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Un estudio analiza las nuevas demandas de seguridad en Chile: “La lógica Bukele empieza a aparecer con más fuerza”

La plataforma de escucha ciudadana Tenemos que hablar de Chile, liderada por la Universidad Católica y la Universidad de Chile, publica en EL PAÍS los resultados de su cuarta entrega

Militares en las calles de Osorno (Chile), durante el estallido social en octubre de 2019.
Militares en las calles de Osorno (Chile), durante el estallido social en octubre de 2019.Fernando Lavoz (NurPhoto via Getty Images)
Antonia Laborde

Tras el estallido social en Chile de 2019, surgió Tenemos que hablar de Chile, una plataforma al alero de la Universidad Católica y la Universidad de Chile dedicada a prestar la oreja a los ciudadanos de distintas edades, territorios y niveles socioeconómicos para conocer sus preocupaciones, a través de extensas conversaciones. Los resultados de la última entrega de Chile a Escala: Una mirada ciudadana al país que viene, adelantados este sábado a EL PAÍS, arrojan que el malestar social se ha intensificado en cuatro años y que, a diferencia de las ediciones anteriores, cuando las preocupaciones eran de diferentes índoles, la demanda por seguridad y orden desborda la conversación en medio de la crisis de delincuencia que enfrenta el país sudamericano. Además, alertan de un preocupante pesimismo: solo el 11% de los 8.000 participantes cree que este 2024 tendrá mayor tranquilidad que el año recién pasado.

Desde el primer proceso constitucional, en 2021-2022, la seguridad como problema y como condición de tranquilidad comenzó a acentuarse en los análisis recogidos por el estudio realizado en todas las regiones del país, con participantes de entre 18 y 93 años. Las preocupaciones por la educación, salud o pensiones, que antes figuraban entre las temáticas que inquietaban a la población, aparecen en un segundo plano en el contexto actual, sin importar la edad, nivel educativo o municipio en el que viven. Los jóvenes, por ejemplo, que habitualmente no hablaban de la problemática de la inseguridad pública o lo hacían desde otra perspectiva, hoy se suman a la voz dominante. Las tres principales preocupaciones son: seguridad, justicia y educación.

”La raíz del malestar múltiple se ha ido unificando”, señala Hernán Hochschild, director ejecutivo de Tenemos que Hablar de Chile. “La gente masivamente cree que la delincuencia y la inmigración ilegal descontrolada afecta profundamente su vida. Antes los problemas del país no los impactaban a ellos necesariamente”, añade. Hochschild advierte que mientras el mundo político intentaba construir una Constitución –falló dos veces en su intento de reemplazar la Carta Magna actual–, en la ciudad se fue constituyendo algo. “Hay un efecto colateral de la incapacidad que han tenido quienes lideran las instituciones y lideran el país”, sostiene.

Una de las consecuencias de la extensión de los tentáculos del tema seguridad como principal preocupación es la aparición de nuevos agentes de cambio. Si antes eran los políticos, ahora han cobrado fuerza las policías, los militares y los jueces. “La lógica más penalista empieza a tomar más espacio”, advierte Hochschild. Ante la pregunta: a un nivel más personal, pensando especialmente en su comuna, ¿qué tendría que pasar el próximo año (2024) para que usted sienta mayor tranquilidad?, los conceptos que más aparecieron en las respuestas fueron seguridad, delincuencia, carabineros, control, vigilancia y delincuentes.

Sobre los extranjeros, la gente hace una separación a dos tipos de migrantes: el que viene a ganarse la vida por bien y el que viene a aprovecharse de Chile, según la plataforma. “Todavía no ha terminado de cuajar un solo discurso. Lo mismo las medidas para enfrentar la delincuencia, aunque sí se ve un discurso mucho más desbordado: toques de queda, militarización, mano dura…”, apunta Hochschild, quien añade que “la lógica Bukele empieza a aparecer con más fuerza, pero todavía no se vuelve el discurso mayoritario”.

Un 69% de los chilenos se manifiesta muy de acuerdo con que los inmigrantes elevan los índices de criminalidad, según la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) publicada el pasado noviembre, un salto significativo respecto a 2017, cuando un 41% de los ciudadanos opinaba de esa manera.

Las respuestas a la pregunta si creen que este 2024 van a sentir mayor tranquilidad son preocupantes. Un 51,86% contestó proyecciones que pueden ser clasificadas como negativas, del tipo: “Yo no tengo tanto optimismo de que vamos a estar más tranquilos, no veo por qué”, un 36,4% mencionó ideas intermedias, sin carga hacia un lado u otro, y apenas un 11,8% positivas, (“Pienso que sí voy a estar más tranquilo porque es lo que espero, siendo una ilusión. Aunque no sabemos qué va a pasar con este Gobierno o con el que venga”).

Una de las conclusiones que sacaron los realizadores del primer informe de Tenemos que Hablar de Chile, realizado post estallido social y en medio de la pandemia, era que la esperanza era un “elástico estirado”. Ahora advierten sobre la complejidad de la desesperanza que advirtieron en los diálogos. “Lo constitucional o la misma discusión legislativa se va alejando de las personas. La demanda social empieza a tomar la forma de medidas concretas, alejándose de discusiones de mayor plazo”, señalan.

Sobre la firma

Antonia Laborde
Periodista en Chile desde 2022, antes estuvo cuatro años como corresponsal en la oficina de Washington. Ha trabajado en Telemundo (España), en el periódico económico Pulso (Chile) y en el medio online El Definido (Chile). Máster de Periodismo de EL PAÍS.
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