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Los otros ‘Punch’ que han tenido que aprender a vivir sin sus madres

Las crías, separadas de sus progenitoras por el tráfico ilegal o rechazadas al nacer, deben ser socializadas lo antes posible para que el grupo las acepte

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Djibril, otro bebé chimpancé que sufrió el rechazo de su madre y se apoyó en un peluche
Djibril abraza a su peluche chimpance. Foto BIOPARC FuengirolaVídeo: EPV

Djibril, un chimpancé al que rechazó su madre, en el Bioparc de Fuengirola (Málaga) se abrazaba a un peluche que le ofrecieron en el centro. Un comportamiento similar al de Punch, el macaco japonés cuya imagen arrastrando un peluche con forma de orangután se viralizó. Otros, como Chitto, un macaco de Berbería, se aferraba a la persona que sustituyó a su madre desde que fue arrancado de su lado y terminó en la casa de una pareja alemana que lo compró como regalo de cumpleaños de forma ilegal. Llevaba arnés, pañal y una correa. No tenía alternativa; la cría, de pocos meses, necesita mantener, como sea, el apego materno que le daba seguridad y que le fue arrebatado cuando lo separaron de su madre para venderlo.

Chitto se recupera ahora con una madre adoptiva en el centro de rescate de primates y animales exóticos de AAP Primadomus en Villena (Alicante). Mientras que Djibril fue criado por otra chimpancé que lo aceptó. Todos necesitaban mantener el vínculo materno del que carecían de alguna forma.

En el caso de Punch, el macaco japonés, ese vínculo se ha desplazado hacia un peluche orangután que casi duplica su tamaño y del que no se separa ni para dormir. Las imágenes en las que mira al muñeco con ternura, lo abraza o duerme con él han dado la vuelta al mundo, despertando un sentimiento de solidaridad con el pequeño.

“Necesitan algo a lo que abrazarse, blandito, es lo que se conoce como madre de transición”, explica Miguel Casares, director del Bioparc de Valencia y experto en primates. En zoológicos y centros de rescate o santuarios se ofrecen peluches, mantas, cojines u otros objetos similares a las crías que se quedan sin madre, ya sea por rechazo, fallecimiento o como consecuencia del tráfico ilegal. Les proporcionan así una sensación de seguridad mientras comienza un proceso de socialización complejo, en el que hay que avanzar paso a paso y con paciencia hasta integrarlas en un grupo de su especie.

“Debe abordarse a la mayor velocidad posible, porque son unos animales con unas jerarquías muy marcadas y deben aprender los patrones naturales en una fase temprana. De lo contrario, se puede complicar”, explica Casares. Por eso, el peluche no puede durar mucho en la vida de estas crías.

En Bioparc aprendieron con Djibril, una cría de chimpancé occidental que nació en abril de 2019 en las instalaciones de Fuengirola (Málaga), a la que su madre, Kika, rechazó. No sabía cómo hacerlo, no le dieron oportunidad de aprenderlo: fue capturada de bebé en la selva y sufrió abusos físicos y psicológicos para explotarla como reclamo fotográfico en un circo. Hasta que fue rescatada por la Guardia Civil.

Decidieron buscar una madre adoptiva y encontraron a Eva en el Bioparc de Valencia. Allí Djibril permanecía en su zona de confort, donde dormía abrazado a un peluche chimpancé. Poco a poco fueron acostumbrando a Eva a quedarse sola con el bebé, al que alimentaron con biberón. Así afianzaron sus vínculos y, a partir de ahí, la cría se fue incorporando al resto del grupo, uno a uno.

En el caso de Chitto, esa socialización ya ha empezado en AAP Primadomus en Villena (Alicante), un centro que acoge a animales rescatados del tráfico ilegal, circos o tenencia como mascotas. Chitto ha pasado ya la cuarentena y le acompaña Beatrix, una anciana macaca también rescatada de otro hogar, que se ha convertido en su madre adoptiva.

A Chitto le rescataron en agosto de 2025, cuando el dueño se percató de que no era la mascota adecuada. “Si se iba, el macaco se ponía nervioso, porque hay una identificación con la persona que más le cuida y con el resto se generan celos y aparecen posibles riesgos como mordiscos, que intente agarrar más fuerte…, es entonces cuando la situación se descontrola y nos contactan”, explica Berta Alzaga, de AAP. Una vez rescatado es “vital darle compañía cuanto antes, porque no ha estado con otros congéneres y eso le puede llevar a tener dificultades con ellos”.

La intención es que Chitto se integre en un grupo de un macho y tres hembras y, más adelante, encontrarles un destino definitivo donde puedan vivir el resto de su vida. Será un zoológico con garantías de bienestar adecuadas o un santuario, porque, como recuerdan en AAP, “tendrán que vivir bajo cuidado humano toda la vida”.

En el centro de Villena de Primadomus también vive la pequeña Lu, un macaco de Berbería, que apareció vagando por las calles de Jouy-en-Josas (Francia) con una cuerda alrededor del cuello hace un año. Se le dio un peluche para el traslado, pero ya no lo necesita, está pasando la cuarentena a la espera de ser introducido en un grupo. Los macacos de Berbería viven en Marruecos ―en las regiones del Medio y el Alto Atlas―, el norte de Gibraltar y, en menor medida, en Argelia. Suelen formar grupos de entre entre 20 y 60 individuos, se encuentran en peligro de extinción y su comercio no está permitido.

En las instalaciones de AAP en Países Bajos se encuentra Giggi, un joven chimpancé de unos tres años hallado en enero de este año en una localidad de Sicilia. Estaba atado con una cadena de apena dos metros, que le había cortado profundamente la ingle y le había causado lesiones muy graves. De momento, sigue en cuarentena y se arropa con una manta. “Probablemente fue extraído de la naturaleza en África cuando era un bebé”, denuncia la organización.

“A una edad tan temprana, los cuidados maternales son fundamentales para el correcto desarrollo de la cría”, recuerda Eva Shippers, bióloga y Responsable de Rescate y Rehabilitación de AAP. Las consecuencias sobre su desarrollo y socialización debido al sufrimiento que ha soportado “todavía son inciertas”. Su comprensión actual del mundo correspondería a la de un niño de su misma edad.

“El problema es cuando llegan adultos muy traumatizados, porque les han arrancado muy jóvenes de su madre, y no han adquirido habilidades sociales porque los han mantenido encerrados, sin contacto con ningún ejemplar de su especie” explican en AAP Primadomus. Los bebés, en cambio, traen mejores cartas debajo del brazo y cuando se les incorpora al grupo son normalmente aceptados.

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