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Un nuevo rascacielos asoma en el cielo de Madrid

Caleido, el edificio que se construye junto a las Cuatro Torres, que se ha colado en el ‘skyline’, crece una planta por semana

Vista de la construcción de la torre Caleido, en el complejo Cuatro Torres, desde el hospital de La Paz.

Vistos desde la torre del hospital de La Paz, los cerca de 300 obreros que levantan Caleido, el nuevo rascacielos del norte de la Castellana, parecen hormigas con chalecos amarillos. Allí languidecían junto a las Cuatro Torres los restos del centro internacional de convenciones que la crisis aniquiló dejando solo los cimientos en un agujero de más de 30.000 metros cuadrados. Ahí, los arquitectos Mark Fenwick, Javier Iribarren y Fernando Serrano-Suñer se enfrentan a un desafío que intentan superar a diario: erigir a una planta por semana la nueva torre de 36 alturas y 181 metros cuyo esqueleto, que ya se cuela en el skyline, quiere tocar el cielo de Madrid y ser un referente de sostenibilidad cuando esté acabada en septiembre de 2020.

Los pulmones de los operarios son los que más notan que todavía no hay un montacargas que les lleve a lo más alto. “Esperamos que esté listo en un par de semanas, porque ahora dependemos de las grúas y cuando hay viento no se puede subir material”, cuenta uno de ellos. Hasta entonces suben a pie las 15 plantas construidas al cierre de este reportaje desde el subterráneo. Caleido, cuya inversión total según el Ayuntamiento superará los 300 millones, albergará un campus del Instituto de Empresa (IE University) al que llegarán todos los días más de 6.000 estudiantes, además de un centro sanitario de Quirón enfocado en la medicina deportiva, y un área comercial con un gran parque.

El proyecto es, como reconoció en su presentación el delegado de Desarrollo Urbano Sostenible, José Manuel Calvo, una solución para el que se quedó a medio hacer: el fastuoso palacio de congresos; una mole circular cuyo coste, 360 millones de euros, era “inasumible” para el Consistorio madrileño hace seis años —en plena crisis—, cuando decidió enterrar el “sol poniente de la ciudad”, como lo bautizaron sus arquitectos. La colaboración entre el sector público y privado que ha engendrado Caleido es el modelo por el que apuesta el actual equipo de gobierno en el Palacio de Cibeles. La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, se congratuló por “albergar un proyecto educativo extraordinario de una universidad que da prestigio y que hará de Madrid avanzadilla”. Carmena, además, dijo de la torre que era muy bella. Su diseño, como reconoció el arquitecto Mark Fenwick, está influido por rascacielos como el Seagram de Nueva York o el Hancock de Chicago

Torre Caleido
A la izquierda, una recreación del aspecto final que tendrá Caleido y, a la derecha, el edificio Seagram de Nueva York; inspiración del arquitecto. CALEIDO / AP

“Caleido es un reto difícil y un proyecto muy innovador, porque será uno de los primeros campus universitarios en vertical del mundo”, cuenta Fernando Serrano-Suñer, uno de los arquitectos. El desafío, reconoce, es organizar el trasiego por la torre de los miles de alumnos distribuidos en las 67 aulas que tendrá el campus y a las que llegarán usando un total de 18 ascensores, aunque con el objetivo de evitar el colapso se han diseñado amplias zonas comunes para aglutinarlos en los descansos. “El edificio tendrá más ocupación que una torre normal de oficinas. Por eso, el inicio de las clases estará pautado en intervalos de media hora, para que se pueda absorber a todo el mundo sin incidencias”, asegura Carmen Valle, responsable de proyectos de Fenwick Iribarren Arquitectos.

Los futuros alumnos del IE University dispondrán de laboratorios y hasta de una cancha de baloncesto para jugar a ser Michael Jordan en las alturas. “Tendrán este equipamiento sin renunciar a estar en un lugar de crecimiento económico; en un campus urbano junto a las Cuatro Torres”, cuenta Juan José Güemes, vicepresidente de asuntos económicos de esta institución y exconsejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, defensor del modelo de gestión mixta (privada y pública) de los hospitales madrileños. Los estudiantes tendrán la estación de Chamartín a 200 metros de la universidad y la parada de metro de Begoña (línea 10) a tres minutos. Por ello, a Güemes no le preocupa que se atasque la zona. “Madrid tiene una movilidad extraordinaria”, zanja.

RASCACIELOS EN ESPAÑA

El rascacielos, el quinto, desvirtúa el nombre del parque empresarial en el que lucirá su forma de “T” invertida: Cuatro Torres Business Area (CTBA). Aunque Rocío Zunzunegui, una de las responsables de la inmobiliaria Espacio —promotora del proyecto—, aclara que un hipotético cambio de Cuatro a Cinco en la nomenclatura le corresponderá a la empresa que gestiona el parque empresarial, y en cuya junta están representadas las entidades con sede en el complejo.

Zunzunegui cuenta que trabaja para atraer firmas reputadas de la gastronomía a los restaurantes que se abrirán en la base de la torre, de ocho plantas y 33 metros, y que podrán disfrutar todos los madrileños; no obstante, el terreno es propiedad del Ayuntamiento. Este ha cedido su uso durante 75 años a la compañía Icono Torre Vida S.A.U., ahora Espacio Caleido SA, que abonará a las arcas municipales cuatro millones anuales.

Rascacielos Madrid ampliar foto
Construcción de Caleido en el Paseo de la Castellana, el pasado jueves.

La zona comercial tendrá vistas al parque público de 33.000 metros cuadrados que conectará el CTBA con la calle de Monforte de Lemos. Y diez cubos, que darán al eje de la Castellana, donde se espera la llegada de marcas icónicas para satisfacer a los cerca de 30.000 empleados de la zona, que según Serrano-Suñer sufren “grandes carencias en ocio y restauración”.

Caleido pretende cerrar una herida en el distrito financiero de la ciudad, y hacer de este, gracias a la zona comercial, un espacio atractivo para los ciudadanos. “Queremos humanizar un entorno tan frío como el de las Cuatro Torres”, comenta Rocío Zunzunegui. Por ello, asegura que la galería no será como un centro comercial, sino que casi todo el complejo va a ser exterior. Habrá cuatro invernaderos y una especie de casas de cristal que replicarán los mercados de San Miguel y San Antón en el norte de la ciudad.

Una torre sostenible

El objetivo de OHL, la constructora de Caleido, es que cuando el rascacielos esté terminado le otorguen el distintivo LEED (Líder en Eficiencia Energética y Diseño Sostenible). Este es un reconocimiento para los edificios que cumplen con los criterios de eficiencia y sostenibilidad medioambiental que pauta el consejo estadounidense de la construcción verde (US Green Building Council) y, según los arquitectos, “es el más prestigioso a nivel internacional”.

Cuatro Torres de Madrid
Estado de las obras, en el punto más alto de Caleido, el pasado jueves.

Para lograrlo cuentan con la piel negra del edificio, que evitará el uso de persianas. Esta tendrá dos capas de vidrio separadas por 25 centímetros que crearán una cámara de aire que, cuando se caliente por el sol, se aspirará y se rellenará con aire climatizado del interior; lo que hace, según Valle, que “el edificio necesite muy poca climatización para funcionar”. Y por tanto, menos energía.“Es más caro enfriar que calentar”, apunta Serrano-Suñer.

Además, la directora de proyectos de Fenwick Iribarren Arquitectos resalta que LEED valora que la torre cuente con sistemas de control del caudal del agua y que se construya con material reciclado. “Al haber aprovechado una cimentación existente del anterior palacio de congresos, el hormigón que se ha demolido se ha reutilizado como relleno del futuro parque. También estamos usando materiales producidos en zonas cercanas en España, así evitamos que vengan de China y disminuimos su huella ecológica”, cuenta Valle. En total, Caleido estará hecha con casi 80.000 metros cúbicos de hormigón, que podrían rellenar 32 piscinas olímpicas, y con cerca de diez millones de kilos de acero, el mismo peso de 785 autobuses de la EMT.

Según la consultora Cenergética, una edificación LEED ahorra entre un 30% y un 50% de energía respecto a los edificios que no la tienen. Además de haber protegido el medioambiente del impacto de la construcción, los edificios certificados deben contar con la máxima iluminación natural y con mecanismos para regular los niveles acústicos y térmicos. En 2017 había en España 228 edificios certificados por el US Green Building Council y la mayoría, 116, estaban en el área metropolitana de Madrid.

“El concepto de sostenibilidad va unido al de rascacielos”, cuenta Serrano-Suñer. Para este arquitecto, los edificios en altura son menos invasivos con el entorno y por tanto, su impacto sobre el espacio no urbanizado es menor. La forma de Caleido y su orientación han tenido en cuenta la evolución del sol, y todo para hacer el edificio lo más eficiente posible: “Hemos evitado que la mayor parte de la fachada estuviera inclinada hacia el oeste”.

Además, los ideólogos de la torre cuentan con que la movilidad de los estudiantes, y del resto de trabajadores, hasta el campus sea también respetuosa con el medioambiente. “Habrá un aparcamiento para bicicletas y todas las facilidades para el transporte sostenible; es otro de los puntos que exige LEED para obtener la certificación”, comenta Valle.

Un grupo operarios remata la escalera que llevará al futuro piso 16. Y, enseguida, uno de ellos coloca una banda roja que impide el paso. “Hasta que no esté levantada la planta no se podrá subir”, advierte. Un empleado de la cercana Torre de Cristal se asoma para contemplar las obras. En un año y medio, las cuatro torres serán cinco.

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