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Tribuna:

El mundo y yo

El escritor Kirmen Uribe glosa la figura del Nobel Tomas Tranströmer

"Despertar es un salto en paracaídas del sueño". Este es el verso inicial de 17 poemas, primer libro de poemas de Tomas Tranströmer, publicado cuando apenas tenía veinticuatro años, recién acabados sus estudios de psicología. El libro tuvo una excelente acogida por parte de la crítica, fue considerado como uno de los mejores de la década. Este primer verso nos descubre ya su estilo, un estilo muy imaginativo donde las uniones entre ideas son totalmente inesperadas. Si alguien pensaba que todas las metáforas estaban ya hechas que lea a Tranströmer: "Soy llevado en mi sombra / como un violín / en su caja negra".

Dijo en una entrevista que él no se inventaba nada. Tan solo sacaba a la luz aquello que cualquiera de nosotros había visto algún día. El poeta sueco opta por la sencillez en la poesía, una poesía en la que el propio poeta va desapareciendo poco a poco, va dejando paso a sus palabras, como si fuera un invitado tímido y demasiado educado. El poeta no es el que siente, ni siquiera el que habla. Es el que mira. En su poema Pájaros matinales reflexiona sobre la génesis poética: "Fantástico sentir cómo el poema crece/ mientras voy encogiéndome. / Crece, ocupa mi lugar. / Me desplaza. / Me arroja del nido. / El poema está listo."

Tranströmer tuvo su primera vivencia de la muerte cuando apenas tenía cinco años. Se perdió en la ciudad. Estaba solo en la calle y nadie se fijaba en él. Los transeúntes pasaban y pasaban pero nadie paraba. Al cabo de un rato un señor se le acercó y le ayudó a cruzar la calle. Llegó solo a casa. La muerte es ser un niño perdido del que nadie se da cuenta. La muerte, uno de los temas recurrentes en Tranströmer. Botón de muestra, este haiku: "Me ve la muerte: / problema de ajedrez. / Ya lo ha resuelto". Sin embargo, sabe enseñar su lado vital al hablar sobre la naturaleza, el arte o la política.

Autor de títulos tan bellos como El cielo a medio hacer, una apoplejía le impide hablar desde hace más de veinte años. En sus recitales toca el piano con una sola mano, la izquierda. Llena teatros, encabeza listas de más vendidos. Siempre ha escrito poco. No más de tres o cuatro poemas al año. Tal vez ése, el escribir poco, solo lo necesario, sea el secreto para ser eterno candidato al Premio Nobel. Un candidato que hoy ha conseguido su premio, a todas luces, merecido. "El mundo y yo dimos un salto el uno hacia el otro", escribió un día. Hoy lo han hecho.

El escritor Kirmen Uribe fue premio nacional de Narrativa en 2009