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El activismo político de Tàpies, a través de su obra

El proceso de Burgos o la muerte al garrote vil de Puig Antich, motivos de algunas piezas

Dos de las piezas de la exposición: Armario, 1973 (en segundo término) y Gran A, 1977.
Dos de las piezas de la exposición: Armario, 1973 (en segundo término) y Gran A, 1977.

La Fundación Tàpies inaugura hoy su gran exposición del año, Antoni Tàpies. Biografía Política, que recorre a través de unas setenta obras suyas de primera fila, realizadas entre 1946 y 1977, las diversas facetas de su activismo político y las paradojas que experimentó como artista moderno bajo el régimen dictatorial. “En aquellos años un simple trazo en un papel ya era un compromiso y la abstracción, un signo de militancia”, afirmaba Tàpies en los años oscuros del franquismo, cuando para un artista expresar sus ideas políticas podía convertirse en una verdadera pesadilla.

La muestra, que se mantendrá abierta hasta febrero de 2019, reúne por primera vez desde que se presentaron en 1964 las pinturas que el creador realizó para la prestigiosa manifestación artística Documenta 3.

Tàpies, cuyo éxito y rápida internacionalización convierten a su pesar en un icono de la modernidad y de la lucha contra un régimen que reprime sistemáticamente cualquier voz libre, manifestó su actitud política y su catalanidad de forma diversa en obras que no quieren adoctrinar, sino interpelar el espectador. Es la misma estrategia de la exposición Tàpies, biografía política. “Él siempre reivindicó la autonomía del arte y la independencia de su lenguaje, así que plantear un recorrido más didascálico habría sido una traición”, argumenta el director de la propia fundación, Carles Guerra, a la vez comisario de la muestra, recordando que, a menudo, el artista citaba las palabras de Alfonso Carlos Comín, padre del hoy ex conseller cesado por el 155: “Cuando el arte se pone al servicio de la política deja de ser arte”.

La muestra reúne una setenta obras mayores, realizadas entre la posguerra y la Transición. Se trata de conjuntos que demuestran el compromiso del artista en momentos históricos decisivos, que han quedado grabados en la memoria colectiva como la ejecución por garrote vil del joven anarquista Salvador Puig Antich, el proceso de Burgos contra un grupo de militantes antifranquistas o la sesión constituyente de la Assamblea de Catalunya en 1971, que celebró con la pintura habitualmente colgada en el Parlamento. “Son obras que plasman la respuesta de Tàpies a la situación política que estaba viviendo y que nada comparten con los tradicionales cuadros de Historia, que relatan los hechos en imágenes”, indicó Guerra. Es el caso de Composición con números, que recuerda la huida de prisión de 29 anarquistas y el asesinato de Oriol Solé Sugranyes a manos de la Guardia Civil, cuando intentaba cruzar la frontera francesa. “Fue emocionante cuando la madre de Solé Sugranyes, al mirar el listado de números, dijo: este cuadro habla de mi hijo”, recordó el comisario.

La muestra arranca con las primeras páginas manuscritas de su memoria personal. Las redactó en 1966, tras participar en la Caputxinada, reunión clandestina donde se debatió la creación del primer sindicado universitario democrático desde la Guerra Civil. “Tàpies surge de la Barcelona miserable de la posguerra, destruida por las bombas fascistas”, indicó Guerra, que para enfocar la situación ha elegido un documental francés de 1938 titulado La mutilación de Barcelona.

Por primera vez desde 1964 se pueden admirar juntas las tres grandes pinturas matéricas que realizó para la Documenta 3 de Kassel (Alemania). La gris pertenece al Artium de Vitoria; la negra, a la Fundación Beyeler de Basilea (Suiza), que la presta por primera vez, y la tercera, Ocre, para Documenta, se rescató de las reservas del Museo Louisiana de Humlebaek (Dinamarca) y para exhibirla ha sido necesario reconstruir la zona central con la misma masa de arena, polvo de mármol, pigmento y adhesivo que utilizó Tàpies. “Reunir esta tres obras, símbolo de un momento de opulencia formal, significa restituir los mejores momentos de la trayectoria de Tàpies”, asegura Guerra.

El recorrido expositivo no es lineal ni cronológico, sino que se articula en secuencias formales y conceptuales, como las fantasmagóricas obras figurativas de finales de los 50, la época de París resumida en la sábana con la senyera y las firmas de todos los intelectuales, el rechazo de los cánones clásicos cristalizado en los pies deformes y tumefactos y los homenajes a los caídos, como la pintura por Federico García Lorca que la censura franquista confiscó en 1952 para que no pudiera competir en el Premio Carnegie, que de todos modos se le concedió seis años más tarde. La relación con Joan Brossa se plasma en la icónica Puerta metálica con violín, realizada en 1956 para un escaparate de Paseo de Gràcia, y el libro U no es ningú, que reúne poemas y dibujos de los dos.

La propuesta se completa con T de Teresa, que reúne las series dedicadas a su esposa. Pese al carácter íntimo, afectivo e incluso erótico, la conciencia política del artista se manifiesta también en estas obras.