poder estético han podido con las inclemencias. Baile Flamenco quiere fungir de carta de presentación de un nuevo artista, y Farruquito estará acompañado del ya habitual elenco familiar enriquecido de otros importantes músicos y cantantes flamencos, entre los que está Luís Amador, de Pata Negra, que se ocupa de la percusión.

Farruquito ha elaborado un programa de carácter antológico, abunda en las piezas propias como los Fandangos de su Majestad (1997), continúa con la Soleá del año 2000, y en cierto sentido se resume con la Farruca del espectáculo Alma vieja (2003). Es su ya clásico zapateado, uno de los bailes que han marcado su fuerte personalidad escénica, el broche personal. En el baile le acompañan Barullo (Juan Fernández Montoya), Polito (Antonio Moreno Fernández, Gema Agarrado y La Sentío ( Irene Bazzini).

Hay gente de la profesión que mezcla con el contemporáneo, el clásico y otras disciplinas. Me parece bien. Pero eso no es el flamenco

Farruquito

El término fusión es uno de los más trajinados y discutidos desde hace años. Farruquito tiene en esto también una línea diáfana: “Soy de los que piensa que lo que se haga debe estar bien hecho. No me digo que soy purista ni de los de la fusión. Hay gente de la profesión que mezcla con el contemporáneo, el clásico y otras disciplinas. Me parece bien. Pero eso no es el flamenco. Hay que tener muy claro el concepto de la tradición”.

Farruquito, pletórico porque ahora espera su primer hijo, ha sido un observador atento de lo que pasa a su alrededor desde muy joven. Se ha sentado en el patio de butacas a ver las obras de otros artistas influyentes de hoy como Joaquín Cortés o Israel Galván y así opina: “Ellos tienen otro camino, pero no es el flamenco. Aunque en el programa de mano ponga seguirilla o farruca lo que después se ve en el escenario es otra cosa. Galván no es un artista flamenco, aunque su padre lo fuera; Cortés viene directamente del clásico. Ahí está la confusión, no en ellos, sino en el concepto, y en el público, que debe cultivarse también en lo verdadero”.

Con los más pequeños de la saga, estamos ante la cuarta promoción y acaso la tercera generación familiar si somos estrictamente cronológicos. Y en cuanto a este magisterio, el artista explica: “Todos los grandes han sido mis maestros. La verdad es que sigo aprendiendo siempre. No doy nombres por respeto, pero la calidad es básica en el aprendizaje. Es absurdo imitar. Aprendí de mi abuelo, pero no lo imito. Él era un genio. No se puede imitar, además, lo que no se ha vivido”.

Los flamencos de tradición tienen fama de indisciplinados, pero Farruquito es tajante negándolo: “La disciplina está en la persona, haga lo que haga. No se puede generalizar. Como en todo, unos sí son disciplinados y otros no. Haces lo que te han inculcado y enseñado, después cada uno responde a sus intereses y a cada artista le interesa algo distinto, a unos el dinero, a otros el efecto, su baile o el arte verdadero. Si se es disciplinado, habrá recompensa”.

 

Compañía Farruquito, Baile Flamenco. Teatro Compac Gran Vía. Del 5 al 22 de abril, jueves y viernes 20,30 horas; sábados y domingos 19 horas. Entradas desde 25 euros.

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