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El día que Mas llamó a Millet en pleno registro

El fiscal del ‘caso Palau’ rememora la irrupción de los Mossos en el coliseo modernista, de la que se cumplen 10 años

Registro de los Mossos en el Palau, el 23 de julio de 2009.
Registro de los Mossos en el Palau, el 23 de julio de 2009.

A Emilio Sánchez Ulled le queda lejos aquella mañana de verano en la que entró al Palau de la Música. La lejanía es física —vive en Bruselas, donde es consejero de justicia en la macroembajada española— pero también emocional. Y sin embargo, hay sensaciones que no olvida. Como el nudo en el estómago que sintió al irrumpir, junto a un grupo de Mossos, en el coliseo modernista. “Íbamos con una cautela absoluta por lo que el Palau representaba social y culturalmente”. O los “nervios” que vio reflejados en el rostro del capo, Fèlix Millet, luego convertido en saqueador confeso. Millet “no paraba de recibir llamadas”. La primera, según dijo él mismo y reconocen diversos testigos, la del entonces líder de Convergència, Artur Mas.

“Es que es Mas, es que es Mas”, trató de justificarse Millet cuando el fiscal le reprendió por usar el teléfono móvil en pleno registro. La llamada, de Palau (de la Generalitat) a Palau (de la Música) no fue vista entonces como algo premonitorio. Con el tiempo, el expolio de la institución musical derivó en el gran escándalo de corrupción de Convergència: por primera vez, se probó la financiación ilegal del partido de Mas.

Pero aquella mañana del 23 de julio de 2009 —fecha clave en la historia contemporánea de Cataluña de la que hoy se cumplen diez años—, Sánchez Ulled no podía siquiera imaginarlo. “Íbamos por una salida sospechosa de dinero, pero no sabíamos gran cosa. Recuerdo que, en la reunión previa al registro con la policía, les dije que el asunto era tan burdo [la Agencia Tributaria había detectado un uso excesivo de billetes de 500 euros] que no creía que hubiera financiación ilegal”.

El fiscal anticorrupción, ahora en servicios especiales, se ríe de su falta de olfato, subsanada después con una investigación en la que demostró que Convergència se embolsó 6,6 millones en comisiones ilegales pagadas por Ferrovial a cambio de la adjudicación de obra pública. Con ese mismo sentido del humor comentó Sánchez Ulled a los mossos que se anduvieran con ojo en el registro: “Les dije: ‘Tened cuidado porque, si rompemos algo, esto es patrimonio de la humanidad”.

Nada rompieron los agentes, que apenas pisaron zonas nobles del Palau. El registro se centró en despachos anodinos donde, según un empleado, se guardaban papeles. “En un local-trastero encontramos una carpeta donde aparecía una cuenta en Suiza con bastante dinero”, recuerda Sánchez Ulled, que de inmediato pidió una comisión rogatoria y la retirada del pasaporte de Millet. Fue un día intenso, un registro de 12 horas del que apenas se ausentó unos minutos para comer un bocadillo en un bar cercano.

Un año y medio y el Supremo sigue sin dictar sentencia

La Audiencia de Barcelona dictó sentencia sobre el caso Palau en enero de 2018, nueve años y medio del registro de los Mossos en la institución musical. La investigación avanzó a buen ritmo los primeros años, pero luego entró en un letargo de recursos que alejaron la posibilidad real de encarcelar a los culpables. Además de las condenas a Millet y Montull, saqueadores confesos, el tribunal sentenció al extesorero de Convergència, Daniel Osácar, a cuatro años y medio de cárcel. Ninguno de los 12 condenados está en prisión.

Tanto las defensas como la Fiscalía recurrieron la sentencia ante el Tribunal Supremo. Pero éste aún no se ha pronunciado pese a que ya ha transcurrido un año y medio. Ni siquiera hay fecha prevista para celebrar la vista, informa Reyes Rincón. El Supremo deberá dictar la resolución definitiva, lo que podría llevar Millet, Montull, su hija Gemma Montull y Osácar a la cárcel.

“Durante el registro, sonaba música de órgano. ¡Era la Toccata y fuga en re menor, BWV 565 de Bach! Es la que ponen en las películas a los genios del mal”, ríe de nuevo en conversación desde Bruselas. Un grupo de japoneses en visita guiada miraban con caras de desconcierto a los Mossos saliendo con cajas de cartón, mientras los empleados del Palau aguardaban. Sánchez Ulled aún les recuerda. “Algunos ponían cara de estupor. Otros estaban como ofendidos, no entendían qué hacíamos allí. Y otras caras te llamaban la atención porque parecían decir ‘se veía venir...”

Millet salió aquel día del Palau rodeado de cámaras, pero en libertad. Y así siguió —con un ligero paréntesis por otra causa judicial, la de la construcción fallida de un hotel de lujo— hasta que, en enero de 2018, la Audiencia de Barcelona le condenó a nueve años y ocho meses de cárcel por saquear 23 millones de la entidad junto a su mano derecha, Jordi Montull. Estuvo 25 días en prisión —a casi un día por cada millón que se embolsó— y luego quedó en libertad a la espera de la sentencia definitiva del Supremo.

Sánchez Ulled se queda con el “momento eureka” que supuso ver con sus ojos, con primera vez, pruebas documentales de la cacareada financiación ilegal de CDC. Años antes, cuando el expresidente Pasqual Maragall dirigió a Mas en el Parlament su célebre frase de “ustedes tienen un problema con el 3%”, el fiscal superior, José María Mena, puso a Sánchez Ulled a investigar junto a su colega Fernando Rodríguez. Entonces no pudieron avanzar. “No sabíamos adónde mirar. Nadie nos daba una pista”. Pero aquella mañana de julio de 2009, la música del 3% empezó a sonar.

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