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“Dirigir no es tener un ego más grande”

Elena Martín se dio a conocer en el cine con su ópera prima, ‘Júlia Ist’

La directora de cine Elena Martín, en los jardines del antiguo hospital de Sant Pau en el Raval.
La directora de cine Elena Martín, en los jardines del antiguo hospital de Sant Pau en el Raval.

Se ha pasado los últimos meses promocionando la que fue su ópera prima como directora, Júlia ist, en Estados Unidos. Por el medio, también ha rodado un corto y los capítulos de la tele movie La dona del segle —para TV3 y RTVE— y este verano se ha clausurado para dar forma a la que será su segunda película como directora. “Reconozco que no era consciente de la vida que tiene una película, no me podía imaginar tanto ajetreo”, explica Elena Martín (Barcelona, 1992), que tanto se pone delante de la cámara,como hizo en 2014 con Las amigas de Àgata —un largometraje dirigido por Laia Alabart, Alba Cros, Laura Rius y Marta Verheyen— , o a los dos lados, porque en Júlia Ist simultaneaba el papel de actriz como la estudiante de Erasmus en Berlín y la dirección de todo el equipo. Con Júlia ist, que fue el proyecto de fin de carrera Comunicación Audiovisual de la Pompeu Fabra, le llegó la popularidad y los primeros reconocimientos, como la Biznaga de Plata a la mejor película en el festival de Málaga de 2017.

Una década después

Nombre y edad: Elena Martín, 26 años.

Si no fuera lo que es, le hubiera gustado ser... Una parte de mi piensa que me hubiera podido dedicar a la política

Se va de vacaciones: A la Escala.

Dentro de 10 años trabajará en.... En el cine haciendo lo que hago pero con más conocimiento y recursos. Espero haber hecho la segunda película —se ríe— y estar con la tercera.

Confiesa que el enamoramiento del cine fue progresivo: “En casa veíamos mucho cine. Íbamos a Video Instan los viernes y alquilábamos tres películas para el fin de semana”. Y antes, de niña, entrevistaba a sus primos y los grababa con una cámara Sin embargo, a la interpretación llegó a través del teatro con un objetivo doble: vencer su timidez y propiciar cierto espíritu competitivo. “Mis padres me apuntaron a cursos de interpretación a los 13 años a la escuela Eòlia que estaba al lado de casa”, explica para admitir que le interesó enseguida porque, en el fondo, “era bastante showoman aunque me daba miedo el público”. El problema —o no— era que le gustaba la interpretación pero también la arquitectura, la medicina, la política....”Me gustaba estudiar y creo que hubiera podido hacer cualquier carrera”, opina. Los idiomas ya los llevaba de carrerilla y dominaba el alemán, el inglés y francés: “Se ve que empecé a hablar cuando tenía un año y mis padres pensaron que tendría facilidad para los idiomas y me apuntaron en la escuela Suiza de Barcelona”.

Inquieta, en segundo de carrera ya empezó a hacer videoclips y publicidad y con otros compañeros de curso montaron una pequeña productora. “Creo que enseguida tuve claro que mi energía se iba a encaminar a la dirección aunque me haya puesto al otro lado de la cámara, algo que para mí es casi terapéutico”. Júlia ist fue pensada y realizada con los que habían sido sus compañeros de carrera. “El cine es un trabajo de equipo. En la universidad se sigue venerando la figura del director/genio. Parece que no diriges realmente bien si no has gritado a un par de personas. Creo que esa idea está cambiando. Desde luego yo quiero seguir trabajando con como lo he hecho hasta ahora. Hay muchas formas de liderazgo y la dirección tampoco es tener un ego más grande que el resto del equipo”, cuenta. Aunque reconoce que en su etapa de estudiante sí que sucumbió a dejar clara su autoridad —”al estilo masculino”, matiza— para imponerse en la dirección de cortos.

Esta joven directora forma parte del exiguo 9% de la cuota del cine catalán hecho por mujeres en 2017 y está convencida de que el desequilibrio entre géneros en la industria del cine —y en la vida, en general— solo se podrá vencer cuando las cosas cambien desde abajo: “El factor decisivo es la educación”. Hasta ahora ha sido dirigida en cine por mujeres —Meritxell Colell, las cuatro directoras de Las Amigas de Àgata, Irene Morai y ella misma— pero apunta que es algo que ha ocurrido no por razón de género sino más bien por un momento social y una generación determinada: “lo que ocurre es que se está feminizando la sociedad en general”. Se siente muy cercana a otras directoras como Carla Simón o Mar Coll y también a Carlos Marques Marcet. Hasta que la desigualdad entre géneros no se supere desde abajo, Martín es favorable a las cuotas para garantizar más visibilidad al cine femenino.

A esta joven directora le interesan mucho los conflictos emocionales, el comportamiento humano y por eso cree que su futuro como directora de cine irá por ahí: “la verdad es que no me veo haciendo una película de acción”. Y acostumbrada, hasta ahora, a proyectos con presupuestos ajustados —Júlia ist no pasó de los 50.000 euros en el proceso total— tampoco se ve con una película con recursos importantes: “entiendo que se puede perder autenticidad porque si interviene mucha gente no están tan implicados”. Afirma que le gustan los procesos y proyectos no profesionalizados: "estoy a favor de que la gente esté en una zona de inseguridad y de descubrimiento. Por lo menos, por ahora, no me interesan súper especialistas, prefiero seguir con mi equipo y la experimentación". Unas nuevas formas de hacer cine y de producirlo  que sitúan películas como la ópera prima de Martín o Estiu 1993, de Clara Simón, como propuestas que están a medio camino entre el cine de autor y el comercial: "puede ser interesante que se de con una fórmula que hagan de vínculo entre un cine y otro".

Martín tampoco ciñe su futuro exclusivamente en el cine y tiene la intención de seguir adelante con otros proyectos  como los que realiza en el colectivo artístico VVAA -acrónimo de varios artistas, varios amigos- que alterna videoclips, performances y obras de teatro contemporáneo.