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Crítica:

El final de ETA sube a escena

Jordi Galcerán recrea en 'Burundanga' los últimos días de la banda terrorista con ironía, intriga y humor - "Pretendo no ofender a nadie", dice el autor

Ensayo de la obra de teatro  Burundanga,  de Jordi Galcerán.
Ensayo de la obra de teatro Burundanga, de Jordi Galcerán. SAMUEL SÁNCHEZ

Jordi Galcerán, uno de los autores teatrales más eficaces y conocidos del panorama escénico español habla de su última obra, Burundanga, (cuyo estreno absoluto fue el miércoles en el Teatro Maravillas de Madrid), como si fuera una inocente historieta de amor. Pero la realidad es que este barcelonés al que hay que calificar de joven, a pesar de ser ya un cuarentón, se ha atrevido a llevar a los escenarios un elemento tan delicado como es la banda terrorista E.T.A. Algún que otro autor ya se había atrevido a transitar por esta herida de la sociedad española, pero nadie hasta ahora había utilizado algo tan doloroso para provocar el desternille. "Yo sólo he querido hacer una comedia romántica con la que la gente se pueda entretener, lo cual no es poco", dice al tiempo que parafrasea a Woody Allen recordando su frase: "La comedia es tragedia, pero más tiempo".

Tratándose de este dramaturgo ya se sabe de antemano que hay más, mucho más. Que la ingenua propuesta tiene gato encerrado, sin que por ello deje de ser, con altísima probabilidad, una descacharrante comedia basada en el puro y apasionado amor de una parejita que quiere ser feliz. Le gusta descolocar al público; ya lo hizo en El método Groholm (representada ya en más de 50 países), Carnaval, Fuga...

Ahora ha hecho un cocktail explosivo (sin segundas) entre una chica que se queda embarazada y quiere saber si su novio la quiere de verdad. Una amiga farmacéutica le habla de Burundanga, nombre popular de la escopolamina, una especie de suero de la verdad que deja sin voluntad, ni recuerdo alguno de lo que se ha hecho bajo sus efectos, a quien lo toma. La leyenda cuenta como la cia lo ha empleado para interrogatorios y en América se sigue utilizando para otro tipo de delitos. El caso es que su novio la quiere, pero también le cuenta que es miembro de E.T.A.

"He estado tres años dando vueltas a este texto, porque hablo de un asunto terrible y trágico, que afecta a mucha gente que está sufriendo, pero no he pretendido ofender a nadie, por eso me ha costado encontrar los personajes adecuados", señala Galcerán consciente de haber utilizado un elemento dramáticamente muy potente y su trabajo quería que fuera hablar de ETA sin perder el tono de comedia, como lo hizo Ernst Lubisch con los nazis en To be or not to be rodada en plena guerra mundial. "Pretendo escribir la mejor obra de teatro posible, hasta ahí llego, no quiero otra cosa, y para eso hay que coger elementos que toquen la fibra sensible del espectador y al espectador le puede interesar y sentirse tocado por la comedia; también me dicen que si nadie lo ha hecho por algo será". Lo difícil era buscar un final feliz con ETA paseando por el escenario: "Pero lo conseguí, yo he acabado con ETA y estos dos de los que hablo son, además de los últimos, unos chapuceros, gracias a lo cual puede haber una perspectiva cómica, porque si ETA desparece puede haber un final feliz, aunque es cierto que no somos conscientes del riesgo que se corre con este espectáculo".

Burundanga, coproducida entre tres empresas conocidas en el sector teatral (El Reló, Verteatro y Smedia) ha contado con el director Gabriel Olivares y un puñado de muy buenos actores jóvenes, Mar Abascal, César Camino, Marta Poveda, Antonio Hortelano, junto al veterano Eloy Arenas. Todos han sido calurosamente aplaudidos y ovacionados en los dos primeros días de representaciones.

Claro, hay una pregunta quizá inevitable a Galcerán. ¿Ha escrito esto por encargo?. Sin concretar de dónde podría venir la propuesta. "Yo estas locuras por encargo no las hago, y ha sido muy difícil de escribir porque en cada réplica estas en el borde de un abismo que puede ser peligroso, tenía que crear dos etarras verosímiles, pero que los espectadores, ni uno solo, se sienta ofendido..., ha sido muy complicado", dice Galcerán quien no oculta haber hablado con simpatizantes de la banda, para buscar una cierta verosimilitud en las actitud de sus etarras. "Pero hay que dejar claro que si lo retratado fuera un etarra, tal y como hemos visto que son en la realidad, no hubiera salido una comedia, porque ante el más mínimo problema con la novia le descerraja un tiro, yo saco a los que me he imaginado como los dos últimos y lo que no dice la comedia es que todos los etarras sean unos cutres, sino que sólo queda uno y es el más cutre de la banda", dice de ese etarra que ha sido sumergido en esta comedia escrita al puro estilo Galcerán: ritmo en los diálogos, tres unidades de espacio, tiempo y acción, y el tradicional planteamiento, nudo y desenlace, junto a nada de interrupciones, ni oscuros, ni descansos. "Parte del éxito de El método Groholm y otras de mis comedias es que el espectador tiene una silla dentro del escenario, y para ello hay que utilizar el mínimo de trucos literarios, mi camino no es el de la investigación formal".