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Torra se dispone a reabrir embajadas y busca cómo recuperar el Diplocat

El Ayuntamiento de Barcelona, expatrono de la entidad, se muestra favorable a reabrir el consejo de diplomacia

quim torra
El president Quim Torra (I) saluda a Ernest Maragall, consejero de Acción Exterior

Uno de los sectores más afectados por la intervención del autogobierno en Cataluña fue la acción exterior. De ahí que el president Quim Torra recalque en sus intervenciones la necesidad de recuperar la presencia de la Generalitat a nivel internacional. Pero no se trata de una empresa fácil, pese a las competencias en ese campo. Las llamadas embajadas catalanas, nueve en total, pueden tener un encaje más fácil, pero la pieza más complicada de la restitución será la restitución del Consejo de la Diplomacia Pública de Cataluña (Diplocat), por su rol durante el proceso independentista.

La cantera de Sant Cugat en el nuevo Govern

El efecto mariposa de la conformación del nuevo Govern se ha cebado con Sant Cugat del Vallès. Su alcaldesa y presidenta de la Diputación de Barcelona, Mercè Conesa, dirigirá el Puerto de Barcelona por lo que dejará ambos cargos. El que sería su relevo natural, Damià Calvet, es el nuevo consejero del departamento de Territorio. El pasado viernes, Calvet renunció a su acta de edil y Conesa también lo tendrá que hacer pronto. La alcaldía recaería en Carmela Fortuny, actual concejal de presidencia y exdirectora del Instituto Catalán de Asistencia y Servicios Sociales bajo el mandato de la exconsejera Neus Munté, explican fuentes neoconvergentes. Conesa y Calvet comenzaron su carrera en Sant Cugat bajo el mandato de Lluís Recoder. Otra figura que salió de esa escuela es Jordi Puigneró, ahora consejero de Política digital y Administraciones públicas. Puigneró, por cierto, se lleva a la jefa de prensa de su municipio al departamento: Vanesa Hernández. La llegada de Conesa al Puerto implica también cambios en la Diputación. Marc Castells, el alcalde neoconvergente de Igualada (Anoia), será su reemplazo.

El nuevo consejero del área, el republicano Ernest Maragall, defiende que la acción exterior de la Generalitat mejoraría en “eficacia, representación y resultado”. Sus metas pasan por recuperar las delegaciones del Gobierno en el exterior y convocar al patronato del Diplocat para “poner el estado actual sobre la mesa y tomar decisiones”. Dentro de ese patronato están, entre otros, el Ayuntamiento de Barcelona, las cuatro diputaciones y algunos centros de educación superior.

Aunque el nuevo consejero negó en una entrevista en Rac1 que el departamento esté “desmantelado”, sí aceptó que “hay efectos evidentes de la aplicación del artículo 155”. El primer escollo a vencer es la desconfianza. Durante la intervención de la Generalitat, el Ejecutivo de Mariano Rajoy fue cuidadoso de no hacer ningún gesto en Cataluña que fuera leído como una “toma de posesión” del poder. En el caso de las delegaciones en el exterior del Govern y con el Diplocat sí fue inflexible.

El Gobierno central siempre ha sido muy receloso de la presencia internacional de las comunidades autónomas, pese a que tienen competencia en ese ámbito. El País Vasco, Galicia y Canarias, entre otras, tienen sus oficinas aunque mucho más modestas y de carácter eminentemente comercial. El Estatut establece que la Generalitat “debe impulsar la proyección de Cataluña en el exterior y promover sus intereses”, eso sí, “respetando la competencia del Estado en relaciones exteriores”.

Las dudas sobre este punto fueron las que impulsaron el cierre de los órganos que el Gobierno consideró de corte más político, si bien desde la Generalitat le otorgan un papel más transversal. “Una cosa son las competencias de promoción que tienen las comunidades autónomas y otra es construir toda una Administración en el exterior, como si fueran un Estado”, criticó la ahora vicepresidenta en funciones Soraya Sáenz de Santamaría cuando junto con el ministro de Exteriores Alfonso Dastis.

El cierre de las delegaciones de Londres, París, Berlín Washington, Viena y Lisboa y Copenhague (que abrió en agosto de 2017) implicó el despido de 33 trabajadores. Sólo se mantuvo la de Bruselas. El pasado 13 de abril, tras seis años de trabajos, se liquidó al Diplocat. Casi una veintena de personas perdieron su trabajo.

De momento es una incógnita la postura que asumirá el nuevo ministro de Exteriores Josep Borrell respecto a la acción exterior catalana. El plan de Gobierno suscrito entre Junts per Catalunya y Esquerra dice que uno de los objetivos es “establecer y reforzar la red de delegaciones del Govern en el exterior”. Maragall se encuentra ante la decisión de cambiar el plan trazado por su antecesor, Raül Romeva, cuando los Presupuestos del Govern separaron una partida de 35 millones de euros, con el ánimo de alcanzar las 17 “embajadas”. De hecho, algunas como la de Ciudad del Vaticano fueron anunciadas pero no fructificaron. La Generalitat también cuenta con 40 oficinas de promoción económica y las sedes del Instituto Ramon Llull, dedicadas a la promoción cultural.

Resucitar al Diplocat es una labor más complicada, sobre todo porque se encuentra bajo la lupa de la Guardia Civil por su supuesta participación en la celebración del referéndum ilegal del 1-O. El Ayuntamiento de Barcelona y la Asociación Catalana de Municipios presentaron un recurso contencioso administrativo contra la disolución del patronato del consejo de diplomacia, que aún no ha sido resuelto. El primer teniente de alcalde de Barcelona, Gerardo Pisarello, aseguró ayer que “es razonable que se apueste por recuperar” el Diplocat, si bien pide a Maragall que también apueste por potenciar la cooperación internacional.

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