José Tomás, la tensión a flor de piel

Cuando está a punto de finalizar la Feria de Abril de Sevilla llega la escalofriante noticia de una gravísima cogida de José Tomás en la plaza mexicana de Aguascalientes . Según las imágenes de televisión, el torero remataba una tanda de naturales cuando quedó al descubierto a causa del viento que soplaba con fuerza y el toro lo prendió por el muslo izquierdo de manera aparatosa y le infirió una cornada de tal magnitud que ha podido tener fatales consecuencias.

Le ha ocurrido a José Tomás, pero éste es el sino de todos los que se visten de luces. El toro, en todo momento y en cualquier circunstancia, entraña un altísimo riesgo que puede costar la vida. Y los toreros se la juegan cada tarde. También es verdad que no todos con la misma disposición. Y Tomás es uno de los máximos exponentes del valor, de la vergüenza torera, del compromiso con el triunfo, de modo que parece aceptar la cornada en su deseo de no defraudar.

José Tomás no toreará más este año

José Tomás no toreará más esta temporada. Según ha anunciado en un comunicado, el diestro sufre un déficit neurológico y motor como consecuencia de la cornada que recibió en Aguascalientes (México), el pasado 24 de abril, de pronóstico muy grave, y que estuvo a punto de costarle la vida. La fecha prevista de reaparición era el 18 de julio en Barcelona. El diestro de Galapagar ha decidido atender a las órdenes de los doctores que le tratan y no toreará hasta la temporada 2011.

El parte, firmado por el doctor, Rogelio Pérez, su médico de confianza, indica: "Tras la valoración clínica, estudios de imagen y electrofisiológicos, el miembro inferior izquierdo presenta un déficit neurológico y motor cuya recuperación en el tiempo se estima que sea lo suficientemente prolongada como para aconsejar la interrupción de la temporada taurina 2010".

En toda la temporada, José Tomás ha toreado cuatro corridas en España: Olivenza (Badajoz), Castellón, la inauguración de la plaza Arnedo (La Rioja), y el Domingo de Resurrección en Málaga. En lo que va de temporada, ha perdido sus compromisos en Jerez, Nimes (Francia), Bilbao, Córdoba y las tardes del día 3 y 12 de junio en Madrid.

El torero de Galapagar estaba anunciado en las plazas de Granada, León, Badajoz, Barcelona (fecha prevista para su reaparición el 18 de julio), Mont de Marsan, Santander, Huelva, Gijón, San Sebastián, Málaga, Almería, Linares, Valladolid, Salamanca y Murcia.

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Quizá por eso se le considera una figura de época, un revolucionario que conmocionó la fiesta antes y después de su retirada en el año 2002; pero fue, sobre todo, a partir de 2007, tras su reaparición en la plaza Monumental de Barcelona cuando concitó la atención social por su valor sin cuento, por la pureza de su toreo y la búsqueda del triunfo, aunque llevara aparejada la más que probable voltereta cada tarde.

José Tomás produjo una locura colectiva y se convirtió en un icono del dramatismo, porque nunca su toreo dejó de ser una tormenta de sensaciones: de la emoción a la angustia y del delirio al éxtasis. La pasión se desató por todas las plazas donde actuó y sus faenas sobresalían por su valor dramático y la solemnidad de su empaque y señorío.

A buena parte de este país se le encogía el corazón cada vez que el torero hacía el paseíllo, los espectadores quedaban sobrecogidos por el mítico heroísmo y se repetían los triunfos basado en un torero sencillamente deslumbrante.

Su descubridor y primer apoderado, Antonio Corbacho, mostraba en mayo del pasado año en EL PAÍS , su convencimiento del paralelismo existente entre la filosofía de vida de los guerreros samuráis y los toreros. Cree firmemente en el bushido, el arte de la estrategia, el camino del guerrero, el código que enseña al samurái a tener una visión positiva de la realidad y no mostrar temor a nada, ni siquiera a la muerte.

Corbacho infundió a José Tomás el culto por la figura del samurái, los señores de la guerra que buscan la felicidad de forma completa, plena y maravillosa, idealizan el honor, creen que el valor heroico no es ciego, sino inteligente y fuerte, y rinden absoluta fidelidad al emperador. Así, el incipiente aspirante a torero creó su propio código ético, su propio bushido, en el que el emperador es el toro, al que venera y respeta como contrario, aunque en ello le vaya la vida.

Posiblemente, nunca se sabrá la influencia que en la vida de José Tomás ha tenido el bushido, o si él mismo nació ya samurái auténtico, aunque viera la luz en el pueblo madrileño de Galapagar. "Se ha llegado a decir", declaró en México, "que salgo a la plaza para que me mate un toro, y ésa es una de las barbaridades más grandes que he escuchado; yo toreo para vivir y no para morir".

Lo cierto es que José Tomás ha dado pruebas de que no conoce el miedo, de que posee un escalofriante y, a veces, temerario valor; que prescinde del cuerpo y parece olvidarse de sí mismo ante el toro, que pisa unos terrenos inverosímiles con una quietud escalofriante y, al mismo tiempo, con serenidad, con temple y solemnidad.

José Tomás es un arqueólogo de la pureza, un virtuoso del toreo, capaz de emocionar no sólo por su valor infinito, sino por su concepción artística de la lidia. Es un compendio de torería, vibrante y emotivo, cuando con el capote en las manos. Es Tomás un artista excelso cuando, muleta en mano, se despoja del miedo, y consigue que todos piensen en su cuerpo menos él, sólo absorto en ocupar y conquistar los terrenos de su oponente, y crear, así, la belleza de interminables tandas de muletazos poderosos, ceñidos, auténticos, desbordantes de hondura, especialmente por naturales, en los que ha llegado a alcanzar la perfección soñada.

Como torero sigue siendo el más público de todo el escalafón, porque, por derecho propio, se ha convertido en el centro de todas las miradas. Es diferente a todos y, quizá por eso, interesa a todos. Busca el triunfo y la pureza con auténtica desesperación. Quiere torear como lo siente en su cabeza y en su corazón. Su objetivo es la búsqueda de la perfección, desde el convencimiento de que, cada tarde, todo está por hacer.

Sólo así se puede entender que José Tomás sea un perfeccionista en sentido ético: hay que dar el máximo, hay que buscar la excelencia y una depuración técnica y estilística. Hay que darle al toro todas las ventajas y alcanzar la pureza mediante la técnica y el sentimiento artístico.

Con esta particular filosofía como equipaje salió seis veces por la Puerta Grande de Madrid, dos por la del Príncipe de Sevilla, triunfó allá donde fue y tocó la gloria con las yemas de sus dedos. La gloria y el fracaso, también, cuando en 2001vivió la amarga experiencia de que un toro se le fuera vivo en las Ventas. Ése fue un momento crucial en su carrera. En septiembre del año siguiente, en el curso de una temporada irregular y cuajada de percances, se retiró y estuvo cuatro años y nueve meses desaparecido del mundo de los toros.

Por sorpresa, igual que cuando se fue, el torero decidió resucitar en Barcelona en junio de 2007, y lo hizo en medio de una expectación sin precedentes. Justo un año después se anunció dos tardes en la plaza de las Ventas, cortó siete orejas y, a cambio, se llevó tres cornadas. Aquella gesta provocó un auténtico revuelo nacional y acalló las voces que le recriminaban una cómoda vuelta a los ruedos en cosos de escasa responsabilidad, donde el toro es chico, y el billete, grande.

Este año vuelve a estar anunciado dos tardes en la plaza de las Ventas, después de que rehusara hacer el paseíllo en la Feria de Sevilla, donde no reaparecido todavía. Ojalá una pronta recuperación de esta gravísima cornada de Aguascalientes le permita triunfar de nuevo en Madrid.

El torero ha recibido una peligrosa cornada del toro 'Navegante' en la ingle durante la corrida celebrada en Aguascalientes (México) (Aguascalientes tv) Aguascalientes tv
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