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El Ayuntamiento se plantea retrasar por tercera vez la APR de Centro

Carmena anunció la ampliación de las restricciones al tráfico para luchar contra la contaminación

Carteles que indican la entrada al Área de Prioridad Residencial (APR) en Madrid.
Carteles que indican la entrada al Área de Prioridad Residencial (APR) en Madrid.

El Ayuntamiento de Madrid se prepara para aplazar, una vez más, el estreno de la gran Área de Prioridad Residencial (APR) de Centro. El gobierno de Manuela Carmena anunció este proyecto para luchar contra la contaminación (en las APR solo pueden circular los coches de los vecinos y los de servicios), tras recoger una propuesta del PSOE. Planteó su puesta en marcha en 2017, luego la pospuso al primer trimestre de 2018 y, finalmente, a junio de este año. Ahora, fuentes municipales revelan que tampoco se cumplirá ese plazo, y que queda por ver si la APR de Centro entrará en vigor en 2018. El gobierno guarda silencio y rechaza dar explicaciones oficiales sobre su calendario.

La medida fue anunciada como esencial para reducir los niveles de dióxido de nitrógeno (NO2) generados por los coches y hacer que Madrid cumpla con las exigencias europeas. Respecto a las causas del último aplazamiento en su aplicación, fuentes municipales apuntan a retrasos en la organización de los dispositivos de control sobre los coches que quieran acceder a la zona.

Existen “dudas y temores” con respecto a los tiempos de la gran APR, admiten fuentes conocedoras del proyecto. Por un lado, debido a la lluvia de multas que podrían producirse en vísperas electorales, y por otro a causa de los efectos en el tráfico. La cercanía de las elecciones de 2019 obliga a la coalición que gobierna el Ayuntamiento a ser extremadamente cautelosa. Y, en ese sentido, los antecedentes preocupan. La inclusión de la zona de Ópera en las APR de Cortes, Las Letras y Embajadores en 2015 acabó en un caos administrativo y en la expedición de miles de multas. El temor de los responsables de Ahora Madrid es que, de producirse un escenario parecido en campaña electoral, el proyecto acabe convirtiéndose en una tormenta perfecta para la coalición. El actual concejal de Urbanismo, José Manuel Calvo (Podemos), dijo hace tiempo que el problema de la APR de Ópera era que la anterior alcaldesa, Ana Botella, del PP, la había diseñado mal.

Repetir errores

Los esfuerzos municipales se dirigen ahora a no repetir errores anteriores. Para poner en marcha una operación de esta envergadura es necesario una amplia campaña de información pública. Pero el silencio en el Consistorio es ensordecedor. El Área de Medio Ambiente, dirigida por Inés Sabanés, ha evitado contestar a las preguntas de EL PAÍS sobre la APR de Centro y ha rechazado revelar los plazos para la puesta en marcha de las restricciones al tráfico.

“Falta un plan de acción claro, y quedan por cerrar asuntos esenciales, como la colocación de las cámaras de vigilancia y el sistema integrado de control”, sostienen fuentes municipales. Afirman que no se sabe cuándo y cómo se colocarán las cámaras en los puntos de acceso. El gobierno municipal no da detalles, de manera que tampoco se sabe si ha presupuestado una partida para comprar esos instrumentos de grabación (el Consistorio tiene las cuentas prorrogadas y algunas operaciones resultan más lentas de lo previsto).

El tráfico es otra incógnita. El proyecto de APR plantea ampliar las zonas de tráfico limitado a un área que va desde la calle de Princesa y los bulevares hasta las rondas de Atocha, Valencia y Toledo y la calle de Bailén, e incluye la Gran Vía. Se trata de convertir las medidas extraordinarias de cierre al tráfico de la época navideña en permanentes. De ellas quedarían excluidos el transporte público, los taxis, las motos, los vehículos VTC y los de carga y descarga, entre otros. Pero en el ejecutivo existe el temor de que en zonas como los bulevares, donde se han reducido los carriles para introducir una vía ciclista, se produzcan tapones circulatorios, y que eso le pase factura en la campaña electoral.

Incertidumbre en el PSOE

En los pasillos del Ayuntamiento, fuentes municipales no oficiales aseguran que el plan “va avanzando”. Mencionan la sustitución de los aparcamientos azules del SER por verdes —por ejemplo, en Malasaña y Chueca—, lo que es una de las fases previas a la instauración de la APR. Pero nadie sabe concretar cuándo el Consistorio creará el “sistema de información y reserva de plazas vacantes”, a través de un nuevo software, para que los no residentes accedan libremente a los parkings, y cuándo construirá los puntos de aparcamiento de bicicletas previstos en el Plan de Calidad del Aire.

El PSOE, autor de la propuesta, también manifiesta su incertidumbre. Los socialistas habían exigido que la APR, pensada como medida “estructural” para luchar contra la contaminación, entrara en vigor el pasado mes de enero. Su objetivo era evitar problemas en las semanas previstas a las elecciones. En la formación liderada por Purificación Causapié no esconden su preocupación por los retrasos.

El Plan de Calidad del Aire, el documento más concreto hasta ahora sobre la política municipal para luchar contra la contaminación, detalla cuáles son los otros pasos previos a la creación de la APR. Según ese texto, es necesario aprobar la nueva ordenanza de movilidad, ahora en fase de debate en el portal participativo Madrid Decide, y que deberá pasar por el pleno. El gobierno también deberá firmar un “decreto de regulación del Área Central que establezca los criterios de acceso y funcionamiento” en la zona, y elaborar un contrato integral de movilidad, para la gestión de accesos y estacionamiento. Sobre todos estos puntos, el Consistorio guarda silencio y evita dar detalles sobre un calendario que puede prolongarse hasta 2019.

Acceso restringido desde Princesa hasta Embajadores

Para la nueva gran APR de Centro, el Ayuntamiento apuesta por una delimitación de perímetro continuo y de acceso restringido, con el objetivo de “eliminar el tráfico de paso y minimizar el de agitación”, reza el Plan de Calidad del Aire. La nueva área de cero emisiones tendrá un límite definido por las calles: Alberto Aguilera, Carranza, Sagasta, Génova, paseo de Recoletos, paseo del Prado, Ronda de Atocha, Ronda de Valencia, Ronda de Toledo, Gran Vía de San Francisco, Bailén, plaza de España, Princesa y Serrano Jover. En el centro es donde se detectan los niveles más altos de contaminación. Con la APR, el Consistorio espera “regenerar” los barrios del corazón de Madrid mediante la implantación de “un nuevo modelo
de movilidad que priorice al peatón, a la bicicleta, al transporte público”. Aunque todavía no está claro cuándo piensa poner en marcha la nueva APR, el plan municipal contempla que “las medidas aplicadas para esta área podrían extenderse progresivamente en el futuro a otras zonas de la ciudad”.

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