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Berlín subvenciona el ‘techno’

Las autoridades de la ciudad destinan un millón para frenar el cierre de clubes

Entrada del mítico club Tresor en Berlín en 2010. Ampliar foto
Entrada del mítico club Tresor en Berlín en 2010.

El Klub der Republik (KDR) cerró el pasado enero con una pancarta en su famosa fachada racionalista: “Cuando hayáis construido la última vivienda, derruido el último club y destruido el último espacio libre os daréis cuenta de que Prenzlauer Berg se ha convertido en la ciudad provinciana de la que un día escapasteis”. El local de la antigua República Democrática Alemana (RDA) deja paso a un edificio de 35 viviendas. Con el KDR caía uno de los últimos clubes del barrio de Prenzlauer Berg. Se daba así un paso más en la larga marcha que separa el barrio alternativo y juvenil del amuermado distrito para la pujante clase media.

Pero la historia da ahora un giro desconcertante. La gran coalición regional entre el socialdemócrata SPD y el centro-derecha democristiano (CDU) concederá un millón de euros a un Consejo Musical para proteger la música popular en la capital alemana. Esto incluye la legendaria red de clubes berlinesa. A fin de cuentas, la ciudad depende cada día más del turismo y uno de los principales atractivos de Berlín son sus locales de música electrónica, que dieron lugar a la llamada easyjet set. Turistas que vienen de toda Europa o incluso de Estados Unidos solo para escuchar la música de dj’s célebres y participar en fiestas que no terminan nunca. Los clubes alternativos como Tresor, Berghain o Watergate, que crecieron en los noventa como hongos en los húmedos sótanos y edificios industriales son hoy famosos en todo el mundo.

El caso de Prenzlauer Berg es paradigmático: tras la caída del Muro llegaron los okupas para aprovechar el enorme contingente de viviendas vacías. Atraídos por los cambios urbanos en la zona, les siguieron multitud de músicos o artistas. Tenían más dinero o estaban dispuestos a ganarlo. Subieron los alquileres y los precios. Los más pobres se vieron obligados a irse, expulsados por los inversores que compraron los edificios. Cambió la estructura demográfica. Los no tan jóvenes formaron familias y se llegó al Prenzlauer Berg actual: en el que los bares y clubes que le dieron fama y contribuyeron a aumentar su atractivo tienen que cerrar. Demasiado ruido y suciedad. Demasiadas posibilidades de negocio en sus solares y edificios.

Las autoridades aún no han concretado cómo se dispondrá el dinero ni cómo se protegerá los clubes. Richard Meng, del Gobierno regional, ha recordado que “la protección de locales no debe desplazar otros aspectos de la promoción de la música” en el debate público. Tampoco se puede prever cómo cambiarán éstos cuando una vez sean club “rescatados”.

Un ejemplo es Schockoladen, un local alternativo en una vieja casa okupa en la Ackerstrasse, una calle del centro de Berlín poblada de jóvenes familias de clase media procedentes de medio mundo. Diseñadores gráficos, arquitectos o periodistas que representan el definitivo aburguesamiento de la zona empujando cochecitos de bebé. El 29 de marzo se alcanzó un acuerdo que salvará el Schockoladen del cierre. Buena parte del acomodado vecindario es favorable a su conservación… eso sí, siempre que se limite el ruido. Los altavoces más potentes se apagarán a las diez de la noche. Sin duda, un problema para un club de música. Pero los vecinos de la bohemia burguesa dormirán con los oídos tan tranquilos como la conciencia.