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Reportaje:

La dolorosa belleza del mal

El artista brasieño Río Branco expone 'Dislecsia' en la Casa de América de Madrid

Para entender la realidad hay que llegar hasta sus extremos. Una vez allí, romperla en pedazos y volver a combinarlos, como palabras que se organizan según una nueva sintaxis. Eso es, al menos, lo que el artista brasileño Miguel Rio Branco lleva haciendo desde que, a finales de los sesenta, descubriera en la fotografía el medio para construir su lenguaje.

Un lenguaje que no siempre es fácil de entender. Así parece reconocerlo el propio artista en una de las dos exposiciones que muestran su obra en Madrid, Dislecsia, que reúne en la Casa de América (hasta el próximo 30 de marzo) más de un centenar de fotografías realizadas a lo largo de cuatro décadas. En la dislexia de su hija, un trastorno de la lectura que hace que se altere el orden de las letras o se confundan éstas, el artista reconoció su propia forma de entender el mundo. La otra muestra, en la galería de Oliva Arauna, recoge (hasta el 8 de marzo) una selección de los últimos trabajos de Rio Branco.

¿Últimos? "El último trabajo nunca es el último. La cuestión de dónde y cuándo están hechas las imágenes la dejé atrás hace tiempo", explica el artista en conversación telefónica desde París. "Es la misma baraja: a veces te da un full, otras te da un póker". Dislecsia es un proyecto para un libro con material en blanco y negro que empezó en Holanda hace dos años y que está en evolución constante. En él, organizado en polípticos -o "construcciones poéticas"- está todo el universo de Rio Branco, poblado de prostitutas, perros sarnosos, hombres harapientos, serpientes y peces. Un retrato brutal de la marginación, de cómo en los límites el hombre se funde con el animal. Pero también una reflexión sobre el mal (¿de otros?) como causa de la marginación, que carga de espiritualidad y de poesía el trabajo de Rio Branco.

Nacido en 1946 en Las Palmas de Gran Canaria, hijo de diplomático, cosmopolita y políglota desde su infancia, ¿qué lleva a un chico de buena familia a investigar el lado más oscuro? "Al principio de mi carrera elegí la pintura. En el 68 o 69 empecé a hacer cine y fotografía porque me parecía más dinámico, más político quizás. Yo volví a Brasil después de haber vivido con mis padres fuera del país y la situación social fue un choque". Como parte de la exposición de Casa de América se proyecta Nada me llevaré cuando muera, a aquellos que me deben les cobraré en el infierno, una película de 20 minutos que para el artista es un "documental poético" en el que mezcla cine y fotografías tomadas en 1979 en el Pelourinho, el centro histórico de Salvador de Bahía, cuando aún era un ghetto de prostitución y drogas antes de ser rehabilitado para el turismo de masas en la década de los noventa. Aunque Rio Branco reniega una vez más de constreñir sus imágenes en el espacio o el tiempo: "En mi trabajo hay una denuncia que no tiene localización. Durante seis meses me instalé en Salvador, pero esas imágenes pueden ser de cualquier lugar".

A pesar de que su trabajo es indisociable de esa denuncia, Rio Branco nunca buscó la vía del fotoperiodismo. De hecho, colabora con Mágnum desde 1980 pero nunca se propuso llegar a ser un miembro pleno de la agencia. "Me interesaba más seguir con la pintura que con la mera gestión de documentos. La gestión documental no me interesaba tanto: lo que quería era, precisamente, reconstruir el documental. No es que la imagen no sea interesante como documento, sino que en mis proyectos personales trabajo de otra manera. No quería limitar mi libertad como artista".

El trabajo que se expone en Oliva Arauna refleja acaso la visión menos documental y más artística de Rio Branco. "Son construcciones simbólicas con las que siempre he trabajado, cuestiones que tiene que ver con la vida real, con la oscuridad, con la luz debajo de la oscuridad, es un trabajo quizás más escondido", dice Rio Branco. Pero insiste con firmeza en que no se trata de meros formalismos. Algunas de estas imágenes fueron tomadas durante el rodaje de Babel, la última película dirigida por el mexicano Alejandro González Iñárritu. Un proyecto en el que, además de Rio Branco, Graciela Iturbide, Mary Ellen Mark, Patrick Bard retrataron los escenarios en los que se rodó el filme: Marruecos, México y Japón, donde estuvo Rio Branco.

El país nipón tendrá bastante ocupado al artista este año. Acaba de inaugurar una exposición en un templo budista en Tokio y el próximo octubre lo hará en el Museo de Arte Contemporáneo de esta ciudad, en una muestra que celebrará los 100 años de inmigración japonesa en Brasil.