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La evolución del 'sonido Caléxico'

La banda de Arizona actúa este jueves en Madrid con todo el papel vendido, antes charlarán con los lectores de ELPAÍS.com

La historia de Caléxico es la historia de amistad de dos jóvenes que se conocen en la Universidad de California. Comienzan a hablar y pronto ponen en común sus gustos musicales. Esos chicos eran Joey Burns y John Convertino. En 1990 Burns se incorpora a Giant Sand, la banda de su amigo. Cuatro años después los dos chicos se trasladaban a Tucson, Arizona. Allí en 1996 formaron la banda Spoke, nombre que cambiarían por Caléxico tiempo después. En ese momento comienza a rodar la historia de esta banda.

El primer trabajo del grupo despachó dos mil copias de un álbum grabado con una disquera independiente alemana. Pero el salto de calidad les llegó en 1998 con la publicación de The black light, álbum bien recibido por la crítica que les valió para debutar en los grandes festivales estadounidenses.

El siguiente paso en la definición de su sonido lo dieron en el 2000, cuando a la grabación de Hot rail incorporaron violines, saxos y trompetas, ritmos de jazz con tintes de mariachis. Caléxico se iba consolidando en los medios especializados, al gran público llegó en 2003 con la publicación de Feast of wire, su primer disco en entrar en el Billboard de álbumes más vendidos.

En 2006 daban otro salto de calidad con Garden ruin, un aclamado trabajo que contó con la colaboración de la cantante española de Amparnoia. Con este disco se presentaron en el Festival Internacional de Benicàssim, demostrando todo el potencial de sus directos.

En junio de 2008 se publicaba su último trabajo Carried to dust, en el que ha colaborado Sam Beam, cantante de Iron and Wine, una banda con la que habían grabado un EP años atrás. Y este jueves se presentan en Madrid con su nuevo disco bajo el brazo y todo un repertorio de años e influencias que defender.