Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Películas hechas "por amor a Brasil" que triunfan fuera

Cineastas brasileños presentan sus películas documentales en Madrid

Madrid acoge durante esta semana a una nueva generación de realizadores brasileños que "propone un nuevo paradigma del lenguaje", según palabras del veterano director Geraldo Sarno (1938), que presentó el pasado lunes al público español el documental de Viramundo, de 1964, que supuso entonces un punto de inflexión en la transformación del género. "Cuando yo empecé no había ni cámaras portátiles ni insonoras. El documental era otra cosa", afirma el realizador.

La Casa de América se ha sumado a la programación de "Documenta Madrid 11", el Festival Internacional de Documentales de Madrid que se celebra en la capital de España del 6 al 15 de mayo, con seis jornadas consagradas al documental brasileño. Cinco realizadores se reunieron el lunes con la prensa en Casa de América parar hablar de los trabajos que presentan a concurso y de la situación de este género en su país.

Los autores reflexionaron sobre el proceso de creación de sus obras y todos coinciden, directa o indirectamente, en claves similares: el camino, la búsqueda, la transformación y cómo los personajes o las historias que retratan pueden cambiar definitivamente la idea o el guión preestablecidos. Así sucede con Andarilho, de Cao Guimarães (1965), presentado por el productor Beto Magalhães (1964), una película sobre personas que caminan, sobre la relación entre caminar y pensar, sobre el desplazamiento constante de las cosas que no se quedan fijas.

O con A falta que me faz, de Marília Rocha (1975), que encontró a las mujeres protagonistas de su película buscando documentación para hacer una película sobre los recolectores de flores, que a pesar de sus años de investigación, no hizo. Pero este grupo de adolescentes de la Sierra del Espinazo que buscan vencer la soledad y afrontar el futuro, inspiró la película que presenta en Madrid, una historia de despedidas, de transición.

Lo mismo le sucedió a la periodista Luciana Burlamaqui (1970) con su documental Entre a luz e a sombra. Quería hacer una película sobre la violencia, a partir de la historia de la actriz Sophia Bisilliat, que dedicó su vida a humanizar el sistema penitenciario. La realizadora siguió durante siete años a la actriz, a un dúo de rap y a un juez que cree en una forma más digna de rehabilitación para los presos. Sus destinos se cruzaron en Carandiru, la mayor prisión de América Latina. La directora insiste en que en su intento de hablar de la violencia experimentó un proceso personal tan importante como el tema sobre el que trabajaba: "Descubrí que yo estaba llena de prejucios". "El trabajo del documentalista es un trabajo solitario, la única manipulación que existe es la de la mirada del autor", sostiene la periodista.

Flávia Castro (1965) presenta Diário de uma busca, que parte de la trágica muerte de su padre, el periodista Celso Castro, con una larga historia de militancia de izquierda, que fue encontrado muerto en 1984 en el departamento de un exoficial nazi. La policía habló de suicidio. Presenta la autora un viaje en el tiempo y en el espacio, y la mirada subjetiva de la niña que vivió en el exilio, de la niña huérfana.

Finalmente, Geraldo Sarno presenta Tudo isto me parece um sohno, sobre la vida del general Abreu y Lima, pernambucano que participó junto a Simón Bolivar en las batallas que liberaron a Colombia, Venezuela y Perú de la Corona española. "Yo quería hacer una película de ficción pero la empresa que pagaba quería un documental. Eso me llevó hacer un documental sobre la imposibilidad que yo tenía de hacer un documental sobre este tema". La película une el proceso de investigación histórico al proceso de investigación del propio film.

"Yo hice mi película para Brasil, por amor a Brasil, sin embargo, se ha visto más en el extranjero que en mi propio país", comentó Burlamaqui. Y es que todos se quejan de la falta de apoyo económico y creativo al que se ven abocados.

Sarno afirma que los partidos de izquierda en Brasil "no comprenden la cuestión de la imagen, de lo audiovisual. No tenemos una verdadera televisión pública. Esta persigue el lenguaje de la televisión comercial y esto es un desastre total, no hay cómo competir". Flávia Castro redunda en lo mismo: "Yo tuve que hacer mi película con dinero francés".

"En Brasil ahora hay mucha plata", afirma Burlamaqui. Sin embargo, a pesar de la bonanza económica del país, Magalhães sostiene que para la inmensa mayoría de los brasileños una entrada de cine aún es demasiado cara.