Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

"La corrida ya no es la Fiesta Nacional de España, ahora es patrimonio mundial"

El alcalde comunista de Arles (Francia) y el filósofo Francis Wolff defienden la fiesta del toro en los debates que celebra el Parlament de Cataluña

¿Las características biológicas del toro (su bravura, su comportamiento genético, con un hipotálamo un 20% superior al resto de los bovinos) le predispone o justifica en buena parte que haya nacido para ser toreado y, en consecuencia, para su muerte? Pues con preguntas de tanta enjundia, como si se tratara de labores de maestros de la espada, ha transcurrido la sesión matinal de la segunda jornada de debate en el Parlament sobre la abolición de las corridas de toros en Cataluña. Hasta para quien quisiera cogerse a la tan manida "identidad nacional" hubo argumentario: "La corrida ya no es la Fiesta Nacional de España, ahora forma parte del patrimonio cultural del sur de Europa e incluso es ya patrimonio mundial".

Esa última aseveración resonó con mayor fuerza en el Parlament por el hecho de que fuera pronunciada por Francis Wolff, filósofo y profesor de la Universidad de la Sorbona de París. Fue de las de mayor calado de la jornada, corriendo así una cortina sobre las aseveraciones un tanto subidas de tono del presidente de la Agrupación de Peñas y Comisiones de bueyes de las tierras del Ebro y del veterano ganadero Pedro Fumadó, que vinieron a tachar a los parlamentarios de "unos ignorantes del tema, no por mala fe sino porque moral e intelectualmente no pueden juzgar sobre un tema que desconocen".

Salvada la primera pasión, Wolff, autor del argumentado libro Filosofía de las corridas de toros (Ediciones Bellaterra) y dejada la premisa de que "el toreo vive en Francia una nueva edad de oro, con un público joven y entusiasta", entró de lleno en los derechos de los animales recalcando que el toro está aparte de todos ellos por su propia biología: "Se le preserva con su innata bravura, por lo que sólo puede servir para la finalidad para la que es criado". Por ello, según Wolff, "debe morir conforme a esa naturaleza. Tenemos derecho a matarlo porque sólo vive para eso". Más lamentable es, en su opinión, la muerte de un tipo de res así en un matadero ("en silencio y encerrado"). Wolff esgrimió la crueldad que sufren los peces cuando muerden el anzuelo, "y no es la finalidad del pescador la de verle sufrir".

La, en su opinión, "particular reacción del toro al dolor, que hace que combata al picador una y otra vez, porque un toro se excita con la lucha...", hizo que el filósofo comparara su actitud con la de "los soldados heridos en guerra", que "en pleno fragor de la batalla muchas veces no sienten, y luchan con más coraje". Y vinculó los remilgos sobre el sufrimiento de la res al hecho de que los animalistas "lo que no pueden soportar, lo que no quieren ver, es la sangre; si el toro no muriera en la plaza, como ocurre en los festejos portugueses, sería el triunfo de la hipocresía: como no se ve no existe". En su opinión, la abolición de las corridas no es un tema que debiera legislarse. "Si acaso algún día desaparecen debe ser porque ya no despierten pasión alguna; hasta ese momento, hay que dejar a cada cual con su pasión y hacer prevalecer el principio de libertad", finalizó Wolff.

Con también enjundia respondió el único abolicionista de la sesión matinal, el madrileño Pablo de Lora, catedrático de filosofía del derecho, que tiró de cultura, evocando un grabado de Goya donde se veía el desjarrete (arrrancada de patas de los toros). "Ha habido muchas maneras de torear a lo largo de los siglos y con el tiempo se ha ido llevando a un protocolo de hacerlo cada vez menos cruento; y el corolario es su abolición". De no ser así, De Lora habló de crueldad institucionalizada con unos mamíferos superiores" y citó a Jovellanos y a Joaquín Costa ("reflejo de signo depravado"). En su opinión, no sirve decir que hay otros casos de violencia que no se prohíben o legislan: "No veo por qué no se puede empezar por los toros; si se siguiera esa idea aún no se habría abolido el tráfico de esclavos porquer igual hay siempre cosas peores a prohibir". En esa línea recuerda que "muchos cambios sociales también han sido propiciados por el legislador, como el matrimonio homosexual" y sugirió para próximas iniciativas legislativas "la injustificable obtención del foie-gras, del todo injustificable".

Hervé Schiavetti, alcalde de la localidad francesa de Arles y presidente de la Unión de ciudades Taurinas de Francia, potenció la vertiente económica del fenómeno. "Ya no se trata sólo de un elemento cultural sino también económico; hoy criar toros y lo que ellos comportan es una forma imprescindible de la gestión del territorio". Recordó que sólo en Francia la ganadería extensiva, en la que se incluye la del toro, mantiene "más de 300.00 hectáreas de reservas húmedas".

En una línea parecida argumentó poco antes el ganadero catalán Fumadó, que advirtió que si la ley de prohibición de las corridas de toros progresa, los diputados catalanes serán responsables de la desaparición de esta especie animal.

En su turno, el presidente de la Agrupación de Peñas y Comisiones de Toros de Terres de l'Ebre (Tarragona), Miquel Ferré, ha comparado la posible prohibición con la censura franquista, y defendió la libertad individual de quien quiere asistir a las corridas. Ferré argumentó que si se prohíbe por una cuestión de identidad nacional, quizás la solución al debate estaría simplemente en cambiar de nombre a la "fiesta nacional".

Rajoy reacciona

Por su parte, el presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, ha respondido a algunos de los argumentos expuestos este miércoles por los antitaurinos en el Parlament y ha calificado de "inaceptable" que se intente comparar el sufrimiento de los animales en las corridas de toros con el maltrato a las mujeres o con tradiciones africanas como la ablación del clítoris. Rajoy se ha adelantado al debate, en una entrevista en Telecino. Minutos después se ha anunciado que dos de los comparecientes de este jueves han pospuesto sus intervenciones. Se trata de los toreros Luis Francisco Esplá y Serafín Marín. Los dos toreros han justificado su ausencia por motivos de agenda. Ambos tienen previsto intervenir en el Parlament el 17 de este mes, el último día permitido.

El dirigente popular ha dicho que las mujeres "tienen razón para indignarse" por los comentarios realizados este miércoles en el Parlament por el filósofo antitaurino Jesús Mosterín, que en su comparecencia realizó un paralelismo entre el maltrato animal y la violencia de género. Mosterín dijo este miércoles que "nos escandalizamos de que en África se corte el clítoris a sus mujeres, y en otros países les escandaliza que se siga haciendo un espectáculo público de sufrimiento de los animales". Pero no paró allí y continuó con las comparaciones: "Es cierto que las corridas de toros son tradicionales. El maltrato a la mujer también es una tradición, y se está combatiendo". Rajoy ha atribuido el debate abierto en la sociedad catalana contra las corridas de toros a que es una "fiesta nacional" y en esa comunidad autónoma "hay mucha gente que todo lo que es una fiesta nacional le molesta". Asimismo ha aseverado que Cataluña debería centrarse en solucionar el problema que sufren "más de 600.000 ciudadanos que quieren trabajar y no pueden" por la crisis económica.

"Ir contra las corridas es una ataque a una minoría"

El presidente del Consejo General de los pirineos Orientales de Francia, Christian Bourquin, ha abierto la ronda de comparecencias, recordando que la Fiesta forma parte de una herencia cultural catalana, junto a los gigantes y los correfocs muy extendida también en esa zona del sur de Francia, culturalmente cercana a Cataluña. "Pedimos la continuidad de estas fiestas que forman parte de nuestra historia y de nuestra herencia que hay que perpetuar entre las nuevas generaciones porque conforman nuestra identidad", ha señalado Bourquin, quien ha mostrado su "envidia" de que Cataluña haya logrado que los correfocs sean considerados excepción cultural por parte de la UE, dentro de la normativa sobre el fuego, que Francia no solicitó. "Ir contra las corridas es un tipo de ataque a la libertad y el respeto al pluralismo, un ataque a una minoría", ha subrayado.