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Soledad Puértolas ingresa en la Real Academia Española

La novelista dedicó su discurso a los personajes secundarios del Quijote. -Es la quinta académica en la actualidad y la séptima mujer en la historia de la institución

Aliados. Los personajes secundarios del Quijote. Así ha titulado la novelista Soledad Puértolas (Zaragoza, 1947) su discurso de ingreso en la Real Academia Española, leído ayer. A las siete en punto, la escritora entró en el salón de actos de la RAE flanqueada por José Luis Borau y José María Merino, los dos últimos académicos en ingresar en la llamada docta casa. Allí le esperaban sus nuevos compañeros y, entre el público, su editor, Jorge Herralde, de Anagrama, y un buen puñado de colegas: José María Guelbenzu, Marina Mayoral, Luis Antonio de Villena, Luisa Castro, Ana Rosetti, Vicente Molina Foix, Carmen Posadas o Marcos Giralt Torrente. También había tres ex ministros de Cultura: César Antonio Molina, Carmen Alborch y Javier Solana, con el que la propia Puértolas colaboró en sus años en el ministerio de la Plaza del Rey.

Cumplidos todos los protocolos, la autora de El bandido doblemente armado comenzó por un aviso: "Como novelista, soy una permanente aprendiz de la expresión escrita". Y eso, el trato natural con la lengua es lo que, dijo, pone desde ahora al servicio de la institución que en enero pasado la eligió para ocupar el sillón g, vacante desde la muerte en 2008 del científico Antonio Colino. Vacantes, por cierto, siguen también los que ocuparon hasta este año Francisco Ayala y Miguel Delibes. Con la nueva académica son ahora cinco las mujeres -Ana María Matute, Carmen Iglesias, Margarita Salas e Inés Fernández-Ordóñez son las otras cuatro- con asiento en una casa que, fundada en 1713, hasta 1979 no abrió sus puertas a una mujer, la poeta Carmen Conde, a la que luego se uniría Elena Quiroga. Siete en casi trescientos años de historia.

Antes de entrar definitivamente en materia, Puértolas recordó a Colino y su propia vocación científica, abandonada a favor de la literatura: "La indagación literaria parte de la incertidumbre y el riesgo, y no permite conclusiones ni resoluciones". Verdades que no son "hitos de un camino hacia un lugar preciso" sino "luces aisladas".

Llegó entonces el turno del Quijote. O mejor dicho, de sus personajes secundarios, una figura por la que la escritora siempre ha tenido devoción y a la que dedicó su último libro de cuentos, Compañeras de viaje (Anagrama), publicado al poco de su elección como académica. Tras recordar la lección constante que la novela de Cervantes es para todos los escritores, Puértolas subrayó la prodigiosa relación entre fondo y forma dentro de la obra: "Es tan variada la gama de los tonos, ritmos y registros de la lengua que asombra la naturalidad con la que pasa de unos a otros. Jamás ha alcanzado el castellano esa naturalidad y flexibilidad, esa capacidad de acomodarse a situaciones y personajes tan diversos".

Algunos de esos personajes secundarios son protagonistas de historias laterales que condicionan episodios centrales. La escritora empezó por los femeninos: Marcela, la hija del ventero, Dorotea, la duquesa y la propia Dulcinea. Luego analizó algunos masculinos como Cardenio, el caballero del Verde Gabán o el bandolero Roque Guinart. Finalmente, y después de revelar que de niña le gustaban los finales felices, habló del Quijote como un tratado sobre la literatura que es al mismo tiempo un tratado sobre la vida: "La literatura como metáfora de la vida. La locura como metáfora de la literatura".

Finalmente, y antes de que José María Merino contestase a la recién llegada a "la casa de las palabras", Soledad Puértolas se elevó sobre sí misma, Cervantes y la misma Academia. "Los humanos", dijo casi al final, "hablamos y hablamos y escribimos y escribimos, como si nos creyésemos capaces de dominar las lágrimas, los desgarros y las decepciones, y de distanciarnos de los salvajes accesos de alegría y regocijo. En el fondo de tanta palabra, de tanta narración, de tanto contar y tanto escuchar, late siempre la esperanza de que en algún momento sobrevenga el milagro del mutuo entendimiento y se vislumbre la luz de una verdad". Esta tarde, en medio de todo el protocolo del mundo y de un salón que aplaudió a rabiar, la luz se vislumbró.