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Reportaje:

Las visiones de Patti Smith

Hacer fotos nunca ha sido su principal ocupación, sí una consoladora salida durante las malas rachas. Ahora, una exposición en la Fundación Cartier, en París, muestra los frutos del idilio que, desde 1967, la rockera, madre y poeta mantiene con su vieja cámara

Lo ha dicho millones de veces pero nadie le hace caso: "No soy la abuela del punk. Eso es una estupidez. Yo me considero una artista y sobre todo una currante". A sus 62 años Patti Smith lo repite mientras almuerza un bocadillo de jamón con mostaza -"Pica, pero me encanta", dice-. Está sentada en un sofá de cuero en una oficina de la Fundación Cartier de París y come algo rápido porque no tiene ni un segundo que perder. "Tengo mucho trabajo todavía", dice mientras divide la baguette en dos. "Si tienes hambre...".

A mediados de marzo la hiperactiva cantante y poeta ultimaba los detalles de su nueva obra que nada tiene que ver con la música ni con la poesía. Se llama Land 250 y es una exposición de fotos realizadas por ella entre 1967 y 2008. La muestra, que se inauguró el pasado 28 de marzo y se podrá ver hasta el 22 de junio, se celebra en la propia Fundación Cartier que, cosas del destino, está a escasos metros del pequeño apartamento donde Patti durmió durante su primera visita a Paris en 1969. "No soy una profesional de la fotografía pero más o menos sé cómo va eso de la composición y lo de la luz. Nunca me interesó demasiado hasta que murió mi marido Fred [guitarrista del grupo de rock, MC5, que falleció de un ataque al corazón en el 94]. De pronto me encontré con dos hijos y mucho problemas económicos. No tenía fuerzas para nada y la fotografía se convirtió en mi refugio", explica Patti. Su camiseta negra se ha llenado de migas. No le importa, su mente está trabajando. "Estas fotos son el diario visual de mi vida y recuerdo todos los momentos en los que las hice. Veo algo que me llama la atención y disparo. Siempre viajo con mi cámara". En total son 250 estampas en blanco y negro con cierto aire sombrío y espectral. Unas botas viejas, un tigre en el zoo, la maquina de escribir de Herman Hesse, un detalle del Guernica, caballos, su traje de novia? Todas fruto de su vieja cámara polaroid, modelo Land, la misma que hace un mes utilizó en Málaga para fotografiar el Museo Picasso. La misma que un año atrás llevó a Granada para ver a su "amiga" Laura García Lorca, sobrina del poeta. "En Málaga hice muchas fotos pero no me ha dado tiempo a incluirlas en esta exposición. Quizá para la siguiente", dice.

Patti Smith no se ha puesto hoy las lentillas. Lleva unas gafas redondas al estilo Lennon de varias dioptrías. Los años no han alterado su aire decididamente andrógino. Su voz es grave, que no ronca. Viste unos pantalones vaqueros rotos que se meten en unas botas altas y algo sucias. Su aspecto descuidado y la ligera sombra en la parte superior del labio dejan de llamar la atención cuando mira con sus ojos profundos y despiertos. Si un marciano aterrizase en la tierra no tardaría en descubrir que es una bohemia. "Me cuido bastante, pero 62 años es un número muy serio", sonríe, "de pronto te das cuenta de que has vivido la mayor parte de la vida. Aunque trato de no pensar en la muerte, todavía no estoy preparada. Tengo muchos libros por leer". Además, asegura que está viviendo una nueva etapa en su vida. "Yo diría que es la cuarta", explica. "Soy viuda, mis hijos son mayores y vuelvo a sentirme tan libre de responsabilidades como cuando tenía 20 años. Sólo que ahora soy más sabia".

Patti abre el catálogo de la exposición y se detiene en una de sus fotos favoritas: un primerísimo plano de las manos del fallecido Rober Mapplethorpe, fotógrafo bisexual y compañero sentimental en 1966, en la que ella llama "primera etapa". "Robert era muy guapo y todos se fijaban en su cara, pero lo más hermoso que tenía eran sus manos". Juntos vivían en una estrecha habitación en el Chesea Hotel en pleno huracán artístico de Nueva York. Él hacía fotos y ella escribía poemas. "Como no teníamos dinero ni mucho sitio, hacíamos toda la vida en la cama. Allí dormíamos, bebíamos, escribíamos, soñábamos, nos colocábamos [luego hablaremos de las drogas] y hacíamos el amor", cuenta.

Esa primera etapa terminó cuando Patti empezó a contactar con los músicos del primerísimo punk neoyorquino. En poco tiempo se convirtió en la personificación del simbolismo francés mezclado con el rock and roll. Penny Arcade, actriz, cantante y la única mujer con la que Patti tuvo una relación sexual, la recuerda andando por las calles del Village neoyorquino: "Quería parecerse a Keith Richards fumar como Jeane Moreau, andar como Bob Dylan y escribir como Arthur Rimbaud". "Es cierto que quería parecerme a Keith, incluso en su pelo", admite Patti, "pero de pronto me di cuenta de que era imposible imitarlo. Sigo siendo amiga de Keith", explica. ¿Y de Dylan? "También. Es el tío más independiente que conozco. Hace realmente lo que le da la gana. Un auténtico outsider. Gracias a él grabé mi primer disco".

Eso ocurrió en 1975. Su primer y mejor trabajo ?de los diez publicados- se llamó Horses y fue la chispa que encendió la explosión punk. Con 30 años se convertía en una estrella. Había pasado de trabajar en una fábrica, inspeccionando pañales para bebés, a ser un icono del rock. Mucha culpa de eso la tuvo la portada de julio de 1978 de la revista Rolling Stone. En la foto, de Annie Leibovitz, Patti aparece sudorosa, despeinada y con una blusa transparente que dejaba ver su sostén negro. A ella misma le sorprendió. "Annie captó algo de mí que ni yo misma entonces conocía", confiesa. "Más tarde me convertiría en la persona que sale en la foto. Desarrollé más la elegancia y la dignidad de esa persona". ¿Fueron salvajes aquellos años? "Nunca fuimos tan salvajes como se cree. Fumaba marihuana, tomaba café y otras drogas por razones espirituales, no para divertirme".

Esta segunda etapa, la del éxito, se interrumpió en los 80 cuando conoció al que fue su marido Fred 'Sonic' Smith. Con él se exilió a Seatlle, medio dejó la música y se dedicó a educar a sus dos hijos. El mayor, Jackson, tiene ahora 27 años y toca la guitarra. Jessie tiene 21 y actualiza el My Space de su madre, que entre los amigos agregados están Beethoven, su adorado Rimbaud y Dostoiesvki. "Gracioso, ¿verdad?", sonríe Patti arrugando la cara. "Cuando apareció Internet lo odiaba. El 11-M en Madrid me abrió los ojos. Vi que la gente si se unía a través de Internet y los sms podía recuperar el poder y decidir el gobierno en España. Cambió para bien mi concepción sobre la tecnología. Aún así sigo sin tener móvil".

En esta "cuarta etapa" ?la tercera se considera aquella en la que volvió a la música gracias a la insistencia de Michael Stipe, de REM-, Patti es feliz. Se siente "más libre que nunca". Viaja y expone en medio mundo. Acaba de estrenar Dream of Life, un documental sobre sus vida y se interesa por la política. "Si en EEUU gobernase Ralph Nader [Partido Verde] viviríamos en un mundo mejor", asegura. También colecciona libros, algo que le interesa más que los discos. Escucha mucha ópera, mucho reggae y a John Coltrane, "aunque me encanta Radiohead", asegura. De un nuevo disco, por ahora, nada. Pero sí está escribiendo un libro, The Traveler, inspirado en su padre. Así que no parece dispuesta a perder ni un segundo más. Se acaba el bocadillo y se levanta de un salto. "Me voy a trabajar, tengo muchas cosas que hacer".