Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Lazos amarillos, camisas pardas

Lo sucedido con el homenaje a Cervantes puso de manifiesto la cobardía de las autoridades académicas

Imagen del boicot al acto de SCC sobre Cervantes en la Universitat de Barcelona.
Imagen del boicot al acto de SCC sobre Cervantes en la Universitat de Barcelona.ALBERT GARCIA

Quienes piensan que el procés se ha acabado, que terminó con las pasadas elecciones del 21 de diciembre, o con la elección de Torra como presidente, o con el levantamiento del artículo 155, creo que se equivocan de medio a medio. El procés sigue: muy vivo, muy complejo, cada vez más violento.

Algún día acabará, seguramente cuando las urnas den un respaldo amplio a las opciones políticas partidarias de la Constitución, de la autonomía catalana y de seguir permaneciendo en España y en la UE. Pero no veo cercano este día, el mal sembrado desde hace tanto tiempo florece con fuerza primaveral, campa a sus anchas por las calles, impone su voluntad por la fuerza, con la violencia moral de los lazos amarillos, con violencia física de los CDR, con la manipulación de las conciencias que ejercen ciertos medios de comunicación, oficiales o comprados. El Gobierno de la Generalitat controla a la policía para que se desarrollen actividades ilegales, destituye a los mossos profesionales y nombra a sus afines ideológicos para que los violentos actúen impunemente.

También para que actúen en la Universidad, en todas, últimamente en la de Barcelona con ocasión de un homenaje a Cervantes organizado por Sociedad Civil Catalana (SCC) que no pudo celebrarse porque lo impidieron estas bandas incontroladas. El asunto me ha recordado un homenaje a Picasso en la Facultad de Derecho de Barcelona, en la segunda mitad de los años 60, no recuerdo exactamente el motivo, pero en todo caso era un año en se le estaban rindiendo tributos de admiración en todo el mundo. En España ello no era posible porque, se decía, era miembro del partido comunista. Pero el acto se celebró, con una asistencia masiva, con un alto significado político y con la tolerancia de las autoridades académicas de aquella facultad, siempre cómplices de las actividades antifranquistas que organizaban profesores y estudiantes.

En el semanario Destino se publicó una breve nota dejando constancia del acto y, al final, se añadía que, si bien se trataba de un homenaje modesto, en aquellas circunstancias, ante el silencio de las autoridades españolas, podía considerarse como el símbolo de un homenaje nacional al gran maestro. En aquellos tiempos, como se sabe, el arte era un arma cargada de futuro. Néstor Luján, con su agudeza habitual, dijo por esta época que “se politizaba todo… hasta las burbujas del agua de Vichy”.

Precisamente, la nota sobre el homenaje a Picasso ocasionó la primera multa administrativa a Luján, director de Destino. Después vinieron muchas más, incluso fue objeto de una condena penal e inhabilitado como director. El semanario fue clausurado durante dos meses. José Vergés, el dueño de Destino, pagó las multas sin rechistar, Néstor aguantó impávido los costes personales que le causaba todo el asunto. Eran gente digna, liberales admirables, comprometían su dinero y su profesión.

La multa sobre la nota del homenaje a Picasso fue, naturalmente, recurrida en las instancias pertinentes y, también naturalmente, la sentencia confirmó las pretensiones del Ministerio que entonces dirigía Fraga Iribarne. La sentencia argumentaba que si bien en la nota nada se decía que contradijera los Principios del Movimiento, límite que señalaba la ley de prensa, su intención era menoscabarlos y despreciarlos. Se condenaba por intenciones. Pero tenía razón el juez. Lo puedo asegurar porque entonces trabajaba en Destino y redacté aquella nota con toda la mala intención posible. Su objetivo, como el del homenaje, era desprestigiar al Régimen haciendo ver lo absurdo que era que el Gobierno de Franco no se sumase a los festejos mundiales de alguien que había nacido en Málaga y seguía siendo español. Se lo merecía Picasso, sin duda, pero el acto se inscribía claramente en el proceso de lucha contra el franquismo.

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Lo sucedido con el homenaje a Cervantes me recordó el de Picasso por una diferencia notable: entonces las autoridades académicas fueron valientes y respaldaron dicho homenaje, ahora son cobardes, se excusan en el peregrino motivo de que la policía no puede entrar en la universidad para dejar el campo libre a los bárbaros. En los años 30 eran las “camisas pardas”, grupos de choque al mando de Röhm, un nazi siniestro, asesinado más tarde por orden de Hitler en 1934 tras la “noche de los cuchillos largos”. Ahora son los CDR con lazos amarillos protegidos, si no instigados, desde el poder de la Generalitat. Entonces querían infundir miedo, ahora también. El procés sigue.

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