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La división de las bases entre ERC y el PSC abre un dilema para Colau

Los militantes celebran asambleas de distrito mientras llega el plenario del día 7 en el que esperan conocer la propuesta de la dirección

Colau, con uno de sus colaboradores en la alcaldía, esta semana. En vídeo, Jaume Collboni anuncia el pasado sábado una reunión con la líder de Barcelona en Comú. Vídeo: EPV

La alcaldesa en funciones de Barcelona, Ada Colau, afronta la decisión más trascendental de su carrera política. Tras perder las municipales ante ERC, la líder de los comunes defiende un tripartito con los republicanos y el PSC, pero los vetos cruzados lo hacen inviable. Las alternativas son pactar con ERC y no tener la alcaldía; o tenerla gobernando con el PSC y los votos de Valls. Mientras mantiene la incógnita, sus bases, que tienen que votar cualquier acuerdo, están divididas.

“Estamos muertos si pactamos con los indepes”.“Estamos muertos si aceptamos los votos de Valls, aunque solo sea para la investidura”. “Estamos muertos si Colau no es alcaldesa”. Son tres opiniones recabadas en los últimos días entre militantes y cuadros de la formación. La dirección guarda silencio y llama por WhatsApp y Telegram a “debatir con calma”, “respetando todas las opiniones” y “sin prisas”. “En política, gobernar los tiempos es importante”, afirma un edil.

Barcelona en comú, que aún no ha cumplido cinco años de vida —una confluencia entre el núcleo de Colau, ICV y Podemos—, se enfrentó en otoño de 2017 al dilema de si rompía el acuerdo de Gobierno que mantenían con el PSC tras el apoyo de los socialistas a la aplicación del artículo 155 en Cataluña. Entonces, Colau mantuvo silencio. Sin su influencia, las bases optaron por romper, una decisión que, con distancia, se ha asumido que fue un error. Ahora la clave para que no se rompa el partido, apunta una fuente próxima a la dirección, es “tener a todos los concejales compactados y lograr un alto porcentaje de apoyo a la decisión que se tome”.

Cualquier acuerdo de la dirección tiene que ser sometido a una votación de las bases, que será vinculante. No son pocos los que consideran que la líder de los comunes debe tomar partido. Todo ello con presiones en las redes sociales (básicas para entender el mundo de la formación) y asumiendo que “habrá costes, siempre los hay”. La dirección ha convocado un plenario (la reunión más amplia de la formación) el viernes 7 en el que se espera que acuda con propuestas concretas.

Las asambleas de distrito están contando con una gran participación. Son las más masivas que se recuerdan. Congregan a los que han picado piedra desde el inicio (gente de los movimientos sociales; con militantes más, menos o nada independentistas en los dos sectores) y también activistas que se acercaron a la formación durante la campaña electoral. En síntesis, debaten cuatro escenarios. Uno, el oficial que defiende Colau, aunque se antoja inviable por los vetos mutuos entre independentistas y socialistas, es el tripartito entre comunes, ERC, PSC (que sumarían 28 de 41 concejales). Dos: gobernar con ERC, una suma de 20 ediles sin tener la alcaldía. Tres: pactar un Gobierno con el PSC y con Colau investida alcaldesa con los votos de Valls. Y cuatro: pasar a la oposición.

Quienes apoyan gobernar con ERC señalan que con 20 ediles sería fácil aprobar proyectos. Pero otros opinan que gobernar con Ernest Maragall sería “el fin de Barcelona en comú”, porque supondría no tener la alcaldía, y dejar la ciudad en manos del independentismo, a riesgo de “replicar la parálisis de la Generalitat”. El candidato de ERC, argumentan, tensionaría con la cuestión independentista. La número dos de los republicanos, además, es Elisenda Alamany, que había formado parte de los comunes y es considerada una tránsfuga. Sus relaciones con la dirección son pésimas. Entre los argumentos contrarios a pactar con ERC también pesa que durante el pasado mandato los republicanos bloquearon grandes proyectos y que las consejerías gobernadas por ERC en la Generalitat son, dicen quienes rechazan este pacto, las que menos políticas sociales han hecho.

La otra alternativa que está sobre la mesa es aceptar para la investidura los votos del candidato de Barcelona pel Canvi Manuel Valls, y pactar un Gobierno con el PSC. La rechazan militantes que ven en Valls “el candidato de las élites” y entienden que traicionaría la esencia de Barcelona en comú. Además, advierten de que, por mucho que diga el ex primer ministro francés, “no hay nada gratis”.

Quienes, por contra, apoyan el pacto con el PSC son los más reacios a pactar con los independentistas y los que priman que Colau siga al mando de la ciudad. “Aceptar los votos de Valls es un mal menor, la única manera de mantener las políticas de izquierdas y de que Colau acabe su ciclo”, dice otra voz próxima a la dirección, que añade que será en los próximos años cuando los comunes podrán lucir obra de gobierno e inversiones: entregar las llaves de 4.600 pisos, inaugurar equipamientos y obras...

La misma voz insiste en que Colau “es alcaldesa, líder de la formación y del resto de marcas de los comunes, sin ella se tambaleará todo”. A favor del pacto con el PSC están también quienes temen que las dos principales instituciones de Gobierno catalanas estén en manos del independentismo. Además, recuerdan que Colau ya gobernó durante un año y medio con el PSC: se conocen y la alianza funcionó.

Las bases también han sugerido pactar con ERC, pero repartiéndose la alcaldía: dos años Maragall y dos Colau. Una idea “peligrosa”, resume un cuadro, “porque con el convulso escenario político nadie es capaz de asegurarse una mayoría dentro de dos años”. Los menos sugieren aceptar la derrota, pasar a la oposición, que Maragall conozca lo difícil que es gobernar en minoría, y plantear más adelante una cuestión de confianza.

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