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Otra vida después de la alcaldía

Carmena atiende una tienda solidaria e impulsa una nueva ética política; Álvarez del Manzano es socio de un despacho; y Barranco se dedica a su familia y a su huerto

Manuela Carmena, delante del ordenador en el que está escribiendo su libro.
Manuela Carmena, delante del ordenador en el que está escribiendo su libro.

Manuela Carmena escribe bajo la mirada de su hija Eva, que la observa desde un cuadro colgado a su espalda. El ordenador en el que teclea su próximo libro (A los que vienen; Aguilar) es una isla en el océano de papeles y recuerdos que cubre la larga mesa de madera del comedor de su casa. Cinco meses después de ganar las elecciones municipales en Madrid, y tras ver cómo la alianza de PP, Cs y Vox le impedía gobernar, la exalcaldesa de la capital tiene una agenda llena de proyectos fuera de la política. A los 75 años, pisa un terreno inexplorado por sus predecesores más inmediatos. Juan Barranco (PSOE) siguió en política. José María Álvarez del Manzano (PP) presidió Ifema, con un sueldo de 120.000 euros anuales entre 2003 y 2015. Alberto Ruiz-Gallardón (PP) pasó por el Gobierno de España, y ahora se dedica a la abogacía. Ana Botella (PP) tiene una discreta vida pública. Y Carmena quiere abrir un debate sobre la ética política.

"Para mí la política es un episodio pequeño de mi vida", cuenta la exalcaldesa de la capital, que en 2015 dio el paso de ser la candidata de la plataforma Ahora Madrid. "Interrumpí proyectos. Ahora los continúo. Me he incorporado de nuevo a dirigir la ONG, que lleva trabajo, y a la tienda", añade sobre Zapatelas, el proyecto de inserción laboral con un local en Malasaña en el que se venden prendas y juguetes de tela hechos por mujeres en prisión, que ya han cumplido su condena, o que están en una situación de vulnerabilidad. "También he puesto en marcha un proyecto que tiene que ver con la ética en la política", añade la antigua abogada laboralista, y jueza, que se ha unido al programa Hora 25, de la cadena SER, para impulsar la conversación pública sobre esa cuestión. "Intento dar cursos para reflexionar y entender la ética política como una actitud personal y una manera de transformar la vida pública para que mejore la de los ciudadanos".

Carmena habría formado parte de las listas de Más País para las elecciones generales si hubiera querido, lo que le habría llevado con toda probabilidad hasta el Congreso de los Diputados. Se ve con fuerzas para desempeñar un puesto que le permita trabajar por la ciudadanía —como defensor del pueblo, por ejemplo—, pero no lo busca. Su empeño es impulsar un nuevo enfoque de la política, poner sobre la mesa la necesidad de combatir con inmediatez la tormenta de datos falsos y afirmaciones sesgadas que inundan la conversación pública, y combatir la corrupción desde la raíz.

"La política ha sido una experiencia interesante y un trabajo muy motivador", asegura. "He aprendido mucho, pero también me gusta mucho esto otro, la reflexión y el estudio", añade. "En la política hay elementos que me gustan y otros que no", profundiza. Y apunta: "Por ejemplo, me gusta la política municipal y la del Congreso no. Allí la política se basa en discursos agresivos y cainitas. En general, se basa en discursos. Eso no tiene sentido. La política hay que hacerla con reflexión y escucha".

Carmena, señala alguno de sus predecesores en la alcaldía, personifica un caso único. La líder de Más Madrid avisó antes de los comicios de que se presentaba a la reelección para culminar su obra de gobierno, por lo que no continuaría si no mantenía el bastón de mando. Una vez convertido en alcalde José Luis Martínez Almeida con los votos de PP, Cs y Vox, Carmena renunció a su acta de concejal.

De izquierda a derecha, Juan Barranco, Manuela Carmena, José María Álvarez del Manzano, Alberto Ruiz-Gallardón y Ana Botella, en una comida de 2016.
De izquierda a derecha, Juan Barranco, Manuela Carmena, José María Álvarez del Manzano, Alberto Ruiz-Gallardón y Ana Botella, en una comida de 2016.

El carné que reposa ahora sobre su mesa de trabajo porque hay que renovarlo refleja que tiene 75 años. Álvarez del Manzano cerró su etapa en el Ayuntamiento con 66. Botella, con 62. Ruiz-Gallardón se marchó al Ministerio de Justicia con 53 años. Y Barranco perdió en 1989 una moción de censura con 42.

Puerta giratoria

"Yo soy de la quinta de Manuela, pero son dos casos completamente distintos", asegura el último alcalde socialista de la ciudad, que ahora ha recogido en un libro de la editorial Machado lo ocurrido bajo su gobierno y el de Enrique Tierno Galván. "Fui el alcalde más joven de la historia. Cuando salí me presenté a senador y fui el más votado de España. Estando en la Asamblea de Madrid, con 67 años, pensé que era la hora de retirarme, de dejarlo todo... ¡había empezado a trabajar con 14 años!", evoca. "Ahora me dedico a escribir, a escuchar música, a cuidar de los nietos y a la puerta giratoria que me busqué en el pueblo: cuidar del huerto", ironiza. "Cuando te retiras, lo primero que tienes que hacer es no enredar, no molestar, no entrometerte", argumenta. Y advierte: "Yo no tengo ningún mono. Hay que estar preparado mental y psicológicamente, porque hay gente que se queda colgada de la política, de haber sido alcalde o ministro, y que incordia. ¡No hay que intentar seguir en la pulpa del hollejo!".

Todos los políticos conocen el síndrome del teléfono. El día después de su paso a la vida civil, el móvil deja de sonar inmediatamente. Da igual que la decisión haya sido tomada por uno mismo, haya sido forzada por el partido, o por un escándalo. Perdido el poder, se desvanece el interés de compañeros de partido y periodistas, y se crea un vacío en la agenda que para algunos es difícil de llenar.

Ruiz-Gallardón apostó por refundar el despacho de abogados familiar, y por dar clases de derecho procesal en la Universidad Internacional de La Rioja, tras dimitir como ministro de Justicia. Botella, su sucesora en el Ayuntamiento de Madrid y primera alcaldesa, mantiene una actividad pública discreta —con charlas ante universitarios y presencia en actos institucionales como la toma de posesión de Martínez-Almeida— y ocupa la presidencia ejecutiva de la Fundación Integra. Y Álvarez del Manzano, que ya ha cumplido los 81 años, se desempeña desde hace cuatro como socio del despacho de abogados Cremades y Calvo-Sotelo.

"Pasas de la primera fila a la segunda, y psicológicamente lo vas asumiendo", cuenta el antiguo regidor, que fue alcalde de la capital durante 12 años, más que nadie. "Yo soy inspector de finanzas del Estado, siempre pensé en volver a mi profesión, pero José María Aznar y Alberto Ruiz-Gallardón me ofrecieron continuar como presidente de Ifema, que ya lo era", explica sobre su cargo en el consorcio publico privado. "Esa fue mi transición", prosigue a través del teléfono Álvarez del Manzano, que aceptó cerrar la lista electoral de Martínez-Almeida en 2019, como un apoyo simbólico. "No dejaron de sonar los teléfonos, pero sonaron otros distintos", ironiza. "Ya no vuelven a invitarte a los mismos sitios a los que vas como alcalde, a las cenas del Palacio Real y otros acontecimientos. Se te borra de la primera línea", añade Manzano, que explica por qué no se ha jubilado a los 81 años: "Quiero estar activo".

Carmena, de otra manera, también. Sigue la actualidad política con el máximo interés. Su agenda está llena de compromisos. En la cocina de su casa, donde se hornean sus famosas magdalenas, cuenta que tiene previsto escribir hasta tres libros próximamente. Bucea en la memoria para recuperar para sus textos el espíritu de la sección Cuarto de estar de la revista Blanco y negro, para transmitir sus consejos a los adolescentes. Afronta la labor de documentación con entusiasmo, como buena amante de la historia. Y recuerda su cita semanal en Zapatelas.

"Me gusta mucho", cuenta la exregidora. "Todos los sábados voy a despachar y a vender", añade, hasta que se le pregunta por la reacción de los clientes. "Algunos se quedan sorprendidos. Me dicen: ¡Pero si usted era la alcaldesa!".

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Fe de errores

La tienda en la que atiende la exalcaldesa Manuela Carmena es Zapatelas, y no Zapaletas, como ponía una primera versión de este artículo.

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