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CRÍTICA: 'GHOST RIDER: ESPÍRITU DE VENGANZA'

El fuego fatuo

Dentro del cada vez más previsible y adocenado cine de consumo de Hollywood —en su especialidad cine de acción de artillería pesada—, el tándem formado por los cineastas Mark Neveldine y Brian Taylor destacaba con el fulgor de las mutaciones de culto: capaces de forzar el lenguaje fragmentario posMichael Bay hasta lo imprudente en el díptico formado por Crank: veneno en la sangre (2006) y Crank: alto voltaje (2009), con Jason Statham como protagonista, su pirotecnia visual encontró un insólito compañero de baile en la ambición narrativa posmoderna de la contundente Gamer (2009).

GHOST RIDER: ESPÍRITU DE VENGANZA

Dirección: M. Neveldine y B. Taylor.

Intérpretes: Nicolas Cage, Violante Placido, Ciarán Hinds, Idris Elba, Fergus Riordan, Johnny Withworth.

Género: terror. EE UU, 2011.

Duración: 95 minutos.

La reacción química que podía derivarse del choque (frontal) entre el tándem y un actor tan poco preocupado por el qué dirán como Nicolas Cage en Ghost rider: espíritu de venganza era una posibilidad que hacía salivar, de manera más que justificada, a todo amante de las emociones extremas.

El resultado está lejos de ser explosivo: hay gratificantes notas de humor excéntrico, como ese plano que relaciona a Jerry Springer con lo diabólico o la gráfica ilustración de los alivios mingitorios del superhéroe, pero, aunque Cage lo dé todo en cuestiones de incontinencia interpretativa, Ghost rider: Espíritu de venganza no es más que una película pésima: Neveldine y Taylor parecen haberse quedado cortos de locura expresiva para envolverla.