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Crítica:

La bailaora La Moneta presenta su primer montaje en Madrid

La danza con nervio y fuerza de la granadina se muestra en el Teatro de la Zarzuela

El baile de fuerza y rabia de Fuensanta La Moneta (Granada, 1984) volvió anoche a Madrid. La bailaora estrenó en la capital De entre la luna y los hombres, su primer espectáculo con argumento y escenografía, bajo la dirección escénica de Hansel Cereza (uno de los fundadores de La Fura dels Baus). No es un espectáculo nuevo. Se estrenó en el festival Málaga en Flamenco 2007 y ahora, hasta el 15 de marzo, se puede disfrutar en el Teatro de la Zarzuela de Madrid.

De entre la luna y los hombres pretende hacer un recorrido, a través de ocho palos y una coreografía virtual, de los diferentes estados anímicos de una mujer, cualquier mujer. Con sus frustraciones y anhelos. Lo hace apoyándose en una cierta escenografía marcada a partir de unas sábanas tendidas al sol y una serie de proyecciones sobre éstas, entre otras, las de la propia bailaora, que baila contra ella misma, reclamándose quizás, lo que no se atreve a acometer.

Por Bloguerías (blog)
Juventud y vejez en La Moneta.

Pero el fondo del asunto, en realidad, es el baile de La Moneta, una flamenca joven que sin embargo recoge el baile de anteriores décadas, como el de su admirada Carmen Amaya. La dramaturgia se pierde porque lo que importa es el baile. Cuesta ver un hilo argumental más allá de las estampas que la bailaora construye con su arte. Un baile racial, de fuerza, rápido, rítmico. Necesario en la bulería, pero que quizás necesite un poco más de reposo en la seguiriya. Ataviada por un simple camisón blanco la mayor parte de la obra, La Moneta domina la escena con su baile. Ocupa el espacio y sabe colocarse.

Se vuelve más coqueta en la guajira, juega con un abanico que maneja con destreza, busca al público con su mirada. Se siente apoyada por el cante impecable de Eva Durán, fundamental en la obra, aunque siempre en un segundo plano. También por la música de Miguel y Paco Iglesias (guitarristas), y las palmas y el compás de José Carrasco,El Eléctrico y Torombo. Sin ningún tipo de reparo, la bailaora interpreta una farruca vestida de negro y con pantalones. Y lo hace con un baile de hombre que tal y como ella lo interpreta le hace ver más mujer si cabe. Con fuerza, escuchando el silencio, colocando los brazos y dando espacio al zapateado. La Moneta juega con su baile a ser torera, atrevida, pero sin alardes, en su sitio.

La soleá, que muy rápidamente deja paso a la bulería, es quizás el momento de mayor dramatismo del espectáculo. La Moneta la baila quieta, poniendo el acento en las manos, en el braceo, con un quiebro de cintura que la hace parecer un junco mecido por el viento. Y un zapateado que anuncia la bulería.

Cierra con una seguiriya con bata de cola muy rítmica, muy rápida, lo que sorprende en un palo como este, más dado al recogimiento. La Moneta se detiente tan sólo un momento, como calma que presagia tormenta en el mar, para romper con todo su brío en el zapateado.